miércoles, 23 de abril de 2014

Cuando el democratismo juzga el arte


La politóloga liberal-conservadora española Edurne Uriarte se pregunta si la "progresía" admiraría a Gabriel García Márquez tanto si en vez de ser comunista y amigo de Fidel Castro lo hubiese sido de Franco. Yo no soy de la "progresía", pero no tengo reparos en decir, por ejemplo, que Salvador Dalí fue uno de los grandes genios de la pintura del siglo XX además de franquista confeso y admirador del fenecido caudillo. Al fin y al cabo, los artistas son buenos en lo suyo si son buenos, y en las demás cuestiones de la polis acertarán o no dependiendo de factores que trascienden los puramente técnico-artísticos o la imaginación que desarrollen respecto a ellos. 


¿Alguien puede dudar de la genialidad de Leni Riefenstahl como cineasta? ¿O de Alexander Solzhenytsin como escritor? En otro plano, ¿puede negarse la grandeza de Martin Heidegger o de Carl Schmitt como filósofos aún siendo ambos nacionalsocialistas? Y en un ámbito más democrático homologado, ¿puede negarse la calidad de Mario Vargas Llosa como escritor en base a su ideología liberal? ¿Puede negarse la calidad de Ted Nugent como guitarrista de rock a pesar de su radicalismo libertariano y republicano yanki? O la recíproca ¿hay que reprochar a Pablo Picasso, Charles Chaplin, Albert Einstein, Diego Rivera, Frida Kahlo, Pablo Neruda, Antonio Machado, Diego Armando Maradona, Paul Robeson, Paul Breitner, Máximo Gorki o Warren Beatty su militancia en mayor o menor grado con la causa socialista y comunista para denostar, en sus respectivos campos, sus grandes obras?

El criterio democratista de Edurne Uriarte es tan nocivo para calificar el arte, la estética o la filosofía como el de la "progresía", pues no deja títere con cabeza desde un presente que domina, al tiempo que lo confunde y ensombrece, haciendo lo mismo en dirección al pasado. Al final, estos fundamentalistas democráticos acabarían, si no le diesen un barniz democratista, con Platón y Aristóteles como pilares de Occidente solo porque criticaron la democracia y, en el caso del segundo, defendieron la esclavitud. Y sin ambos, "progresía" y "liberales", artistas y filósofos, neófitos e iniciados, estamos perdidos.