viernes, 24 de enero de 2014

FC Barcelona: ¿Por qué? Por política


Artículo publicado en Izquierda Hispánica el 28 de abril del 2011:



El fútbol es política. No cabe duda. Minimizar el fenómeno mundial del fútbol como algo meramente deportivo es no poder, o no querer ver, que el deporte, especialmente el deporte que mueve masas, que tiene un desarrollo colectivo dentro y fuera de su campo propio que moviliza a millones de personas, es política.

El fútbol nacional español es, definitivamente, política. Cuando la selección española ganó la Eurocopa (2008) y el Mundial (2010), aquello se convirtió en una reivindicación pacífica de la españolidad de nuestros compatriotas, independientemente de que esa españolidad fuese confusa y no articulada hacia fines políticos más concretos. Cuando se acusó a la amplia masa de trabajadores españoles que celebraron el título de su selección nacional como “pequeñoburgueses” (solo por sacar una bandera, la rojigualda, que todavía, errónea, torticera e interesadamente muchos relacionan con Franco), especialmente algunos medios de “izquierda” y algunos de “derecha” secesionista, estaba claro que el triunfo futbolístico español no podía primar sobre los intereses neofeudalistas de extrema derecha de grupos políticos secesionistas, especialmente catalanes. La consigna era clara: hay que hacer olvidar lo antes posible los logros de “la roja”, tiene que volver a primar el fútbol de clubes en España, las pasiones desatadas de separatistas (catalanes) y separadores (esos españoles que no consideran a los catalanes como españoles, que los llaman “polacos”, dando muestra de una idea de España más cerca de Hitler que de las Cortes de Cádiz).

El nacionalismo catalán es ya nacional-barcelonismo. El FC Barcelona es la punta de lanza del nacionalismo catalán. Juan Lapuerta y José Guardiola, entre otros, han hecho más con su soberbia y su prepotencia, por la separación entre españoles que Carod-Rovira y Arturo Mas. Aunque el proceso secesionista empezó con la Transición, y las décadas de dominio de Jorge Puyol en la Generalidad de Cataluña, adoctrinando en el odio a millones de españoles hacia sus congéneres y compatriotas (sobre todo muchos charnegos), hoy por hoy, la mayoría de los catalanes no son independentistas. Sin embargo, la estrategia es clara: el fútbol, el Barsa, y los sentimientos asociados al amor a unos colores deportivos, ayudarían a conseguir más rápidamente la independencia, el expolio, de una parte de España del resto de la nación. El Barsa es “más que un club”, y la política muestra por qué.
José Mouriño, portugués, hermano iberoamericano, se preguntaba “¿por qué?”, la respuesta, porque el fútbol es política. Interpretando torticeramente el pasado, se toma al Real Madrid como representante de “la derecha”, del franquismo y del españolismo rancio. Sin embargo, el FC Barcelona fue el equipo que más copas del Generalísimo Franco y, posteriormente, más Copas del Rey, ha ganado. Más equipo del régimen que el Barsa no lo hay, sin negar el uso político que durante la dictadura se hizo del dominio del Real Madrid en Europa. Pero, mientras el Real Madrid es un equipo que puede llegar a representar a muchos españoles, el Barsa, a pesar de tener seguidores en toda España y en todo el Mundo, resulta ser una institución particularista utilizada para apuntalar la supuesta superioridad moral, política, social, económica y, sí, racial –según ellos- de los catalanes sobre el resto de españoles. Y ello a pesar de que muchos jugadores del Barsa no son catalanes. Pero la ideología dominante es la ideología de la clase dominante, y en Cataluña y Madrid, la clase dominante odia, desprecia y ningunea la unidad de España.
Así pues, Izquierda Hispánica considera necesaria la denuncia del uso del barcelonismo para fines contrarios a la unidad de España, a la unidad de la clase trabajadora española y contraria a la necesaria unión política, económica e institucional de España con el socialismo realmente en marcha en Iberoamérica, el lugar donde la dignidad nacional española puede recuperarse totalmente. En Izquierda Hispánica hay seguidores culés, y ellos más que nadie sienten necesario recuperar un barcelonismo no ajeno a la idea de España, generoso y futbolísticamente hablando extraordinario, como el actual, pero sin chanchullos arbitrales y políticos apoyados por un Ángel María Villar que no perdonará jamás a Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, el no votarle para su reelección hace ya unos años; mientras Villar sea presidente de la Federación Española de Fútbol, el FC Barcelona será un equipo privilegiado.
Juan Lapuerta, neofeudalista y burgués catalán, Ángel María Villar, presidente de la Real Federación Española de Fútbol y José Luis Rodríguez Zapatero, presidente socialfascista de España. Aquelarre político riéndose de España.
Por ello, hoy más que nunca, hay que luchar contra el nacional-barcelonismo. Hay que futbolizar la política en clave hispánica, socialista e iberoamericanista. Hay que luchar contra el barcelonismo de signo neofeudalista y el poder político barcelonista-secesionista antiobrero, antisocialista y antiespañol que han hecho del Barsa el equipo del régimen, mimado desde Madrid. Por el Barsa, por España, no cabe otra que denunciar lo que ya Mouriño denuncia. El FC Barcelona ha de ser una institución de la que los españoles se sientan orgullosos, como a muchos nos ocurre. Y no una institución sembradora de odio, rencor y violencia política de consecuencias impresivibles. El fútbol es política. Pues hagamos Política.