viernes, 27 de diciembre de 2013

Sobre el monólogo "apátrida" de Juan Carlos Monedero en La Tuerka


Mi profesor Juan Carlos Monedero (de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid), que me dio en segundo de carrera Teoría del Estado, se ha convertido en el nuevo presentador (no se si oficial u oficioso) de La Tuerka, un programa de televisión que ha pasado por distintas cadenas (TeleK, Canal 33, ahora Público TV), como suele pasar con los formatos de programas pertenecientes a compañías privadas que tienen los derechos exclusivos sobre sus creaciones, como así pasa con CMI, Con Mano Izquierda, una empresa dedicada a lo audiovisual desde una perspectiva ideológica izquierdista perteneciente al profesor de Politología y experto en movimientos antiglobalización Pablo Iglesias Turrión, también de la misma facultad. En uno de sus últimos programas el profesor Monedero realizó un monólogo al más puro estilo José María Carrascal mientras se trataba la cuestión separatista de Cataluña respecto de España. Quería comentar solo el monólogo del profesor y no el programa en sí, porque menciona cuestiones que, estimo, son dignas de comentar. El monólogo puede verse aquí:



El monólogo, aparentemente apátrida, esto es, que en apariencia parece no ponerse ni del "lado de España" ni del "lado de Cataluña", como si ambas cosas fuesen disociables, trataré de comentarlo, casi frase por frase. Advierto que mi perspectiva de análisis es materialista filosófica y política y abiertamente patriota española de izquierdas. Así que si alguien ya por esto se siente ofendido, que deje de leer desde ya. Y si alguien, partidario o no del análisis materialista y del nacionalismo político español, tiene curiosidad por seguir, bienvenido sea. No va a encontrar insultos ni vehemencia. Solo una perspectiva que quizás le suene distinta (o no). Vamos allá:

Dice Monedero: 
Decidir es una cosa de adultos. Los niños no toman decisiones, a no ser que crezcan, y cuando crecen suelen cambiar su perspectiva sobre los mayores. A veces, solo a veces, los mayores cambian su perspectiva sobre sí mismos. Hay que ser muy maduro para dejar que los demás crezcan.
Con esta intervención está ya sentando las bases de sus conclusiones, que yo enmarcaría en el marco ideológico de lo que yo llamo izquierda populista. Nuestro análisis de las izquierdas, para enmarcar el primer comentario, lo es en sentido plural y no unívoco, que es el habitual en La Tuerka, entiende que las izquierdas son plurales, que son muy distintas entre sí y que incluso tienen planes y programas tan distintos que son como el agua y el aceite. Es decir, no casan. Por eso, y empezamos ya a definirnos, la unidad de la izquierda que tanto proclama Pablo Iglesias Turrión es no ya solo una idea imposible, sino también una idea absurda. A no ser que esa idea de unidad encubra un cierto pragmatismo de tipo frentepopulista frente a "la derecha", "el capitalismo" y "el fascismo", en donde la izquierda definida dominante consiga desdibujar los perfiles de las menos organizadas hasta confundirse con ella, de modo que más que unidad de la "izquierda" lo que realmente se obtiene es una fagocitación política e institucional de una izquierda sobre las otras, la cual supone una victoria de una izquierda definida sobre otras. El materialismo filosófico entiende que las izquierdas tienen características genéricas y específicas comunes que las distinguen de la derecha (la cual también es plural, pero en otro sentido), como serían el racionalismo universalista (la idea de que todo individuo tiene capacidad para conocer cualquier tipo de verdad, para conocer la Razón, y que esa Razón debe ser propagada a nivel universal), y la racionalización revolucionaria de la sociedad en sentido atómico (lo que Gustavo Bueno llama holización, esto es, la transformación de una sociedad política en su estructura anatómica -de gremios, castas, grupos, clases- en otra atómica -es decir, reconstruyendo racionalmente a los sujetos miembros de esos grupos anatómicos de súbditos a ciudadanos-). Todas las izquierdas definidas comparten estos dos rasgos, pero las diferencias entre ellas son de tal calibre que estos rasgos no pueden jamás suponer motivo de unidad de planes y programas. En "El mito de la izquierda", Bueno señala que hay seis generaciones de izquierdas políticamente definidas, y se definen respecto del elemento de análisis político definitivo y más importante, esencial, el cual Monedero debería conocer: el Estado. Habría otras izquierdas indefinidas, que no se definirían respecto del Estado, sino en base a la acción social (las ONGs, como la llamada "izquierda extravagante"), el "pensamiento" y la "filosofía" (la "izquierda divagante") y la combinación de intelectualismo, activismo político y demagogia del izquierdismo infantil (que Bueno llama "izquierda fundamentalista"). Estas izquierdas indefinidas acabarían aproximándose a una u otra izquierda definida según coyunturas y recorridos políticos y vitales varios. Las izquierdas definidas, según Gustavo Bueno, serían las siguientes:

