viernes, 5 de julio de 2013

Evo Morales y la dialéctica de Estados


Lo sucedido con Evo Morales, presidente de Bolivia, hace un par de días, cuando su avión presidencial fue retenido en Viena, Austria, para comprobar si en él iba o no Edward Snowden, ex-agente de la CIA que ha revelado el espionaje digital de la agencia de inteligencia estadounidense a través de Internet, de redes sociales y motores de búsqueda, parejo al espionaje en reuniones de organismos transnacionales europeos en los últimos días también, me hacen sugerir las siguientes reflexiones:



1) Edward Snowden, quizás movido por el democratismo reinante que, unido al populismo del cual va de la mano, ha creído que "el pueblo merece saber la verdad" porque "la verdad está ahí fuera" (Expediente X), ha querido hacerse el héroe y revelar al mundo la "verdad" de los Arcana Imperi estadounidenses. Y eso, por mucha moralina que se aduzca desde el democratismo populista para ponerse de su parte y justificarle (frente al Imperio) le convierte en un traidor a su país. Un país que, causalmente, es el Imperio Realmente Existente todavía, y lo ha demostrado haciendo que sus socios europeos más sumisos (Austria, Francia, Alemania, Portugal, entre otros) hayan parado el avión presidencial de Evo Morales para comprobar si el traidor Snowden iba en él o no. Evo pasó por Rusia, donde está Snowden esperando destino en un aeropuerto moscovita. Todo lo que Estados Unidos quiere es detener a Snowden, llevarlo a su patria y juzgarle (siendo condenado, por supuesto). Y todo país que ampare a Snowden se coloca, formalmente, frente al Imperio. Todo Estado tiene secretos de Estado, y debe tenerlos, y vulnerar esos secretos conlleva traición a la patria. Y si la patria es un Imperio, el traidor solo podrá ampararse en otro Imperio de similares características para poder escapar, o suicidarse. No en vano, Julián Assange está "preso" en la embajada ecuatoriana en Londres, y es probable que acabe saliendo de allí, pero juzgado y condenado también.

2) La Unión Europea es una plataforma continental aparencial. Que naciones de la Unión Europea como Portugal, Austria o la muy gallita Francia (la grandeur de la France siempre fue una pose, pues Francia ha sido de las naciones más sumisas históricamente al imperialismo externo, lo fue a Alemania y lo es a Estados Unidos, eso sí, siempre contrarrestada por un agitprop y una diplomacia muy agresiva e inteligente) hayan hecho todo lo posible por retener al presidente de una nación soberana en un aeropuerto europeo demuestra, por si algún europeísta no se ha enterado todavía, que la Unión Europea no es nada políticamente hablando. La Unión Europea, como mercado común, nació amparada por los Estados Unidos de Norteamérica como bloque de contención al avance soviético-comunista hacia la Europa Occidental. Y mientras Estados Unidos sea el Imperio Realmente Existente, la Unión Europea será un bloque sumiso a los yankis en donde Alemania tendrá la hegemonía absoluta y el amparo y protección del Imperio. No en vano, la gran mayoría de estadounidenses, como ya señaló Merkel hace tiempo, son de origen alemán. La nematología europeísta solo sirve para tratar de justificar un paraíso social-liberal con muchos museos, buenas universidades y una calidad de vida más que aceptable (sobre todo en las naciones luteranas y calvinistas del Norte) que esconde la imposibilidad de unidad política efectiva. Ya Gustavo Bueno, el más grande filósofo español de la Historia, afirmó que era imposible la unidad de Europa, porque Europa se asemeja a una biocenosis, una comunidad de organismos vivos en perpetua lucha entre sí por la supervivencia mientras comparten un mismo mundo-entorno o espacio biológico de desarrollo. La unidad de Europa es imposible, por fortuna. Y eso Estados Unidos lo sabe perfectamente, como sabe que es imposible la unidad de los musulmanes o que Suramérica pueda aspirar a su unidad frente al Imperio en igualdad de condiciones hoy por hoy. Sabe que su dominio mundial depende de un divide y vencerás que tiene en las propias contradicciones internas de diversas ideologías que a su vez azuza y sufraga (indigenismo, populismo, europeísmo, islamismo), su mayor aliado. Y por eso las potencia.

