viernes, 16 de agosto de 2013

El choque de fascismos en Europa; Iberoamérica, la única alternativa


Artículo publicado en El Revolucionario, el 5 de septiembre de 2008:




Europa, el antaño continente civilizador, está a un paso de convertirse en campo de batalla de la barbarie. El Islam, una ideología reaccionaria y ultraderechista, se encuentra en expansión con la connivencia del socialfascismo germanofrancés, con lo que Europa podría convertirse en Eurabia. Mientras, la inmigración podría servir de caldo de cultivo para que el nacionalsocialismo clásico pueda volver a resurgir. Sin duda, Europa ha llegado a su fin como punto de partida de ideologías de izquierda revolucionaria. La pelota está ahora en el tejado de otros continentes.

De Europa a «Eurabia»: la putrefacción de un continente

JPG - 26.2 KB
El gran muftí de Jerusalén y Adolfo Hitler
Europa, tierra de batalla y conquista del Islam, también es el caldo de cultivo para que la socialdemocracia se reencuentre consigo misma y evolucione al fascismo
Hace algunos años el periodista estadounidense Marcos Steyn escribió, no sin muchas críticas y, desde luego, de manera muy aventurera, que «es más fácil ser optimista con respecto al futuro de Pakistán o Irak que respecto a Holanda o Dinamarca». Con ello se refería al imparable aumento de la inmigración que, proveniente de los países islámicos está llegando a Europa. La fallecida periodista italiana de izquierda liberal, Oriana Fallaci, popularizó la teoría de Eurabia, basada en la idea de que el imperialismo depredador de los Estados árabes con grandes reservas de petróleo, unida a la baja natalidad que los Estados de bienestar socialdemócratas—democristianos de Europa sufren, acabaría por convertir a toda Europa a la secta del pederasta Mahoma (sí, pederasta, ya que este ínclito «profeta» se casó y tuvo relaciones sexuales con Fátima, una niña de nueve años).

A día de hoy, las fatales previsiones de Fallaci se están cumpliendo. La socialdemocracia europea, la cual ejerce como ideología dominante de la Unión, no hace más que dar pábulos a los musulmanes en los países de la UE. Y los denominados antisistema, que no son revolucionarios, sino una rama radical, callejera y violenta de la socialdemocracia (las tropas de asalto socialfascistas, aunque se hagan llamar «antifascistas»), con sus simpatías anticivilización y antiestadounidenses, asumen la máxima del filósofo alemán filonazi Ernesto Jünger de «El enemigo de mi enemigo es mi amigo». No en vano, las juventudes del grupo terrorista neofeudalista de extrema derecha antihispánica, ETA, llamados Jarrai, ha sufrido en los últimos tiempos una conversión masiva de sus militanes a la secta herética del cristianismo conocida como Islam. Más de 400 militantes de las juventudes nacionalistas separatistas vascas se han convertido al Islam. Ellos admiran y aplauden los atentados del 11 de septiembre, los del 11 de marzo en Madrid o los de 7 de julio en Londres. Y su anticapitalismo no reflexiona sobre cuál es el fondo de una ideología anticapitalista. Ya Marx y Engels en el Manifiesto Comunista denunciaron varios tipos de socialismo que no eran racionalistas ni materialistas: el socialismo alemán o verdadero, el socialismo pequeñoburgués, el socialismo reaccionario (religioso, donde se incluiría a los musulmanes no pro—saudíes) y el socialismo y el comunismo crítico—utópicos. Pero estos cachorros socialfascistas jamás han leído o entendido el Manifiesto Comunista. Se limitan a ultrajar la imagen de nuestro admirado Che Guevara, convertido por desgracia para los revolucionarios iberoamericanos en una figura de marca para consumir en el mercado pletórico de las democracias realmente existentes.