1) Izquierda Radical o Jacobina: la primera de todas, sienta las bases de las características comunes (racionalismo universalista y racionalización por holización). Su sujeto revolucionario es el Tercer Estado, con la burguesía en primer plano, y su proyecto de Estado es la revolución que sustituye la monarquía absoluta por la nación política de ciudadanos libres e iguales en derechos y deberes, republicana. Su expansionismo universalista está programado en la "Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano" que consigue su concreción con el Imperio Napoleónico.

2) Izquierda Liberal: nacida en España y expresada en la Constitución de Cádiz y en las posteriores repúblicas hispanoamericanas. Puede ser monárquica o republicana. Defiende también la nación política, pero bebe de tradiciones distintas a las francesas (católicas hispanas) y da un mayor peso al individuo respecto del Estado.

3) Izquierda Libertaria o Anarquista: pretende destruir el Estado y las clases sociales, partiendo en el anarco-sindicalismo de una plataforma política efectiva que sirva de organización al proletariado para conseguir esta eliminación lo antes posible, sin etapa de transición ninguna. El comunismo libertario sería su fin.

4) Izquierda Socialista o Socialdemócrata: las tres siguientes parten del marxismo. La socialdemocracia sería la primera, y pretende avanzar al socialismo y posteriormente al comunismo partiendo de la democracia liberal burguesa, mediante partidos y sindicatos organizados orientando la lucha de clases a nivel parlamentario burgués. Esta izquierda definida acaba abandonando el marxismo y abrazando el mantenimiento del un Estado de bienestar mixto entre elementos capitalistas y socialistas.

5) Izquierda Comunista: la de Lenin, Trotsky y Stalin. El sujeto revolucionario, el proletariado, es dirigido hacia la toma del poder por una vanguardia de revolucionarios profesionales organizados en un Partido disciplinado por el centralismo democrático que, una vez tomado el poder, orienta a la sociedad hacia la dictadura del proletariado y el socialismo y, en su sentido más imperialista, hacia el comunismo universal final. Instaura una dictadura de partido único con formas democráticas de base o "soviets".

6) Izquierda Asiática o Maoísta: nacida de la anterior, y con pretensiones parecidas, pero dando mayor importancia al campesinado, asumiendo una planificación de la economía más pluralista admitiendo la propiedad privada, estableciendo no un sistema monopartidista sino de multipartidista con un partido dominante y hegemónico de tipo marxista-leninista-maoísta y, lo más importante, desarrollada en un ámbito filosófico-cultural que no es europeo-occidental, sino oriental-confuciano-taoísta.