3) Estados Unidos de Norteamérica, líder de la plataforma anglosajona, la dominante a nivel mundial, puede, como se ha comprobado, hacer que naciones sumisas a él paren el avión presidencial de una nación soberana, al igual que pudo tener a Francia de su lado para acabar con Gaddafi o puede poner en aprietos al régimen baasista sirio. Dispone de la tecnología política para ello, pues estamos hablando del Imperio más universalista de los que han existido hasta ahora. Solo Rusia puede poner en aprietos a Estados Unidos teniendo a Snowden en su suelo. El resto de naciones, incluida China, solo puede vociferar o agachar la cabeza. Este siglo XXI seguirá siendo el siglo de las barras y estrellas.

4) La plataforma iberoamericana, a pesar de su nematología unitaria, sigue siendo virtual, de papel. A su llegada a Bolivia, Evo escenificó su repulsa a lo sucedido y argumentó que su retención fue un ataque a toda la Patria Grande. Pero cuidado, porque esa necesaria lealtad y unión entre mandatarios populistas iberoamericanos tiene más grietas de las que parece. Es muy probable que la reacción de presidentes no vaya más allá del pataleo (debido a la presión que puedan ejercer mandatarios más cerca del liberalismo que Evo, como puede ocurrir en Perú, Chile, México o Colombia), o a lo sumo, como ya ha indicado Maduro, castigar al eslabón más débil de la cadena de naciones sumisas a Estados Unidos: España. Lo cierto, por mucha agitprop que hagan, es que fue España y el gobierno de Mariano Rajoy el único que permitió aterrizar y repostar al avión de Evo Morales antes de partir a Bolivia. Pero avivar la Leyenda Negra antiespañola da votos, moviliza a las masas con complejo de inferioridad en Iberoamérica y permite mostrar una fuerza que, sin ser falsa, es más apariencia que verdad, aunque la apariencia sea verdadera. Jamás Venezuela, Argentina o Bolivia nacionalizarán empresas francesas, británicas o alemanas. Ni tienen fuerza para ello ni pueden permitírselo. A lo sumo, podrán hacerle la vida imposible a empresas españolas o quitar estatuas de Cristobal Colón tratando de borrar la Historia, mientras personas con apellidos como Fernández o Gutiérrez reivindican el indigenismo, el Abya Yala y todas esas ideas reaccionarias que les curan en salud ante su impotencia internacional, que la tienen, ante Estados Unidos (el verdadero impulsor, desde sus universidades, del indigenismo y el democratismo desde mediados del siglo pasado) y ante naciones como el Reino Unido (¿alguien recuerda lo de las Malvinas en 1982?), Alemania, Francia, Holanda o Austria. España ha perdido relevancia e importancia internacionales, y eso se nota cuando sus hijos la atacan a ella más que a otras naciones que los perjudican mucho más que España. Pero el gran error de España, hoy por hoy, sigue siendo el europeísmo.

5) Es probable que todo esto se resuelva pillando a Snowden, renovando la vigilancia tecnológica a gobiernos y ciudadanos (que se hará) mientras esos mismos ciudadanos vigilados salen a las calles de ciudades europeas, suramericanas e incluso yankis a pedir "más democracia". Pero mientras piden "más democracia" con caretas de V de Vendetta fabricadas en oscuras cadenas de montaje tercermundistas los Estados siguen haciendo lo que tienen que hacer: todo lo posible para mantener su perseverancia en el ser, incluso si esa perseverancia en el ser depende de una hegemonía técnica, científica, tecnológica y política a nivel (casi) universal. Mientras lo que se oponga a esta hegemonía sea el democratismo populista e izquierdista (producto liberal donde los haya) los futuros Snowden que en el mundo hayan tendrán un similar destino, al igual que los futuros Evo.

6) El motor de la Historia es la dialéctica de Estados, a través de la cual se mueve la dialéctica de clases, que siempre tiene clave nacional-estatal. A un determinado nivel de desarrollo, esta dialéctica es dialéctica de Imperios (Estados con capacidad para influir políticamente sobre otros Estados o sociedades humanas y políticas hasta el punto de ponerlas a su servicio, bien sea en clave depredadora -colonialismo- bien sea en clave generadora -homogeneizando las sociedades a su servicio a nivel institucional hasta ponerlas a su nivel-), y a un nivel mayor incluso esta dialéctica pasa a ser dialéctica de Imperios Universales (con una influencia en prácticamente todos los continentes). Si no se tiene esto en cuenta, jamás se podrá hacer nada ni influir nada a nivel político-histórico en ninguna parte.