JPG - 33.7 KB
Una consumidora satisfecha del mercado pletórico: bandera del ultraderechista Hezbolá (Partido de Dios) y un tatuaje tribal encima de la cola
La viscosa ideología socialdemócrata que todo lo impregna posibilita engendros postmodernos como la mujer de la foto: sólo por llevar ese tatuaje, los de Hezbolá, grupo terrorista islamita, la degollarían
Y lo cierto es que resulta curiosa la relación entre socialdemocracia e Islam. La socialdemocracia es una ideología en origen de izquierda definida y marxista. Sin embargo, debido a su gradualismo y su asunción del capitalismo, se ha convertido, incluso más que el liberalismo, en la ideología justificadora total del sistema económico capitalista. Ya que el capitalismo asegura que cada uno pueda consumir lo que quiera y construirse, como si de un bufete se tratase, una identidad que le permita consumir hasta morir, la socialdemocracia es la ideología ideal para aliarse con las burguesías de todas las naciones políticas con Estado de bienestar. De ahí que la socialdemocracia, como ideología viscosa que todo lo impregna, trate de echar raíces en todo el mundo (ahora van a por México, ya tiene a Argentina, Brasil y Chile entre sus redes). Pero al mismo tiempo, la socialdemocracia, para que no se note su complacencia con el Imperio realmente existente, el estadounidense, han de asumir cierto discurso «anti—imperialista». Aunque en realidad la Unión Europea, cuna de la socialdemocracia mundial, sea un proyecto imperialista depredador comandado por Francia y Alemania, naciones políticas europeas que han fracasado sistemáticamente como Imperios, pero que no dudan en unirse para someter de manera colonial no sólo a países iberoamericanos o africanos, sino también al resto de países de su Unión, como el Reino Unido, Portugal, España, Polonia, Italia o Grecia, por no hablar de la implicación del Eje en la destrucción de Yugoslavia y en el desafío a Rusia, apoyados por los yankis, en la secesión ultrajante de Kósovo, que es parte de Serbia.

JPG - 61.8 KB
La expansión de los mahometanos, impulsados desde La Meca
El Islam es un proyecto imperialista depredador, impulsado por los petrodólares; no en vano, los jeques árabes con su dinero han conseguido comprar hasta a webs autodenominadas de izquierda, como Indymedia (en realidad socialdemócratas radicales), cuyo soporte informático lo da Arabia Saudí;
Y este discurso antiyanki de la socialdemocracia europea le lleva a apoyar al Islam como movimiento antiestadounidense. Lo que en realidad encubre esto es la absoluta necesidad de petróleo que Europa tiene, y cuyos más cercanos propietarios son los musulmanes. Sin embargo, el Islam, ideología incompatible con la democracia de mercado, pero también con el socialismo marxista, con el ateísmo y con el racionalismo radical, pretende convertir el mundo en una gran Umma, comunidad islámica, en el que a los ladrones se les corte las manos, las mujeres sean conejos reproductivos de los hombres y se realicen hasta cinco rezos al día sometiendo a los hombres a un ser que no existe llamado Dios (o Alá, en árabe). Y en las sociedades del bienestar, donde los ciudadanos consumidores no quieren líos, se deja hacer al Islam. En Colonia, Alemania, la socialdemocracia ha permitido la construcción de la más grande mezquita de Europa. En España ya hay un millón de musulmanes que piden una educación religiosa en las escuelas y funerales confesionales. En Dinamarca, los musulmanes piden el sometimiento de los daneses. En Inglaterra, se llama al exterminio de los homosexuales y de los apóstatas y ateos. En Francia, el lumpenproletariado de los suburbios es prácticamente mahometano, y seis millones de musulmanes quieren hacer de Francia el gran Estado musulmán de Europa. Frente a todos estos, sólo Rusia (con un Putin que ya quisieran para sí el resto de naciones políticas europeas) parece tener el vigor suficiente para poner un freno a la expansión de esta ideología ultraderechista y reaccionaria. Pero Rusia no es Europa.

Europa resulta una biocenosis, un nido de tiburones en el que las empresas utilizan a su antojo a los Estados. Y el imperialismo petrolífero saudí echa ahí buenas raíces, con la connivencia de la socialdemocracia. El islam, lejos de su discurso anticapitalista, no pretende más que, bajo un prisma irracional que afirma que el raciocinio de los sujetos se debe al Entendimiento Agente, esto es, Alá a través de los cerebros revela la razón a los individuos, pretende acabar de una vez por todas con todas las luchas que las distintas generaciones de izquierda definida llevaron a cabo en Europa desde la Revolución Francesa. Irán, lo más parecido hoy al Tercer Reich, afirma por boca de su presidente, Ahmadineyad, que el tiempo de Israel ha llegado, y proclama un nuevo Holocausto judío.