A estas izquierdas yo añado una nueva izquierda definida:

7) Izquierda Populista o Bolivariana: la de Chávez, Correa, Evo Morales, Daniel Ortega. etc. Es una izquierda no nacida del marxismo aunque lo acaba asumiendo en parte, solidaria del tercermundismo, del anticolonialismo y de los sectores más socialistas del nacionalismo político y de la religión. El sujeto revolucionario es el pueblo como parte viva de la nación, aunque se admite la existencia de clases sociales. Y este pueblo, supuestamente maduro, es el que decide la Historia a través de la democracia participativa de plebiscito (casi) diario. Su objetivo universalista es un "mundo multipolar" armónico sin dominadores ni dominados, pues en su utópica sociedad "post-estatal" los Estados seguirían existiendo. Pretende esta multipolaridad mediante la reconstrucción de la llamada "Patria Grande" latinoamericana, que ejerza su impronta en el Mundo en sentido geopolítico. Es democratista, esto es, fundamentalista democrática, como muchos socialdemócratas y liberales, pero llegando a mayores extremos, pues piensa que toda sociedad no democrática es una sociedad bárbara que no merece ser llamada sociedad. Y que los problemas de la democracia se resuelven con "más democracia", más directa, más participativa y más protagónica. Monedero encajaría aquí, así como Turrión y su admirado (por ambos) Boaventura Da Sousa Santos. Pues se asume, y aquí encajaría el comentario inicial de su monólogo, que solo un pueblo democrático es un pueblo maduro, por lo que las generaciones que vivieron siglos y milenios antes en sociedades no democráticas serían meros niños. Hay claramente aquí una visión progresivista y lineal de la Historia, aunque no se admita, pues se piensa que "el pueblo" decidiendo, votando, lo que sea, aunque sea una barbaridad en su contra, siempre será un pueblo maduro (como Nicolás Maduro), pues la madurez también consiste en errar, aunque no haya organismos que puedan corregir ese error e incluso castigar por ese error como ocurre a nivel individual en toda sociedad política con personas maduras individuales.

Una vez dicho todo esto, ¿cómo es posible hablar de "unidad de la izquierda" teniendo en cuenta todos estos mimbres? Y además, ¿unidad de la izquierda para qué? ¿Para derrotar a "la derecha"? (hablar de "la derecha" merece otro post en esta web, que dejaré para otra ocasión).

Sigue Monedero:
Nos gusta sentirnos mejores de lo que somos y por eso nos gusta que alguien se sienta especialmente malo. El ser humano es profundamente frágil, necesitamos aferrarnos a la eternidad. Dioses y naciones han servido a los hombres para unirse en torno a una bandera o una fe. Dioses y naciones son ansiolíticos ante la ansiedad vital.
Puede que mi profesor Monedero se haya convertido en psicoanalista, no lo se. Pero lo que puedo comentar aquí al respecto es que, quizás, para él, que los hombres se hayan unido en torno a ideas de nación o en torno a ideas de Dios sea poco importante o despreciable. ¿Acaso existen hombres que puedan vivir aparte de una idea de nación (biológica, étnica, política, fraccionaria; las ideas de nación también muestran la pluralidad del concepto) o de Dios, de religión, etc.? Pero es que dioses y naciones no son meras ideas que floten en el aire, sino que son ortogramas, que organizan, engrasan, y engarzan y entretejen comunidades enteras de hombres, incluso sociedades enteras de millones de personas. ¿Acaso Monedero defiende el solipsismo de Max Stirner ahora? Lo dudo, porque para él lo que debe ser leit motiv de todos los hombres, independientemente de su nacionalidad (étnica, política, biológica o fraccionaria-separatista) y de su fe, es "la democracia". Y eso no nos dice nada. Pues la democracia no puede ser tomada como una idea que flote en el aire. Lo importante de las religiones no es Dios, sino las instituciones y estructuras realmente existentes que organizan las religiones (ceremonias, ritos, templos, libros, encíclicas, cuerpos profesionales de sacerdotes), y lo mismo pasa con las naciones (que son, sobre todo, territorio y población delimitados frente a terceros y reconocidos por esos terceros; las naciones se organizan según poderes políticos diversos, ejecutivo, legislativo, judicial, gestor, planificador y redistribuidor -estos tres a nivel de política económica-, diplomático, federativo y militar). Y lo importante de las democracias no es "el pueblo", pues "el pueblo" en la izquierda populista (y en la derecha populista también), sino los métodos de voto, los partidos, las urnas, las leyes de voto y de representación electoral, las encuestas pre y post electorales, etc. Pues eso es la democracia realmente existente. La perspectiva de Monedero, a nivel filosófico, es idealista y no materialista. Y a partir de aquí, se puede empezar a entender mejor su monólogo-mensaje.

