miércoles, 31 de julio de 2013

¿Reconversión para qué?


Artículo publicado en Izquierda Hispánica el 8 de julio de 2012:




Izquierda Hispánica quiere mostrar su desacuerdo ante un manifiesto, promovido por el miembro del Partido Popular español, Alejo Vidal-Quadras, y seguido por el presidente de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (DENAES), el también popular Santiago Abascal, entre otros firmantes, llamado “Reconversión”. Nos oponemos porque Izquierda Hispánica es una asociación política cuyos pilares ideológicos son la unidad de la Hispanidad -el conjunto de sociedades políticas y ciudadanos que piensan, hablan y sienten en español y portugués-, el socialismo como modelo económico contrario al libre mercado liberal actual, y el materialismo filosófico de Gustavo Bueno, como herramienta tanto de análisis crítico del presente como de sólido punto de partida para proyectar planes y programas políticos y sociales universales.
El manifiesto por la “Reconversión” de España (“Por un renovado pacto constitucional para la reconversión del Estado“), propone la recuperación del consenso constitucional de la década de 1970, ortograma ideológico de la Transición española que llevó a España, de la ley a la ley, de la dictadura militar franquista a la democracia monárquica de Juan Carlos de Borbón. Se trata de una carta abierta dirigida al actual presidente del Gobierno, el también popular Mariano Rajoy, pidiéndole que tome las medidas políticas y económicas oportunas para la “mejora” del régimen actual tras más de 30 años de andadura histórica, centrándose en un gran “acuerdo nacional” entre el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español para fortalecer las instituciones políticas que inciden en la unidad nacional frente a sus progresiva disgregación. Si no se consiguiese ese pacto, “Reconversión” apuesta por el referéndum popular a la nación para votar estas propuestas.
Consideramos que la parte clave del manifiesto de “Reconversión” es la siguiente:
[...] ese gran acuerdo ha de referirse a las reformas de la estructura económica de nuestro país y del sistema educativo en todos sus niveles para restablecer la competitividad de la sociedad española en el contexto global, al funcionamiento y composición de los órganos constitucionales (Senado, Consejo General del Poder Judicial, Tribunal Constitucional), a la organización, competencias y financiación de los poderes públicos en sus tres niveles territoriales (Estado, Comunidades Autónomas, Corporaciones Locales), a la extensión y financiación de los servicios públicos, a los instrumentos de participación y representación política de los ciudadanos (partidos políticos, sistema electoral y control parlamentario) y a la posición de España en las instituciones comunitarias en relación al debate sobre el futuro de la unión política, fiscal y financiera, superando así en definitiva lo que ya se reconoce por una amplia mayoría de ciudadanos como el agotamiento de nuestro modelo constitucional”.
No dudamos de la buena fe de sus promotores y firmantes. Ahora bien, la “Reconversión” de España, ¿qué busca? A la vista de lo propuesto aquí, el fortalecimiento de España dentro de las instituciones internacionales y supraestatales en que está metida (Unión Europea, OTAN, G-20), así como “poner orden en casa” en las instituciones internas. Es decir: a nivel de dialéctica de Estados, que España fuese una potencia en la UE -siguiendo la senda aznarista que, sí, presionó al Eje Franco-Alemán durante la firma del Tratado de Niza junto a Polonia, pero que nos metió de cabeza en el euro, siendo ese un punto de inflexión que nos llevó a los problemas que actualmente tenemos, como la pérdida de soberanía nacional y la sumisión económica cada vez mayor al Cuarto Reich alemán-, quizás buscando alianzas frente a Alemania junto con Estados que también tienen problemas dentro de la UE, como puedan ser Grecia o Italia, o a un nivel más acorde con las pretensiones de “Reconversión”, Reino Unido, Holanda o la actual Francia. Todo esto, mientras se desarrolla conjugada con la dialéctica de Estados referida, con una dialéctica de clases interna en la que la crisis económica que sufrimos -recordemos, más de 5 millones de parados, más de 1 millón de españoles bajo el umbral de la pobreza relativa, más de 2 millones de niños españoles también en ese umbral, más de 500.000 familias con todos sus miembros en paro, con recortes más que acuciantes en sectores productivos como el de la minería del norte de España en Asturias y León-, se ve agudizada por el aumento del neofeudalismo secesionista en País Vasco y Cataluña, cuya agudización, sin negar sus elementos autóctonos, está aupado tanto por el PP como por el PSOE, desde Madrid, y con las leyes, incluida la Constitución de 1978, en la mano.
