domingo, 12 de enero de 2014

Un caso de desunión entre trabajadores españoles: el despido de Chema, el camarero de Somosaguas


Vaya por delante, primero, una aclaración sobre el titulo de esta entrada: entiendo por clases de trabajadores españoles a los sujetos que forman parte de cada una de las clases de trabajadores que se conforman y funcionan recurrentemente en un modo de producción determinado en la dialéctica de cada una de las ramas de las relaciones de producción (la producción misma, la distribución, el intercambio, el cambio financiero y el consumo), siendo trabajadores por tanto en el Estado tanto los nacionales con DNI como los residentes legales e ilegales en tanto sus actividades se desarrollan en el marco de unas relaciones de producción que siempre son nacionales aún cuando tienen conexiones isoméricas con otros Estados de su entorno, y teniendo en común todos ellos que no tienen ningún tipo de propiedad legal, ilegal o alegal de medios de producción, distribución, intercambio, cambio y/o consumo alguno (aunque los empresarios "trabajen muchas horas", más incluso que muchos asalariados, la propiedad antedicha sobre medios conformadores de ramas de las relaciones de producción les sitúa, positiva y materialmente, dentro de otras clases sociales con intereses contradistintos a la de los meros asalariados). Así, tan trabajador español es un español nacido aquí o nacionalizado como un residente inmigrante legal e ilegal. Una vez dicho esto, quiero reflexionar sobre algo de lo que me he enterado hace unos pocos días y que puede servir, aún siendo un caso concreto, como ejemplo de muchas cosas que están pasando en España y en otras naciones políticas respecto a la acción política colectiva entendida desde una perspectiva de "unidad de la clase obrera", y que, para los pocos que conocían el caso del que voy a hablar, si no sabían esto, da un enfoque aún más patético y lamentable al mismo. Hablaré de Chema, camarero de la Facultad de Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, que fue despedido nada más acabar el curso 2012-2013, siendo el trabajador en plantilla más veterano, persona de un carisma notable al que todos en la Facultad, de cualquier ideología, querían y respetaban. La cosa es como sigue:


Como en muchas otras facultades, en la de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense el servicio de comidas y de bar de la Facultad lo lleva una Subcontrata (empresa que desempeña unas funciones que la institución contratante "externaliza", en este caso mi Facultad), la cual lleva ya varios años funcionando en Somosaguas, todo sea dicho, y lo siento por los que trabajan allí para ella, de una manera un poco chapucera, sobre todo en materia de comidas, pues la comida para alumnos en Somosaguas deja mucho que desear. Antes de estar en Somosaguas (cerca de Pozuelo de Alarcón), la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología tenía su sede en Ciudad Universitaria, cerca de Moncloa, en Madrid. Y desde ese traslado, hará unos veinte años, Chema trabajaba en la Cafetería. Al acabar el curso pasado, Chema fue despedido, según se dijo, porque hacía perder entre 60 y 70 euros diarios a la Subcontrata por "invitar a cafés" de forma masiva a los alumnos. Los cafés en la cafetería tuvieron unos precios que oscilaron entre los 70 y los 85 céntimos de euro en los años en que yo cursé la carrera de Ciencias Políticas allí y también en mis años de Doctorado, a punto de terminar. Chema denunció a la empresa por despido improcedente, estando todavía, creo, la cosa en trámites. Empresa que, dicho sea de paso y como ya es habitual en muchos sitios, pagaba a sus trabajadores las horas extra en dinero negro. Esta política de subcontratas (no solo para las cafeterías, también para otros servicios como la limpieza o las librerías), amparada por el Rectorado de la Complutense y seguida por todos y cada uno de los Decanatos de la misma, se ha desarrollado de manera pareja a la implantación, sin ninguna oposición real y firme más allá de unos cuantos manifiestos de abajofirmantes y algunas huelgas estudiantiles y encierros de Facultad, del Plan Bolonia en toda España, donde la subcontratación y externalización de servicios en la Universidad ha hecho entrar de lleno a las empresas privadas (y no niego la profesionalidad de muchos de sus asalariados y responsables) también en materia académica, sobre todo en lo que a postgrados se refiere. De ahí que los encierros de estudiantes defendiendo el derecho a que cualquier persona pueda estudiar una carrera o, tras graduarse, un postgrado pudiese hacerlo sin tener que pagar, en este último caso, más de 4000 euros por formarse, hayan ido de la mano de la defensa de la mejora de las misérrimas condiciones laborales de trabajadores de la limpieza o de cafetería.

Hubo una huelga el pasado curso de limpieza, bastante agresiva, pidiendo el pago de salarios atrasados y para evitar el despido de muchos compañeros. La Facultad de Políticas y Sociología se llenó de basura literalmente, y esta violencia organizada y racionalizada tuvo su éxito, porque la subcontrata de limpieza y el Decanato de la Facultad tuvieron que frenar su mal llamado "pragmatismo económico" adaptado a "los tiempos que corren", y ahí los estudiantes y los trabajadores de la limpieza mostraron unidad y ganaron, aún de manera temporal.