Sigue el profesor:
Pero los dioses y las naciones solo existen cuando se les nombra. Pero, ay, cuidado con nombrarlos mal. Si tocas a un Dios o a una nación estás tocando la trascendencia, y con esas cosas no se juega. La gente te puede acompañar incluso hasta la muerte, pero ni un paso más allá.
Si se entiende aquí nombrar por reconocer, esto es, por homologar una nación a otras, que es lo que ocurre en organismos internacionales como la Organización de Naciones Unidas, la Unión Europea, la OTAN, el ALBA, el Mercosur, la ASEAN, la CEI, la Unión Africana, etc., entonces sí, pues eso, y no otra cosa, es reconocer la existencia de naciones, de Estados-nación. España por ello es una nación política (y lo es desde la Constitución de Cádiz, aunque España como Estado unido, como nación histórica, exista desde los Reyes Católicos, e incluso la idea de España como nación histórica, tal y como reconoce Marx en "La España Revolucinaria", se remonte a Covadonga y Sobrarbe), y por eso Cataluña es, le pese a quien le pese, una región de España, y si tiene Historia la tiene porque es Historia de España. Si no se entiende así lo del reconocimiento, se está asociando la idea de nación al Coco o al Hombre del Saco. Algo muy propio de mi querido profesor Monedero, cuyas clases y monólogos gustan porque en vez de un profesor de Universidad en ocasiones parece un cuentacuentos.

Pero ya me temo la primera reacción: "Ay, Santiago, te ofendes porque eres nacionalista español". No me ofendo por España en todo caso, sino por el puñetazo directo al estómago de la filosofía política que estos argumentos aparentemente apátridas suponen, más propios de alumnos de Primero de Políticas tomados como niños que de politólogos y filósofos serios. Para empezar por equiparar naciones políticas realmente existentes con naciones étnicas o fraccionarias, y para acabar por relacionar la idea de trascendencia con algo metafísico o irracional. Pues trascendental también tiene un sentido positivo que Monedero ignora, y es todo aquello que ha rebasado, traspasado, los contextos espaciales y temporales de origen constituyendo círculos de realidad cada vez más amplios hasta, en el límite, constituir el Mundo. Es lo que ocurre con muchas ideas científicas que se convierten en trascendentales, filosóficas, cuando traspasan sus límites categoriales precisos. Y también pasa con la Politología. Si la idea de Cataluña es trascendental lo es porque está asociada a una idea trascendental, en sentido materialista, mayor, como es la idea de nación española. Idea que es trascendental también más allá de la muerte de los individuos y de los fallecimientos de las personas en sentido institucional. Incluso el Imperio Romano, fenecido siglos ha, es trascendental más allá de sus contemporáneos en tanto que sigue presente, en mucho, en la mayoría de sociedades políticas nacidas de él y de esas mismas sociedades políticas herederas, como ocurre con las naciones iberoamericanas respecto de Portugal y España, herederas de la Hispania Romana. Pero claro, esto es materialismo, y el monólogo de mi profesor es idealista en sentido filosófico, como es idealista todo discurso apátrida.

Sigamos:
Lo entendió Napoleón, nadie va a morir por un trapo de colores y suena una trompeta, la cosa  ahí realmente cambia.
El poder militar es esencial en toda sociedad política, incluso en su versión más caricaturesca como las guardias vaticana (el Vaticano es heredero de un Estado militarizado, los Estados Pontificios medievales y modernos) o de San Marino. ¿Acaso no será porque cuando "suena la trompeta" el soldado sabe que debe formar filas pues está oyendo el toque de campana para trabajar? ¿Y acaso el oficio de soldado, más allá de una idea metafísica de "represión" no es defender su patria? Y cuando la trompeta suena atronadora, ¿no será porque estamos ya en casus belli? Monedero no es antimilitarista, su cercanía a Chávez así lo prueba, pero si el toque de trompeta lo hace en el caso de España, o de cualquier nación occidental "imperialista" quizás su idea cambie. Y puede que la Historia le de motivos, siempre ideológicos, para ello, pero dicho así su axioma se vuelve también caricaturesco por ingenuo. ¿Y acaso la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano no se expandió, sin desmerecer el periodo de revolución caliente anterior en Francia, por obra y gracia de un Napoleón que como emperador transformó las monarquías absolutas de su entorno europeo de manera irreversible? ¿Acaso Napoleón Bonaparte no encarna, mejor que nadie, la verdadera Revolución Política? A mi juicio, sin duda.

Volvamos al monólogo:
La filosofía sirve para enfriar la religión.
A no ser que piense que personajes como San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Averroes, Avicena, Maomónides, los escolásticos españoles de la Escuela de Salamanca (Suárez, Mariana, Sepúlveda, etc.), el padre Feijóo, Balmes, no son filósofos por el mero hecho de ser religiosos, entonces no se entiende esta frase. Pues justo hacen lo contrario, reconcilian religión y filosofía porque filosofía y religión son co-genéricas. No en vano, el padre de la idea de Dios es Aristóteles con su idea de motor inmóvil, que tanto ha influido en el cristianismo y en el Islam. Incluso los filósofos no religiosos y antirreligiosos, los llamados "de la sospecha", como Feuerbach, Marx, Nietzsche y Freud (más filósofo que científico, todo sea dicho) calentaron la religión más que ningún otro. Otra cosa sería rastrear la impiedad implícita en todos esos filósofos religiosos, hasta llegar a Spinosa por ejemplo y su supuesto "panteísmo" (ver el libro "El materialismo de Spinosa" del mayor experto mundial en este filósofo holandés, el español Vidal Peña), para ver cómo todo ello da lugar al materialismo filosófico. Pero esta cuestión es compleja y amplia y rebasa, es trascendental, a lo que tratamos de analizar aquí.
La Historia debía servir para enfriar el nacionalismo, a no ser que sea de encargo.
Dice Monedero. Una Historia ideologizada y apátrida, imposible. Pues la Historia es Historia, sobre todo, de Estados, pues son los Estados los que hacen la Historia, y más cuando son Imperios. "¡Anatema! ¡Facha!", podrán decirme algunos ahora. Bueno, si el único recurso para refutar que el motor de la Historia es la dialéctica de Estados (y a través de ella, y en sentido mixto con ella, la dialéctica de clases) es el caca-culo-pedo-pis izquierdista, entonces es mejor tratar de buscar otros argumentos. La Historia no enfría nada, la Historia estudia hechos históricos, los cuales se dan siempre en el marco de la dialéctica de clases y de Estados. El estudio de otro tipo de fenómenos "intrahistóricos" es materia de otras disciplinas como la Antropología o la Sociología.

Y si con encargo se refiere al simposio "España contra Cataluña", bueno. Toda Historia es de encargo, pues al Historiador hay que pagarle. Otra cosa es que el historiador sea un poco puta y le de igual quien pague, y se ciña a quien le pague para hacer Historia-Ficción.
Antes de que inventáramos el lenguaje no existían los dioses, y antes de que alguien cercara un trozo de terreno y dijera "Esto es mío" no existían las naciones.
Para empezar, el lenguaje y las naciones no se "inventan", se conforman históricamente. Pero aquí lo importante es señalar que, además de parecer que flota en esta frase las ideas refutadas por la Antropología contemporánea de Engels en su celebérrimo "El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado" (no es la propiedad privada la que hace nacer el Estado, sino que es el Estado, como conjunto complejo de instituciones, surgido de la unión de diversas comunidades humanas pre-estatales a la hora de apropiarse conjuntamente de un territorio -sí, para mí el Estado no nace en la época de Maquiavelo, sino que es muy anterior-, el que organiza la apropiación), parece que flota también en el aire la idea no ya de comunismo primitivo y comunismo final, sino algo más inquietante, una pregunta que lanzo al aire. ¿Acaso Monedero es partidario, para librarnos de dioses y naciones, de las tesis expuestas en el libro "Malestar en el tiempo" de John Zerzan, donde se dice que el mal aparece con el nacimiento de la agricultura? ¿Acaso este izquierdismo apátrica no acaba siendo solidario de la barbarie, de la pre-civilización?
No es verdad que las cosas eternas vengan de tan lejos. Ni en Atapuerca estaba España, ni en Montserrat había abierto el cielo La Moreneta.
Y aquí se plasma, se sintetiza, en esta frase, el izquierdismo apátrida en toda su esencia. Nada es eterno (cierto), ni hay verdades absolutas (cierto). Pero las verdades son concretas, objetivas e históricas, y el influjo de estas verdades concretas, objetivas e históricas es trascendental en tanto rebasan incluso su círculo espacio-temporal, como la verdad de la existencia del Imperio Romano rebasó su propia existencia espacio-temporal. El populismo democratista acaba equiparando una verdad objetiva, España, a una mentira, la "nación catalana oprimida desde 1714" como si de un relato de Tolkien estuviésemos hablando. Y lo hace porque para el populismo democratista, incluso diciéndose patriota como Turrión (¿desde cuándo un patriota es partidario de balcanizar, incluso mediante el voto siempre fragmentado y no unitario-nacional, su patria?), lo importante, lo que sustancializa e hispostasía, es el procedimiento democrático, al "pueblo".
Nacer en un sitio o en otro es un azar. Hoy Portugal podría ser España y Cataluña podría ser Francia o incluso un Estado propio. Hacer una virtud de un azar no es para tirar cohetes.
Negar el azar no supone caer en el determinismo metafísico, sino afirmar que la Historia está sujeta a un determinismo causal que no niega la libertad de los sujetos para obrar. Nacer en un sitio no es un azar, pues si Monedero, hagamos una hipótesis absurda pero que sirva para ejemplificar bien esto, hubiese nacido en China, sencillamente no hubiera sido Monedero. Un Juan Carlos Monedero chino es imposible, porque el individuo histórico y la persona institucional conocida y re-conocida como Juan Carlos Monedero solo puede ser quien es en las coordenadas espacio-temporales en que vive y se desarrolla. Y no podría ser de otra manera. El apatridismo es siempre idealista y no materialista, como ya señalé.
En cambio, escoger con quien compartir la vida social, muy por el contrario, es un gesto de libertad.
Aquí Monedero justifica el "derecho a decidir" de los separatistas, y lo hace porque no es consciente de lo liberal que puede llegar a ser el izquierdismo populista. Pues, ¿qué diferencia habría en que un grupo de españoles, solo por haber nacido en municipios catalanes, quiera conformar un Estado a que otro quiera conformar una comuna canibal? Ah, claro, que el límite son los "Derechos Humanos" de 1948, derechos cuya fundamentación material y formal no reside en grupos anatómicos, sino en algo atómico-holizador como es la única institución que a la vez es individual y universal, la personalidad humana. En todo caso, el apatridismo acaba siempre, en el caso de España, ser antiespañol, porque ese "gesto de libertad" siempre va en contra de la soberanía nacional española que ha de reclamarse cuando se defiende que no todos los españoles son iguales ante la Ley, porque sobre la unidad de