lunes, 16 de diciembre de 2013

Fascismo(s)


Este artículo se mandó hace un par de semanas a Crónica Global, diario catalán "antinacionalista", y es el segundo que deciden no publicar en ese diario. Está claro, y ya escribiré sobre ello pues es algo que llevo pensando hace tiempo, que la frase "ójala la izquierda -sin especificar cuál- en España defendiese la unidad de España" es una frase vacua, vacía de contenido y falaz en tanto que, realmente, resulta ser una falsa conciencia que esconde una intención más perversa: el deseo de que haya una "izquierda" de corte liberal o socialdemócrata y constitucionalista "antinacionalista". O lo que es lo mismo, una especie de UPyD o Ciudadanos con más discurso social y toques a lo Susana Díaz. Vamos, patriotismo constitucional habermasiano al uso. Pero en cuanto alguien se dice de izquierdas, pero en sentido fuerte, definido, patriota español y señala que el principal foco de nuestros males es la Constitución Española de 1978, entonces estos mismos que hablan de falsos deseos, te cierran las puertas. No obstante, y teniendo en cuenta que no volveré a enviar nada a ningún medio digital constitucionalista, publico el artículo en mi web personal:


Todos asistimos con estupefacción al intento de ataque que diversos grupos neofascistas españolistas realizaron el pasado 11 de septiembre de este año en la librería Blanquerna en Madrid, una de las sedes de la Generalitat de Cataluña fuera de esta región. Miembros de los partidos Falange Española de las JONS, Democracia Nacional y la neonazi Alianza Nacional entraron en la librería al grito de "!No nos engañas, Cataluña es España!", portando banderas de los susodichos micropartidos mientras uno de ellos, el único que llevaba la cara tapada, empujó de una manera un poco amanerada al diputado de CiU Sánchez Llibre, tumbaron la tribuna de oradores y el micrófono y siguieron a lo suyo. Esta performance situacionista con cierto toque barriobajero duró pocos minutos, terminando la función tirando gases lacrimógenos al suelo y con la detención de todos los implicados. Al poco tiempo, Gaspar Llamazares de Izquierda Plural pidió públicamente la ilegalización de estos tres partidos.

Las autoridades policiales tienen bastante controlados a estos grupos de la llamada "extrema derecha", aunque sería más apropiado llamarlos tercerposicionistas pues, dejando aparte que es la etiqueta que la mayoría de ellos (no todos) prefieren usar para autodenominarse, el fascismo y las ideologías relacionadas y derivadas del mismo no puede identificarse con lo que tradicionalmente la Politología ha entendido como derecha: la unión de Trono y Altar y el tradicionalismo moral y cultural (extrema derecha fue la Acción Francesa de Maurrás o el boulangismo, lo que no quiere decir que esta extrema derecha -en España lo fue el carlismo- no haya influido sobremanera en el nacimiento del primer fascismo, junto con cierto sindicalismo revolucionario antimarxista). El fascismo surgió tanto como movimiento revolucionario como contrarrevolucionario: fue revolucionario en tanto trató de subvertir el orden establecido en las naciones en que triunfó (Italia y, de manera más radical, en Alemania) tanto contra la democracia liberal como contra las instituciones tradicionales religiosas, administrativas, jurídicas y económicas, a las que sometió a su voluntad al tiempo que contaba con su total protección y apoyo. Y fue contrarrevolucionario en tanto se revolvió violentamente contra el materialismo filosófico, el racionalismo radical tanto ilustrado como científico (aunque no dudó en recoger influencia de ambos: Mussolini fue un admirador declarado de la Revolución Francesa, y los fascistas y nazis no dudaron en asumir, a su manera, toda la teoría evolucionista de Darwin), el determinismo causalista y, sobre todo, el socialismo internacionalista que veía en el proletariado el sujeto activo de la revolución anarquista, socialista y comunista. El fascismo sustancializó lo que Aristóteles llamó eutaxia (traducido como "buen gobierno"), estimando que el orden político fascista, al ser multiclasista (todos, capitalistas y obreros, igual de trabajadores, todos al servicio del Estado, la patria, la fe o la raza, o todo eso a la vez) era necesariamente armonioso y finiquitaría la lucha de clases. Todo ello sustentado por ideas filosóficas nihilistas, idealistas, irracionalistas y vitalistas. El orden social fascista defendía lo que se llamaba "justicia social", y resultó ser un socialismo de corte estatalista y étnico que no pretendía ser en ningún momento universalista. Para ello tuvo que proteger a la gran empresa capitalista, que veía al fascismo como un activo y eficiente muro de contención del comunismo, así como la burocracia estatal, aún cuando el fascismo siempre trató de ponerla a su servicio, cosa que consiguió hacer plenamente  en Alemania. Pero tras su aplastante derrota en la Segunda Guerra Mundial este fascismo clásico y su versión más radicalizada en lo étnico, en lo anti-tradicional y en lo irracional, el nazismo, dejaron de tener ese apoyo institucional de las grandes instituciones político-económicas, y el consenso tras la victoria aliada en el antifascismo todavía perdura, a pesar de la crisis y los avances de grupos neofascistas y neonazis como Amanecer Dorado en Grecia o el Frente Nacional en Francia. Los servicios secretos de la mayoría de países con grupos neofascistas violentos tienen bastante controlados, incluso por infiltración a todos estos grupos.