Así pues, la pregunta es evidente, ¿”Reconversión” para qué? Para salvar el barco, un barco a la deriva en cuya cubierta, hoy día, según algunos, solo se puede gritar esperando que las generaciones futuras “escuchen nuestros gritos” y los analicen, pues les avisamos. Pues, al carecer de “capitanes -ejércitos- que tomen el mando de la nave como a nosotros nos gustaría”, lo mejor es apostar, por lo que se ve, por el camino fácil, a saber: evitar el hundimiento de la nave tirando con los brazos hacia arriba de las cuerdas podridas, los mástiles carcomidos y las poleas oxidadas del material constitucional, y de la mano de los lunáticos tranquilos -prudentes se dirá- que todavía creen en esos materiales. Nadie de los partidarios de este camino, e independientemente de sus motivaciones ideológicas o personales, quieren apostar por un camino más difícil, más arduo, pero a la postre con frutos más fructíferos para la nación española: el cambio de materiales e, incluso, de tropa, incluída la tropa “reconversionista”.
Estamos ante un escrito flojo, sin ninguna clase de propuesta política efectiva para España, más allá de “pedir al poder que sea bueno” o “apelar al referéndum”. ¿Acaso no comete “Reconversión” los mismos errores democratistas que otras iniciativas políticas fracasadas recientes, que también apelaban a la buena conciencia de la clase política, y si esta no escuchaba, al “pueblo? Pensamos en el Movimiento 12M-15M o en DRY, por ejemplo. No erraremos mucho si decimos, aún a riesgo de recibir críticas al respecto, que “Reconversión” es una iniciativa que podría calificarse como la versión pepera y de cafe, copa y puro, de los Indignados. ¿Acaso parte de DENAES no fue a protestar frente a la embajada argentina con caretas de Cristina Fernández de Kirchner y bailes de tango, al más puro estilo performativo de los grupos izquierdistas universitarios españoles? ¿También la “Reconversión” apuesta por la filosofía de “mani-fiesta-acción”, propia de grupos de izquierdas indefinidas que leen Diagonal o ven “La Tuerka” en youtube? ¿Cuándo protestará DENAES frente a la embajada alemana ante las afrentas a nuestro tejido productivo que, durante treinta años, y más con la actual crisis, están postrando a España en la situación económica de servidumbre y cesión de soberanía nacional que, además, muchos ideólogos liberales del think tank Libertad Digital apoyan? Nos tememos que gente que apuesta por seguir navegando en una nave entretejida con materiales fantásticos, sin duda, y otros de deshecho, muchos de origen “europeo-alemán”, no puede más que “pedir al poder que sea bueno” o “apelar al pueblo” para que sigamos como estamos. O mejor dicho, como estábamos. O peor dicho, para que sigamos con la idea de estabilidad no conseguida del todo que Alejo Vidal Quadras tenía en mente cuando, en la candidez de su hogar, reflexionaba en soledad sobre las bondades de la Transición española. Transición, recordemos, promovida desde Estados Unidos, desde Alemania y, sí, por Franco y buena parte de sus procuradores en cortes.
¿Se trata de un texto prudente? ¿Acaso la prudencia se mide por las apelaciones al poder tratando de conservar la unidad de la nación? Esto es tan prudente, y tan imprudente, como los últimos discursos de Felipe González apelando también al consenso y al apoyo al Gobierno en tiempos de crisis. Stalin decía que el consenso solo era posible en los cementerios. Y “Reconversión”, o Felipe González, parece que únicamente puede conseguir sus objetivos si la sociedad política española está “muerta en vida”, si no rompe totalmente con la situación constitucional europeísta del presente, y dirige su futuro hacia territorios políticos o económicos más acordes con su historia y su pueblo: América. No es prudente en absoluto una iniciativa que, aún tratando de preservar la unidad de España, pretende dejarnos establecidos en las estructuras político-económicas internacionales que permitieron una cierta prosperidad cuya letra pequeña nos aguardaba a vivir las carestías, miserias y servidumbres que actualmente padecemos.