Europa: socialdemocracia y socialfascismo, primos hermanos

JPG - 15.6 KB
La rosa socialdemócrata europea, flácida
La viscosa socialdemocracia europea es la antesala del socialfascismo
Pero Europa no ha llegado todavía a su más alta putrefacción. Aparte de la ultrarreccionaria ideología mahometana, el caldo de cultivo del racismo está más que latente. Una Europa islamizada sería peligrosísima, ya que obligaría a estadounidenses, chinos, indios, israelíes y rusos, entre otros, a unirse y destruirla atómicamente. Una Europa superpoblada y mísera sería terrible. Pero el escenario sería aún peor. Es bien sabido por todos los revolucionarios que la socialdemocracia fue el punto de partida del fascismo clásico. Benito Mussolini, padre del fascimo, provenía de la socialdemocracia italiana. Al Partido Obrero Nacional Socialista Alemán del criminal Hitler llegaron sobre todo militantes del Partido Socialdemócrata Alemán. De ahí que los comunistas, con Stalin a la cabeza, llamaran a la socialdemocracia alemana como«SOCIALFASCISTAS». Esto es, socialistas de boquilla, fascistas de hecho. Y de hecho, el anticomunismo de la socialdemocracia, más su gradualismo y su asunción del capitalismo y rechazo del materialismo histórico de Marx, les llevó gradualmente a posiciones autoritarias y a defender modelos sociales corporativos y verticales (patronos y obreros unidos). Hoy día, en pleno siglo XXI, la socialdemocracia promueve el «diálogo social» entre los «agentes sociales», patronal y sindicatos. Con dinero público compra a sindicatos de clase y patronales empresariales, los tiene a todos contentos con subvenciones, privilegios y chanchullos de corrupción varios. En Francia, el Frente Nacional de Le Pen es el máximo receptor de voto de clase obrera, así como Haider en Austria. En España, Zapatero, líder de la socialdemocracia mundial, ejerce su poder personalista atacando a todo aquello que, a su izquierda o a su derecha, pueda perjudicarle. Se trata del ejemplo total de socialfascismo.

Pues bien, lo que queremos decir es que esa misma socialdemocracia que apoya el ascenso islamita en Europa podría dar la sorpresa y reconvertirse, o permitir el ascenso, de un nuevo fascismo racista en Europa. Ya en España, el Partido Socialista Obrero Español en el poder acaba de asumir un lema que hasta poco defendía el neonazi partido Democracia Nacional: «Los Españoles Primero». Si bien la crísis económica mundial junto a la inmigración obliga a los países ricos a restringir la inmigración (cosa que no gusta a los dirigentes de los países subdesarrollados o en vías de desarrollo, que necesitan deshacerse de población para gastar menos dinero en mantener a sus sujetos operatorios), no deja de ser sintomático de lo que es el socialfascismo el hecho de que un partido socialdemócrata europeo asuma un lema de un partido neonazi. Y todo, con una población narcotizada ideológicamente por la socialdemocracia, la cual sabe que si defendiese el asesinato masivo de personas no blancas la población lo tomaría como algo de «izquierdas» y «progresista». ¿O acaso no se presentó así Hitler? ¿Acaso no se recuerda el apoyo de la socialdemocracia sueca a Mussolini? ¿Acaso no es eso lo que lleva haciendo la ETA y los nacionalismos fraccionarios neofeudalistas en todo el mundo, y particularmente en la putrefacta Europa?

El choque de ultraderechas en Europa: Musulmanes y Fascistas. Los proyectos políticos de ambos amenazan al mundo entero

Así pues, en Europa hay dos caminos, igual de terribles para el resto del mundo, igual de ultraderechistas: o Europa evoluciona hacia un apéndice del Imperialismo petrolífero saudí y se somete al Islam, ideología reaccionaria, o los nacionalismos políticos metafisicados, apaciguados durante la Segunda Guerra Mundial, y en respuesta a esa misma invasión, podrían resurgir abominando de la democracia de mercado, movimientos nazifascistas.

La apóstata del Islam, Ayan Hirsi—Ali ha afirmado:

«Si no se toman medidas eficaces, los Países Bajos se podrían desgarrar entre las dos derechas extremas: la islámica y la no—islámica.»