Lo mismo pasa con ciertos grupos de la mal llamada "extrema izquierda" en lo que a control por los servicios secretos se refiere. No obstante, estos grupos en España, y en concreto en el País Vasco y Cataluña, gozan de una impunidad inusitada y un apoyo considerable, implícito y explícito, por parte de las autoridades administrativas y políticas pertinentes. La toma de la sede de UPyD en Barcelona por parte del Sindicato de Estudiantes de los Países Catalanes (supuestamente troskista) y las pedradas que recibió la sede de Ciudadanos también en la ciudad condal no han recibido la misma condena casi unánime en toda España, menos aún en Cataluña. Parece ser que hay una doble vara de medir que, para analizarla, podemos acudir a diversos factores, tanto pasados como presentes, siempre políticos y siempre históricos:

1) El post-antifranquismo fraguado durante la Transición y todavía vivo gracias a partidos como PSOE o Izquierda Unida ha creado no ya solo un sentimiento de repulsa prácticamente generalizado por la dictadura madre del régimen actual que, no obstante, también ha generado un miedo considerable a todo aquello que, política y culturalmente hablando, recuerde al franquismo. De ahí que resulte interesante sobre todo para los sociólogos el hecho de que un puñado de ultras españolistas puedan llegar a "acojonar" a todo un país por entrar a gritar, empujar y lanzar gases lacrimógenos en un local cerrado. Aunque esto es solo un eslabón más en una cadena de acontecimientos interesantes al nivel de la Psicología Social. Cuando el militar neonazi Josué Estébanez asesinó al antifascista Carlos Palomino en Madrid hace unos años, clavándole un objeto punzante en el corazón, mientras Estébanez estaba rodeado en un vagón de metro por decenas de jóvenes antifascistas, éste logró hacerse con el control absoluto de todo el vagón quedándose solo dentro mientras hacía el saludo fascista, pues todos los demás salieron espantados del metro al andén. Luego recibió su paliza, pero durante varios minutos Estébanez solo, sin compañía alguna, dominó la situación frente a más de cien personas que no supieron bien qué hacer.