También hubo encierros por el despido de Chema en la Facultad. Pero a pesar de la solidaridad de los estudiantes frente al acto de despido de la empresa subcontratada y el lavado de manos de Decanato, no se consiguieron los mismos resultados. Pues bien, tras varios meses me entero esta semana que fueron los propios compañeros de Chema, los propios camareros y cocineros los que, temerosos de perder su puesto de trabajo, y en una muestra muy habitual en nuestros tiempos modernos de "lealtad" al patrón más que "lealtad a la empresa" (pues la verdadera lealtad a la empresa supone la lealtad a todos y cada uno de los trabajadores de la empresa salvo que un compañero sea un auténtico malandrín y no es el caso) los que, decía, firmaron una carta pidiendo su despido. Da además la casualidad de que Chema era el único fijo de la plantilla, el que tenía el mejor sueldo y, extraeconómicamente hablando, el que más carisma tenía y el que mejor se llevaba con los alumnos y personal docente. Nos encontramos aquí con un ejemplo de como los trabajadores más precarios tienen intereses distintos a trabajadores fijos con mejor posición que, no obstante, está bastante amenazada desde que comenzó la crisis económica, y esperaron a ver un "error" en Chema para poder organizarse y pedir su despido. Sin embargo, el despido de Chema, aún un puntito en un océano de despropósitos laborales en el presente, no deja de ser un ejemplo muy claro de lo que digo: ¿cómo pueden las clases de trabajadores de una nación elevarse a "clase nacional" frente a la oligarquía empresarial, como pedían Marx y Engels en el "Manifiesto Comunista", si los más precarios de esos trabajadores van a ir de la mano del oligarca antes que solidarizarse con sus compañeros asalariados, aún fijos? Ya pasó, de una manera mucho más maximalista y mortal para nuestros trabajadores con la huelga de controladores aéreos de hace unos años, golpe decisivo contra los derechos laborales alcanzados en España y que durante bastante tiempo seguirá teniendo consecuencias muy negativas en materia de contratación laboral y de mantenimiento del puesto de trabajo y de los derechos de los trabajadores. El despido de Chema, en donde los jerifaltes de una empresa hostelera subcontratada y su personal más lumpen, y yo diría que más incompetente, se unen frente al único fijo de la plantilla porque, supuestamente, hace "perder dinero" a la empresa por "invitar" a dos o tres cafés bastante malsanos, evidencia esta desunión más que trabajada desde los poderes económicos y políticos institucionalizados donde la gente prefiere salvar su culo por un salario de 300 euros antes que transitar el difícil camino de la lucha obrera, lleno de sinsabores aunque de gloriosos resultados si se alcanza la victoria bien, y que ahora desde diversos ámbitos se quiere hacer ver como algo "periclitado", como algo "trasnochado" y "antiguo". Que yo sepa, las ideas económicas liberales tienen su raíz en el siglo XVI, al menos en parte, con los arbitristas españoles, la Escuela de Salamanca y los mercantilistas británicos, mientras que las ideas económico-políticas obreristas se remontan a principios del siglo XIX. Pero claro, solo está trasnochado aquello que, de momento, está derrotado.

También, a otro nivel, el despido de Chema y la infausta carta de sus compañeros evidencian otras cosas, que ya existían incluso en tiempos de bonanza: resentimiento, mediocridad, complejo de inferioridad y envidia, mucha envidia, no ya por la posición laboral de Chema en ese momento, sino también por tener una forma de ser que ellos no quisieron en ningún momento "aprehender", sino destrozar. Pues el envidioso jamás buscará mejorar él, sino destrozar al sujeto envidiado, ya que el envidioso sabe que está mal, pero solo satisfará su rencor destruyendo en la medida de sus fuerzas a aquel que está mejor que él y está cercano a él.

Yo por mi parte, y aunque el gesto sea individual, no volveré jamás a pisar dicha cafetería de la Facultad de Somosaguas ni a comer allí. Y espero que la gente de esa Facultad o de otras pero que pisen sus suelos en algún momento y que lean este escrito, quieran hacer lo mismo que yo. No voy a dar ni un céntimo de mi misérrimo salario a personas misérrimas que tienen más arrestos para destrozar al más fuerte de sus "iguales" antes que enfrentarse al "diferente" que les ha "dado trabajo". Pues aquí está el quid de la cuestión de nuestro tiempo en este sentido: si los trabajadores asalariados ven al empresario que les contrata, independientemente de si es buena o mala persona, más como un benefactor que les permite vivir y existir, más como a un "emprendedor creador de riqueza" que como un agente económico cuya riqueza, poco a o mucha, es realmente generada por los que empieza a contratar con un cierto capital, entonces seguirán ocurriendo casos como el de Chema. Es decir, habrá más Chemas. Y ya sabemos cómo evitarlo. Aún leve, la victoria de los trabajadores de la limpieza en Somosaguas está más cerca de lo que debemos hacer que el acto de servilismo miserable que los trabajadores de la subcontrata de cafetería de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología realizaron sin que se les haya caído, al menos hasta donde yo se, la cara de vergüenza al suelo.