Sergio Osiroff - Navegantes, narcisos y miserables (Prólogo de Santiago Armesilla)

Sergio Osiroff - Navegantes, narcisos y miserables(Prólogo de Santiago Armesilla)Editorial Valdéz (Ushuaia)Año: 2025ISBN: B0F4Y46MKZPáginas: 120 “Navegantes, narcisos y miserables” es un compendio de sus artículos publicados en “El Provincial Noticias” (Bs. As.) y “Del Fuego Noticias” (Tierra del Fuego), a través de los cuales trata temas vinculados principalmente con la problemática del Atlántico Sur y la Antártida, la historia de exploradores españoles y británicos -desde un abordaje basado en el conocimiento de la zona y la indagación en relatos de viajes y cartografía-, como así también sobre la adhesión acrítica del mundo hispanoamericano al relato dominante y a la Leyenda Negra.
Sergio Osiroff es Capitán de Pesca y de Ultramar de la Marina Mercante, e Ingeniero Pesquero, a la vez que Capitán de Corbeta (retirado) de la Armada Argentina, especializado en hidrografía. Desde el año 2012 es capitán del buque de expedición antártica “Ushuaia”, de la empresa “Antarpply”. Vive en Ushuaia, ciudad en la que ejerce además la docencia en la Universidad Tecnológica Nacional, Facultad Regional Tierra del Fuego.
Prólogo de Santiago Armesilla.
Las emociones son comunes a todos los mortales humanos, y a algunos no humanos. No son contrarias a la razón. Todo científico que descubre y construye una verdad científica gracias a un experimento controlado en un laboratorio, incluyendo aquí a geógrafos, cartógrafos y navegantes que hayan una terra ignota, se emocionan al encontrarla. Sergio Osiroff es de la estela de estos últimos. Un grande que lleva muchos años navegando por las procelosas aguas del Mar de Hoces, aquella porción de océano entre el Atlántico Sur, el Glacial Antártico y el Pacífico que los anglos han denominado, imponiendo este nombre, como Pasaje de Drake. Sergio no separa la razón de la emoción porque nadie con sangre caliente en las venas puede hacerlo. Pero existen políticos, periodistas, economistas, divulgadores culturales, militares, filántropos, monarcas, etc., que quieren “separar” la emoción de la razón para manipular a las masas a la hora de que estas, pasivamente, obedezcan sus consignas para cumplir sus planes y programas. Sergio es enemigo vital de este tipo de comportamientos. Y su testimonio vital, sus escritos y su trabajo lo prueban.
Este compendio de escritos acreditan lo dicho en el párrafo anterior. No hay patriota argentino que no reclame las Malvinas, las Islas Sandwich del Sur y las Georgias del Sur. En esto hay, salvo en el caso de “gorilas” y “cipayos” (como dirían los peronistas), consenso. Ahora bien, como decía Stalin, “el consenso solo existe en los cementerios”. Y no es lo mismo reclamar la argentinidad de todos esos archipiélagos entre el Atlántico y el Océano Glacial Antártico desde premisas “morales” que desde premisas políticas. En el primer caso, la moral está manipulada desde un poder político y económico, el argentino, incapaz desde hace dos siglos de controlar soberanamente aquellas islas, y en el fondo subordinado durante Dos Siglos de Humillación (los que han transcurrido desde la balcanización del Imperio Español) a los mismos que mantiene la soberanía sobre esas islas, los anglos. El consenso malvinense es un bálsamo de fierabrás, el ungüento que según relata Cervantes en El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha sirvió para embalsamar el cuerpo de Jesucristo, que impide al pueblo argentino rebelarse, revolucionarse, contra sus clases dominantes cipayas y gorilas, incluso de signo justicialista. Solo en 1982 aquel consenso se rompió por una guerra, que estuvo a punto de ganarse. “La guerra es la partera de la Historia”, decía Engels. Argentina perdió ante Inglaterra, y esta celebró su victoria en Londres el 12 de octubre, fecha significativa. La Gran Burguesía anglosajona es más consciente de la conexión histórica de Malvinas con la lucha del capitalismo anglogermánico protestante contra la Hispanidad o Iberofonía que los trabajadores argentinos, cuya cuestión Malvinas es movida por la moral, y no por lo político. Pero Sergio es de esas voces que, siendo un coherente defensor de la argentinidad del Atlántico Sur y de la Antártida, trata de reconectar la razón con la emoción en dicha cuestión. Y como tribuno de la plebe que es, a su escala, nos recuerda esto: