martes, 25 de febrero de 2014

El socialismo según Gustavo Bueno


Publicado en Diario Octubre el 25 de febrero de 2014:


El último artículo de Gustavo Bueno titulado "El socialismo como idea fuerza, ética y moral", publicado en El Catoblepas (nº 144, febrero 2014, p. 2) (http://www.nodulo.org/ec/2014/n144p02.htm) sobre la socialdemocracia en particular y el socialismo en general, creo merece algunos comentarios que no pretenden ser más que unas meras reflexiones críticas tras una primera lectura del mismo. 


En resumen, y según Bueno: a) el término socialismo, en sentido filosófico, se opone a individualismo; b) el término socialismo, en sentido político, ha sido secuestrado por los partidos socialdemócratas en particular y por los partidos "de izquierdas" en general; c) el hombre socialista (socialdemócrata o comunista) confía en que todos sus actos, desde los más cotidianos a los más políticos, conllevan dar un paso más hacia el final aureolar, regulador e inevitable, de la sociedad socialista, lo que le daría unas ínfulas no solo de creer que es un hombre nuevo, sino incluso superior, a los hombres no socialistas; y d) quien vive preso de estas ideas es un ignorante que no se da cuenta de las "estructuras polémicas y aún trágicas" de las sociedades políticas.

La pregunta obvia es: ¿qué propone Gustavo Bueno como alternativa a esta forma de pensar el socialismo que, dicho sea de paso, tiene su funcionalidad reguladora del comportamiento humano y social, de la misma manera que lo pueden tener el cristianismo o el Islam, algo que él reconoce y que, prudentemente, no lo crítica como algo malo per se? La respuesta, también obvia es: Nada. La distinción bueniana entre socialismo genérico (filosófico) y socialismo específico (socioeconómico y político) está muy bien a nivel ontológico y gnoseológico, pero a nivel político y económico no resuelve absolutamente nada. Y ni resuelve ni pretende resolver, porque para Bueno y su entorno, la filosofía no tiene que decirle a la gente, al Mundo, por dónde tiene que ir, sino simplemente "triturar los mitos oscuros y confusos que envuelven a los hombres en las sociedades del presente". Sin embargo, Bueno no ha podido evitar implicarse políticamente a lo largo de su vida en distintos ámbitos y circunstancias tratando de, sí, hacer lo que siempre ha hecho la filosofía desde "La República" de Platón: tratar de decirle a los hombres por dónde tenían que ir, y esto desde sus intervenciones en defensa de la minería asturiana frente a Maastricht en 1991 o sus alegatos contra la OTAN en 1985, hasta su filiación a la Fundación DENAES de Santiago Abascal o su disposición de votar a Mariano Rajoy "por su idea de España y su oposición al aborto". Sean estas líneas correctas de actuación o no, hacen al filósofo implicarse en el Mundo, y con sus acciones, entretejidas e inseparables de su doctrina, le dice al Mundo (al menos a sus pupilos que también son parte del Mundo) por dónde han de ir, y van.

Es decir, supone en filosofía una contradicción flagrante el propugnar la mera acción crítica de los mitos oscuros y confusos de la Historia hasta el presente sin proponer una reconstrucción (o "deconstrucción") de las ideas que manejan los hombres, y al mismo tiempo hacerlo, o preparar las herramientas necesarias para, quizás, poder hacerlo. Pues así ocurre con su teoría de las instituciones, de la lógica de clases, de los cierres categoriales en "ciencias humanas", en su defensa de la nación política y no del "sufragio universal" como concepto político positivo sobre el que reorganizar las sociedades del Antiguo Régimen en uno nuevo ya desde la Revolución Francesa, dando lugar así a las izquierdas políticas, frente a la unión de Trono y Altar y la conservación de los privilegios y la organización orgánica de la sociedad de la derecha política (las izquierdas atomizarán esos organismos reconstruýendolos en naciones políticas donde los súbditos dejarán de serlo, formalmente, para ser ciudadanos). Pero todo ello se queda en nada por la tendencia intrínseca del materialismo filosófico de Bueno hacia el nihilismo crítico en tanto esa reconstrucción crítica de conceptos políticos, y de la mano de un pluralismo que roza el atomismo, se diga que la derecha también realiza estos procesos "holizadores" y que puede ser también universalista y racionalista (como fueron las sociedades cristianas e islámicas del Antiguo Régimen). Y en parte también ocurre en este artículo, donde al mismo tiempo que se habla de "secuestro" del término socialismo (que es un "secuestro" fruto de una batalla política estratégica que todavía no ha acabado), se puede llegar a pensar que "todo es socialismo", tanto el Antiguo Régimen como el Nuevo, tanto una sociedad anónima como un sindicato de clase, tanto un régimen racista como otro antirracista, quedando fuera del socialismo como término omnipotente y totipotente en las coordenadas buenianas solo el "individualismo filosófico" y su extremo, el "solipsismo". Pero eso, en lo que respecta a la vida política, no aclara nada, sino que más bien confunde, pues si todo es socialismo, nada es socialismo.