2) En los últimos años se ha denostado la reductio ad hitlerum en toda conversación que se precie, entendiendo como ridícula cualquier comparación con Hitler (aunque vale también con Mussolini o Franco) que se haga respecto a cualquier ideología, movimiento político y social, discurso o medida política tomada. Y aunque es bien sabido que "fascista" actualmente tiene una connotación peyorativa al usarse como insulto (sinómino de "hijo de puta" básicamente) hacia alguien autoritario e intolerante (puede haber gente autoritaria e intolerante hasta en grupos pacifistas de izquierdas), y que muchas veces se llama fascista a algo que no lo es, no obstante se tiene que tener en cuenta que esta absurda reducción tiene cierto fundamento real, y no es otro que la pregnancia y viscosidad social que el fascismo tuvo en su época de gloria entre 1919 y 1945, pues el fascismo ha sido, con permiso del neoliberalismo y del yijadismo, la última gran ideología política de masas surgida en la Edad Contemporánea. Y fue grande, aún fracasando estrepitosamente en muchos países como en el mundo anglosajón o Europa del Este, en tanto que consiguió ser dominante en las dos últimas grandes naciones políticas europeas en aparecer, Italia y Alemania, y por influir de manera bastante acusada en otros regímenes que combinaron elementos fascistas con los de la derecha tradicional como España, Portugal, la Francia de Vichy, Austria o diversos regímenes militares derechistas de Suramérica. Como ya señaló Stanley G. Payne en su ya obra clásica "El fascismo", la influencia presente de esta ideología tras la Segunda Guerra Mundial, y tras el derrumbe del Imperio Soviético, no dejará nunca de estar presente, pues ideas tan dispares como el ecologismo, el nacionalismo de liberación tercermundista, el islamismo radical, el neoliberalismo, el anarcocapitalismo, el baasismo, la socialdemocracia o el "nacionalismo identitario de izquierdas" tienen actualmente y desde hace varias décadas una tremenda influencia de algunas de las ideas fuerza básicas del fascismo clásico.

3) En España se acusa a Ciudadanos y, sobre todo, a UPyD de ser "criptofascistas". La simple analogía biográfica de Rosa Díez con Mussolini busca eso. Ambos fueron socialdemócratas, ambos acabaron saliendo de sus respectivos partidos, ambos acabaron defendiendo el Estado y ambos acabaron rehuyendo de la dicotomía derecha-izquierda. No obstante, las analogías acaban aquí. Aunque yo no comparta la ideología de UPyD, está claro que este partido no es un partido tercerposicionista, como tampoco lo es Ciudadanos. Rosa Díez defiende el pluralismo de partidos políticos, el sistema liberal tanto en lo político como en lo económico, su nacionalismo español es político y no étnico y su influencia filosófica dista mucho del vitalismo nietzscheano. Si por hacer analogías forzadas se tratase, también podría analogarse a Díez con Lenin, pues el gran líder revolucionario bolchevique fue socialdemócrata, acabó saliendo de su partido inicial, acabó defendiendo el Estado (un nuevo Estado, el soviético, concebido como medio para llegar a la revolución comunista universal) y acabó rehuyendo de la dicotomía derecha-izquierda (pero por motivos muy distintos a Díez y Mussolini: para Lenin esta dicotomía era burguesa y no podía ser defendida por los bolcheviques; para él y para Stalin o Mao, la dicotomía era capitalismo-comunismo, aunque en la Guerra Fría, y contra el fascismo antes, se asociaría capitalismo con derecha y comunismo con izquierda, también por medio de la formación de Frentes Populares antifascistas en diversos países, en los que los comunistas se asociaron con aquellos de los que habían surgido, la socialdemocracia, aún siendo esta acusada por aquellos antes de haber sido quien más nutrió de militantes a las filas del NSDAP alemán, y de ahí el epíteto comunista de "socialfascistas" a los socialdemócratas alemanes).