Pues además, solo una recuperación económica real, efectiva, podría permitir alguna posibilidad a “Reconversión” para su cumplimiento. Una recuperación económica, un proceso de acumulación de capital (vía producción -poca-, o vía importación tanto de bienes como de dinero -vía compra-venta de rentas e intereses-), que, sin embargo, si no viniese acompañada de cambios que vayan más allá del campo económico, es decir, si no hay, insistimos, ruptura con la Unión Europea, con el euro en que nos metieron tanto PSOE como PP, e incluso un cierto tirón de orejas al FMI, España volvería en el futuro a situaciones iguales o peores a la actual en nuevas crisis económicas futuras. Y si no hay ruptura con ese consenso constitucional con dos partidos políticos podridos tanto técnica como ideológicamente como PP y PSOE, los mejores amigos del secesionismo siempre que haya que conservar el gobierno autonómico de turno, España no será soberana, y la nave seguirá yendo a la deriva internacional, chocando por doquier con icebergs que se dirigen directamente contra nosotros.
No queremos finalizar nuestra revisión de “Reconversión” sin mostrar nuestra perplejidad porque Gustavo Bueno, el filósofo más importante del presente, el gran referente, a nuestro juicio, que debe seguir cualquier iniciativa política que apueste por la Hispanidad y el socialismo, haya puesto su firma en este manifiesto, no sin dudar, desde luego, que la aparición de su nombre no se deba a una confusión de nombres, pues “Reconversión” podría haber sido firmado por miembros de la familia Bueno con el mismo nombre de nuestro maestro del materialismo filosófico. Pero solo hacemos suposiciones con ello. El caso es que, por mucho que Gustavo Bueno apoye la “Reconversión” no significa ni que “Reconversión” sea ‘materialista’, ni que todos los materialistas filosóficos tengan también que hacerlo. No es prudente tirarse por una ventana si tu maestro también se tira, y más si al caer no hay colchoneta que nos salve la vida.
También Gustavo Bueno firmó, junto a Fernando Savater, la carta de apoyó a Fernando Sánchez Dragó cuando ocurrió lo de su enésima provocación en su libro con Boadella por lo de “trajinarse” a unas supuestas quinceañeras japonesas. Aquello le pasó factura a Dragó, y bien merecido se lo tenía por creerse por encima del bien y del mal, por su individualismo esnob y sus ganas de “provocar desde la atalaya de la cultura”. La firma de esa carta de apoyo a Dragó fue un error, y a mi juicio también es un error firmar esta declaración llamada “Reconversión”. ¿Es más prudente políticamente hablando reconvertir una casa cuyos pilares están ya construidos con materiales defectuosos? ¿Y cuánto podría aguantar esa casa? Un pacto PP-PSOE recuperando el “consenso constitucional” (ese que nos trajo a la situación actual), es como tratar de poner pladur en unas paredes agrietadas, completamente desechas. El hedor democrático de la España constitucional del 78 es tal que, aún dando cierto márgen a la iniciativa -por eso del beneficio de la duda y el esperar a ver qué pasa-, en Izquierda Hispánica consideramos que todo lo que no sea la ruptura con el régimen del 78 -monarquía, constitución y Estado de las Autonomías inclusive-, no es más que paja. Polvo, cenizas, nada.
En conclusión, no podemos apoyar, por incomprensible, una iniciativa como la de “Reconversión”, por muy nerviosa que tal iniciativa pueda poner a los secesionistas catalanes y vascos. Pues a estos, cualquier iniciativa, correcta o errada, que defienda la unidad de España, sea “Reconversión”, sea Izquierda Hispánica, sea el Partido Socialista Monárquico Obrero Alfonso XIII, siempre será abominable para ellos. Lamentablemente, más aprovechable será para ellos toda iniciativa españolista que conserve los materiales que al neofeudalismo ha permitido conseguir ser casi hegemónicos en Cataluña y País Vasco: la Transición, el Consenso Constitucional, la Monarquía Coronada, la Unión Europea y el euro.
O “Reconversión” o “Revolución”. O el camino corto de la mano de un poder podrido, que hiede, pero problemático para España, o el camino largo, difícil, duro pero a la larga verdaderamente patriota, frente a esos poderosos y su apestoso hedor. O con el poder, o la toma del poder. Entre estas dos alternativas, en el presente, y en el futuro, se debatirá el futuro del patriotismo español.