Es demasiado tarde para una Europa que, con el Eje Franco—Alemán al frente, pretende recolonizar el mundo. Europa, en realidad, no existe. Es sólo un concepto geográfico, como dijo Bismarck en vida. Cercada a su vez por Estados Unidos, China y Rusia, con el Islam a las puertas otra vez de Viena, y con una Iberoamérica sumida en su particular proceso político revolucionario (todavía en pañales), el momento de Europa ya ha pasado. Salvo un cambio radical de orientación, a Europa sólo le quedan dos caminos, igual de terribles: o la invasión lenta de los islamitas, con la ayuda del petróleo y de la cobardía y connivencia de la socialdemocracia europea como ideología dominante, somete a los europeos al Islam, lo que equivaldría a una nueva Guerra Mundial (la cuarta, en realidad, tras la primera, la segunda y la Guerra Fría —la tercera—), o el aumento del paro, de la inmigración, de la separación de las élites y la población, del número de asalariados frente a la casi total desaparición de los proletarios, conlleva la total desconfianza hacia la democracia social—liberal, y el fascismo resurge de nuevo en su continente de origen, vía transformación de la socialdemocracia en su primo hermano. Es decir: o Islam o fascismo, aunque ambos son dos caras de la misma moneda, una moneda lanzada al aire por la socialdemocracia que flirtea con ambos.

IBEROAMÉRICA: LA ÚNICA ALTERNATIVA REVOLUCIONARIA REAL


Europa no es el futuro. Pues, ¿dónde está la alternativa? ¿dónde puede surgir una nueva izquierda políticamente definida que asuma los principios básicos que toda izquierda definida y revolucionaria ha de tener, estos son: el racionalismo universalista, la defensa de un proyecto definido de Estado, la necesidad de extender su proyecto político al mundo entero sin exclusión por razones de raza, origen o sexo, la racionalización revolucionaria por holización de las sociedades políticas? La alternativa es Iberoamérica.

Los corresponsales en Europa de El Revolucionario, el diario de la izquierda revolucionaria en lengua española, confiamos en que Iberoamerica, como proyecto político revolucionario y socialista ha de conformarse. Para ello, se debe acabar con todo foco irracionalista y oscurantista en su seno (religioso, indigenista, reaccionario), se debe constituir su unidad política desde Los Ángeles hasta Usuaya, se debe centralizar y holizar totalmente esa unidad, se debe iberoamericanizar el mundo —incluyendo Estados Unidos, dar la vuelta del revés al Imperio, del capitalismo protestante al socialismo materialista, y España, nación geográficamente europea, pero que los iberoamericanos, junto a Portugal, deben conquistar para sí y convertirlas en provincias suyas—, se debe luchar contra dos grandes enemigos contrarios al proyecto socialista iberoamericano (el capitalismo protestante de corte anglosajón y el Islam, ya que hay que recordar que el imperialismo depredador petrolero saudí ya ha conseguido levantar en Buenos Aires la mayor mezquita de América, y Hezbolá —«Partido de Dios» en árabe— está ya presente en Venezuela y Paraguay; el socialismo iberomericano es totalmente incompatible con toda forma de derecha política, incluidos los musulmanes, por lo que es necesario destruir las raíces filosóficas del Islam con el arma del racionalismo revolucionario materialista).

En definitiva, el momento de Europa ya pasó. Es el momento de Iberoamérica. El continente iberoamericano debe dar una patada en la mesa del mundo, unirse y, sí, actuar de manera imperialista generadora sobre el resto del mundo para imponer su proyecto socialista y revolucionario. Sólo así se garantizará su éxito. No recluirse sólo a su espacio geográfico natural. Es su deber reordenar el mundo. No se puede confiar en una China cada vez más abocada al capitalismo, ni en los musulmanes, antisocialistas y antimarxistas de siempre. Ni mucho menos en Europa, nido de tiburones y continente en putrefacción sin límite. Iberoamérica debe despertar, debe definirse, debe unirse, y debe conquistar el mundo. Iberoamérica debe ser un Imperio, pero no depredador. Debe actuar como un Imperio Generador, generoso, socialista, racionalista, prudente y decidido. La gran alternativa política es Iberoamérica desde posiciones de izquierda definida revolucionaria.
Frente al multiculturalismo anglosajón, el universalismo iberoamericano. Frente al irracionalismo islamita, el racionalismo materialista hispánico. Frente a la degeneración capitalista de China, el socialismo vuelto del revés hispano. Frente al racismo del Eje Franco—Alemán, el mestizaje racial iberoamericano.

Aparquen sus diferencias. Renieguen de falsas ideologías peregrinas que les reconducen a la barbarie. Tomen el timón de mando del mundo y cambien el rumbo. El Revolucionario les aconsejará y apoyará en lo que pueda. Y nos quedamos cortos.