4) Si por coherencia analítica se refiere, y aquí tengo de referencia a Stanley Payne y a Gustavo Bueno, en España lo más parecido a ese importante movimiento político que fue el fascismo en la Historia, es hoy día el nacionalismo catalán y también otros etno-nacionalismos regionales. Cumplen estos todas las características básicas del fascismo clásico salvo una, la pretensión de instaurar una dictadura de partido único, aunque el consenso totalizador de todas las fuerzas políticas del catalanismo separatista, tanto burgués como "obrero" no deja de acercarse muy mucho al multiclasismo armonista típico del fascismo. Pero las analogías y la influencia es muy acusada, en tanto se admita la inmensa importancia histórica y política que el fascismo y el nacionalsocialismo tuvieron en la Historia universal. A grandes rasgos, el nacionalismo catalán separatista es autoritario en tanto trata en sentido hegemónico a la disidencia españolista de cualquier clase, y su exaltación nacionalista es permanente y constante, no siendo esta preludio de ningún tipo de internacionalismo, salvo que se tome como internacionalismo la pretensión de Artur Mas de someter a Cataluña a los designios anglogermanos de la Unión Europea y la OTAN. El nacionalismo catalán es también solidario del principio de jefatura carismática, propia de otros regímenes incluso antifascistas, pero asociada siempre a un nacionalismo étnico excluyente de chivos expiatorios muy concretos (en Italia y en la España franquista el bolchevismo, en Alemania los judíos; en la Cataluña de CiU-ERC los españoles y el españolismo genérico), que si incluye inmigrantes charnegos o extranjeros siempre será en el más puro estilo de la tolerancia colonialista anglosajona o neerlandesa, establecedora de guetos y participe de una tolerancia despreciativa racialista considerable (el acercamiento de CiU y ERC al sionismo israelí no los aleja de este protofascismo, en tanto en el Partido Nacional Fascista de Mussolini había una gran militancia judía hasta 1938, año en que se adoptaron las medidas antisemitas; este porcentaje era descomunal comparado con el 1% de población judía que en la Italia del primer tercio de siglo había). El nacionalismo catalán resulta también, por tanto, ser una ideología etnicista sintética, multiclasista (con sus propias "tropas de asalto" obreristas a lo SA pardas, como la CUP o este Sindicato de Estudiantes de los Países Catalanes, por no hablar de Almogavers o Maulets) y armonista, pues entiende que (palabras textuales del esquerrista Joan Puigcercós) en una Cataluña independiente "el pueblo será feliz" (pueblo sin distinción de clases y armonioso en convivencia nacional sin mácula española). El nacionalismo catalán querrá establecer, en su hipotética arcadia etnonacional, un consenso ideológico más férreo incluso que durante el proceso separatista que ahora se vive con algún tipo de medidas típicas del llamado "Estado de bienestar" socialdemócrata, probablemente con un modelo sindical muy parecido al pseudocorporativista actual en España (de ahí el apoyo de UGT y CC.OO. de Cataluña al "derecho a decidir", con la complacencia de sus líderes en Madrid) y con una muy limitada movilidad social de individuos y de clases, pues la burguesía catalana no querrá en ningún momento ceder a sus privilegios históricamente adquiridos, así como tampoco lo hará la pequeña burguesía, muy dañada por la crisis económica. Y también el nacionalismo catalán, aparte de algunos discursos pseudomarxistas de ciertos sujetos poco leídos en materialismo histórico, tiene y tendrá un principio de activismo político voluntarista, antideterminista y antirracionalista, que experiencias extransensoriales como los videntes que hace unos días establecieron, al más puro estilo de Santiago Niño Becerra o Xavier Sala i Martín, el año que viene como año de la independencia catalana o la actividad política de la "monja alférez" Teresa Forcades, y muy propias de los tiempos que corren, evidencian. De ahí que yo vea lo de la librería Blanquerna como un choque entre fuerzas ideológicas no tan distantes, parejo al que en la Austria de la década de 1930 tuvieron los nacionalsocialistas de Schussnig partidarios del Anschluss y los socialcristianos de Dolfuss, también llamados "austrofascistas".

En definitiva, y dejando aparte las propuestas de la probablemente aprobable Ley de Seguridad Ciudadana impulsada por el Partido Popular de Rajoy, que acercará España a un tipo de democracia a lo Putin, Ley que no acerca ni mucho menos a España, a pesar del espanto general, a un modelo "fascista", es el nacionalismo étnico separatista, y su versión radicalizada y su vanguardia en Cataluña lo que está más cerca del fascismo y el nacionalsocialismo clásicos en toda la piel de toro. Por ello, y desde una perspectiva propia de un antifascismo coherente y militante, no deja de extrañar, aunque sea explicable, la concordancia de fines, medios e ideas de la "izquierda" oficial en España con estos movimientos post-fascistas en España, concordancia que hace que la "izquierda" sea antiespañola y que estos separatismos sean "democráticos", "liberales" e incluso "izquierdistas" (como fueron izquierdistas los nazis Otto y Gregor Strasser en el seno del NSDAP, tendencia interna mutilada por el propio Hitler). Se puede perfectamente estar en contra en buena medida de la Ley de Seguridad Ciudadana de Rajoy al tiempo que se está en contra de este nacionalismo separatista. El politólogo Pablo Iglesias Turrión no se cansa de repetir que "ser demócrata es también ser antifascista". Yo añado que, si se es coherente, en España ser antifascista es también ser antiseparatista.