El materialismo filosófico de Gustavo Bueno, a mi juicio, debería ser estudiado con profusión por muchos socialistas actuales, particularmente los marxistas y los marxistas-leninistas españoles e iberoamericanos, en tanto que Bueno y su doctrina rellenan un hueco histórico de más de 200 años en España donde, como diría el historiador Antonio Nadal Sánchez, la dialéctica de Hegel (no digo que Bueno sea "hegeliano" en sentido estricto, pero sí es quien ha introducido con mayor éxito parámetros hegelianos en España en conexión con nuestra tradición filosófica particular) ha brillado por su ausencia estando aquí más influidas las izquierdas por el humanismo universalista y escatológico de Krause, cuya influencia en la socialdemocracia en particular y en las izquierdas en general (incluidos muchos nuevos Partidos) es abismal. Por eso hay que entender el materialismo filosófico desde posiciones socialistas: para salir del embrollo krausista-masónico en que muchas izquierdas se encuentran desde hace dos siglos. Pero siempre advirtiendo las problemáticas que el materialismo de Bueno conllevan: el nihilismo anti-reconstructivo a nivel práxico de su acción crítica filosófica contradictorio con el quehacer práctico-práxico de todo filósofo (todos los hombres son filósofos, también el hombre político, y a veces el hombre político y el filósofo son uno, el "filósofo-rey" como lo fueron Lenin o Stalin), el gnosticismo al que lleva su filosofía (que confunde la "implantación política de la filosofía crítica" con, simplemente, estar como "injertado" en el Mundo, existir y "pensar contra alguien", dando por hecho que los que comparten esta forma de "entender la implantación" están ya "salvados", al menos, de esos mitos oscuros y confusos que el materialismo filosófico de Bueno dice "triturar", acercando este sistema filosófico a lo que el propio Gustavo Bueno calificó como doctrinas e instituciones "salvíficas" como los pitagóricos o los psicoanalistas, es decir, a una -en sus términos- "hetería soteriológica"), y el teoreticismo (que trata de explicar el Mundo desde una doctrina que, en ocasiones, no es capaz de asimilar la evolución constante de ese mismo Mundo y que, por ello, se queda platicando sobre él desde sus categorías ya establecidas sin capacidad de absorción de conceptos nuevos que permitan reestructurar las ideas que de esa dialéctica se derivan).

Y estas problemáticas evidencian, también, que los buenistas o buenianos, deberían leer más teóricos socialistas, comunistas, desde los años 1970 hasta la actualidad que no han leído para ver que, en muy buena medida, esas ideas aureolares del socialismo y del comunismo marxistas-leninistas hace tiempo que fueron abandonadas, como así se ha abandonado la idea de la destrucción del Estado y de las clases sociales por parte de muchos marxistas que, por caminos disímiles, han avanzado a posturas que, en este aspecto, no distan mucho de las sostenidas por Bueno respecto al Mundo socialista o comunista futuro. Y eso ocurre dentro de muchos partidos comunistas o socialistas actuales que, tras la caída del Muro de Berlín y de la Unión Soviética, siguen reclamando el materialismo histórico como doctrina filosófica a seguir pero sin sus elementos escatológico-teológicos de antaño. Algo que parece haber obviado Bueno, quizás, porque no está al día de estas cuestiones. Y de ahí artículos como este último, en donde repite esquemas críticos de hace cuarenta años sin renovación alguna.

Quizás, solo si los marxistas-leninistas estudian bien a Bueno y si los buenistas estudian bien las nuevas corrientes contemporáneas del materialismo histórico, la filosofía de Gustavo Bueno pueda tener una oportunidad entre esas "izquierdas" que, según él, "secuestraron" el término socialismo sin contar, si acaso, con los aspectos positivos a nivel ético, moral y político de ese "secuestro", por no hablar de las vidas que por el camino se quedaron en la lucha por hacer propio ese término (o el de comunismo). Por el momento, el ejercicio crítico bueniano tal y como yo lo veo lleva a un posicionamiento político que, en la práctica, solo lleva a la mera administración política de los asuntos administrativos. Lo cual no dista de la concepción de la política y del Estado que pueda tener un registrador de la propiedad como el presidente de España, Mariano Rajoy. La filosofía de Bueno puede ser una anécdota histórica seguida por unos (muy) pocos si, precisamente, esas "izquierdas" que critica no le estudian y le analizan, si acaso críticamente, de una manera mucho más sistemática a como lo hacen sus, actualmente, marginales pupilos. Porque el sistema de Bueno puede ayudar, a mi juicio, a poder conformar unas ideas de socialismo, de clase social, de sujeto revolucionario, de Estado o de acción política que, con elementos de otras doctrinas (marxismo soviético y occidental, entre otras) pueden dar lugar a resultados interesantes y provechosos.