España, cuestión que compete a todos, tanto Monedero como Turrión et allii, ceden esa decisión solo a una parte, esto es, a los españoles censados en municipios catalanes. Esto supone tres cosas: a) que aquí se entiende la democracia en sentido municipal de manera muy similar a la democracia orgánica falangista, que ha inspirado tanto a la socialdemocracia española en sus orígenes; b) que aquí se asocia todavía la idea de España con Franco o la "derecha" (cosa que es para tratar también aparte, pero que supone una sustantificación supuestamente antifranquista de la figura histórica del dictador Franco); y c) que la negación de la soberanía nacional española, en el sentido jacobino y liberal en particular, y en general de todas las izquierdas definidas antedichas, acerca a Monedero y a Turrión et allii, mal que les pese, a la derecha política.
Que la nación tenga unas fronteras u otras es fruto del azar de la Historia.
Me remito aquí a lo dicho anteriormente sobre el azar y el determinismo causal.
En cambio que la gente con la que convives sean más o menos libres, más o menos iguales, eso es fruto de las luchas. 
Debe ser que las fronteras de las naciones no son fruto de luchas. Que las guerras no son parteras de la Historia, sino fruto del azar y de la inhumanidad. Antimarxismo por un tubo, profesor.
Las identidades y los derechos van y vienen. Unas cambian, otras en cambio crecen. Por los derechos somos capaces de morir, por las identidades algunos son capaces de matar. 
Y las identidades malas son las que se van, y las buenas las que "vienen". Lo dicho, visión lineal de la Historia siempre a "mejor" a pesar de los avatares. Por otra parte, ¿acaso los derechos individuales de la persona no están garantizados y administrados por Estados con una identidad nacional propia? ¿Acaso la identidad nacional de un Estado no es lo que garantiza las identidades libres de sus ciudadanos? ¿Acaso el sujeto libre flota en el aire? ¿Criptosolipsismo en un discurso aparentemente social? Yo diría que sí.
No (ininteligible) que nadie nos haga más frágiles. En 1795 los esclavos negros de Haití se hicieron con el poder en nombre de los principios de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Napoleón entendió que eso no era cosa de esclavos y mucho menos negros.
No es equiparable el caso catalán al de Haití. Pero en todo caso, Haití, tras su independencia, y hasta hoy, es el Estado más miserable de toda América, y su soberanía política no ha estado jamás acompañado de una verdadera independencia económica (neocolonialismo). Ahí Napoleón fue depredador, sin duda. Pero, a mi modo de ver, a los haitianos les hubiese ido mejor si hubiesen seguido siendo franceses como lo son los de la Guayana. Multiplicar los Estados en el Mundo (en doscientos años hay caso doscientos Estados independientes, casi a uno por año, algo que en el futuro tendría que analizarse como inherente a un sistema capitalista de producción, y además Estados disímiles en poder, extensión, población y recursos entre sí), no ha ayudado a que el Mundo sea "mejor", ni "peor", sino como es, que ya es suficientemente desalentador.
¿Quién tiene "derecho a decidir"? La democracia es un régimen legítimo porque creemos que escogemos pero ¿todos podemos hacerlo?
Ya he hablado de esto, y lo vuelvo a repetir: la soberanía nacional de España reside en todos los españoles, y negar ese derecho a todos los españoles supone situarse a la derecha de la idea de nación política y legitimar un expolio, un robo de territorio, a todos. ¿Acaso no hay cosa más publica y mayor defensa de lo público que la defensa de la unidad de la patria? Esto es algo que la izquierda populista, aún llamándose patriótica, parece no querer hacer suyo.
La derecha española ha necesitado creer en una España eterna, visigoda, católica, monárquica, imperial y, por supuesto, clasista. La izquierda ha tratado de construir otra, pero no ha estado a la altura.
No entraré aquí a hablar de lo esencial que estas cuestiones son para la Historia de España. Sino que haré una pregunta simplemente: ¿cuál es la idea de España de la "izquierda" mainstream, comercial, española? La desconozco, y el democratismo no supone per se una idea de nación. Salvo que el democratista sea Albert Rivera o Rosa Díez (a tratar en otro post). Somos la "izquierda underground" los que tenemos una idea de nación española, política, mucho más potente que estos mainstream que cada día me recuerdan más a los metaleros glam angelinos de finales de los setenta y principios de los ochenta del siglo pasado.

Si se reconoce una derrota, el no "estar a la altura" de construir una alternativa nacionalista española a la derecha, ¿acaso la solución es balcanizar España? Esta izquierda mainstream, tan antifranquista ella, le otorga a Franco la victoria definitiva, la de la idea de España, la victoria filosófica y teórica. Y quizás por ello sustancialicen tanto su figura. Pues les sigue venciendo muerto, mal que les y nos pese, hace décadas.
En Cataluña los trabajadores llevan un siglo pensándose a sí mismos, a veces al lado de la burguesía catalana, a menudo enfrente.
Aquí no se dice nada, pero sí queda claro que se tiene una idea de clase social en sentido atributivo universal, y no distributivo, ni siquiera mixto. Las clases sociales están distribuidas en Estados, son clases nacionales (los obreros sí tienen patria, y la tienen más cuando, en la revolución y la toma del poder, se elevan a clase nacional), pero en esta frase del profesor Monedero no hay internacionalismo proletario, sino cosmopolitismo.
La España a la que ayer no le gustaba la Constitución hoy utiliza esa misma Constitución para volver a frenar la democracia.
Al contrario, la España más franquista fue la que refrendó la Constitución Española de 1978, pues la Constitución Española de 1978 fue, realmente, la última ley orgánica del régimen franquista. Pues la monarquía de 1978 es un sistema político heredero del anterior (y no de la Segunda República como pensaba Zapatero). Ahora bien, ser hijo no significa ser igual que el padre. ¿Acaso la Rusia actual, sin negar sus elementos políticos soviéticos, es la URSS rediviva? No, en absoluto. Y fueron los comunistas del PCUS los que acabaron con la URSS, como son el PSOE y el PP, junto con los separatistas, los que desde Madrid, Barcelona y Vitoria están tratando de acabar con España. Pero, como decíamos, el hijo no es igual que el padre, sin dejar de reconocer la paternidad, y la democracia realmente existente aquí no es la democracia democrática democratista de asociaciones izquierdistas separatistas subvencionadas por la burguesía catalana, la burguesía más agresiva de España, o de partidos políticos donde militan universitarios como la CUP (solo un democratista populista puede pensar así), sino que lo es la nuestra actual, de 1978. Y el límite a todo Estado de Derecho, democrático o no, es su ordenamiento jurídico-constitucional, el cual trata de ordenar y moderar los distintos ordenamientos morales de los distintos grupos que conforman la nación. ¿Acaso una Cataluña independiente no pondría límites a, por ejemplo, hipotéticos separatistas del Valle de Arán? ¿Tan ultraliberal es Monedero que estaría de acuerdo con que, democráticamente, un grupo de paletos conformen un Estado paleto que, cuanto más pequeño sea, más insignificante y títere de otros será?
Y para que a algunos no les duela España parece que tiene que dolerles a otros Cataluña. Hoy Cataluña suspira, y de las costuras de España sale, como no podía ser de otra manera, un "quejío".
Conclusión:

 En este monólogo aparentemente apátrida pero realmente poco favorable a España de más de dos minutos de mi profesor y admirado y querido Juan Carlos Monedero, lo que encontramos son una serie de ideas que más que "emancipar" en la línea argumentativa monederil, lo que hace es situar a todos los españoles, catalanes incluidos, a España entera, no en una emancipación, sino en una mayor servidumbre. Parece que la ideología izquierdista española, en su contacto con Venezuela, poco ha aprendido de las lecciones patrióticas que en la patria de Bolivar se implementan día sí y día también. Y es que esta izquierda española mainstream, hoy populista, antes de la conformación del populismo, ya existía, y ya era mainstream, y ya era fatal para España. Y lo seguirá siendo mientras sea mainstream. Y por eso, el underground debe, y puede, sacar a flote sus deficiencias por su bien, y por el de todos.