lunes, 17 de marzo de 2014

Breves reflexiones sobre la reunificación de Crimea con Rusia


Publicado en Diario Octubre, Alternativa Ciudadana Progresista y en la web del Partido Socialista del Trabajo:


El referéndum de ayer en Crimea, que ha posibilitado que esta península vuelva a ser parte de la nación política rusa, me lleva a escribir estas breves reflexiones:


1) Las líneas que se entretejen y destejen en la dialéctica histórica son insoslayables, insalvables y determinan causalmente nuestro presente, para bien o para mal, en el que, como mejor podemos, ejercemos nuestra libertad para actuar, así como se desenvuelven nuestras sociedades políticas de referencia. Lo mismo ocurre en el Continente Eslavo (ver artículo "Las plataformas continentales: una división geopolítica del Mundo desde las coordenadas del materialismo filosófico de Gustavo Bueno" -http://labalsadepiedra.org/las-plataformas-continentales/-, y el "Apéndice al artículo 'Las plataformas continentales': la analogía de la formación de las plataformas con la tectónica de placas" -http://labalsadepiedra.org/apendice-al-articulo-las-plataformas-continentales-la-analogia-de-la-formacion-de-las-plataformas-con-la-tectonica-de-placas/-), esa plataforma continental inmensa liderada por Rusia y de una influencia determinante en "Europa del Este". Crimea vivió una guerra Moderna con mayúsculas, de las primeras en utilizar armamento producido a escala industrial capitalista, y desarrollada para evitar el crecimiento del Imperio Ruso a costa del Imperio Otomano, apoyado por el Imperio Francés, el Imperio Británico y el Reino de Piamonte y Cerdeña (posteriormente en Italia) entre 1853 y 1856, cuyas consecuencias fueron la derrota del Imperio de los zares, escalón esencial para entender los proceso políticos rusos de los 75 años siguientes, la hegemonía mediterránea de Inglaterra, el principio del fin del Imperio Otomano, el comienzo de los conflictos étnico-religiosos en los Balcanes y la consolidación militar de Prusia, Estado que unificaría a los pueblos germánicos de lengua alemana del centro de Europa en lo que hoy se conoce como Alemania. Las tensiones entre el continente eslavo y el anglosajón no cesaron tras aquel episodio, viviéndose otros episodios de alta tensión geopolítica ya en las dos Guerras Mundiales del siglo XX, primero con un moribundo Imperio Ruso y más tarde con su sucesor, el Imperio Soviético. Crimea, que siempre fue territorio ruso, tras la división administrativa en repúblicas federadas que realizó la URSS, fue regalado a Ucrania por el ucraniano sucesor de Stalin, Nikita Kruschev en 1953, hasta ayer mismo. La Federación Rusa, con menos territorio en extensión que el Imperio Ruso y el Soviético que la precedieron, y tras una década de merma de su geopoder mundial, ha conseguido restablecerse como gran actor político internacional gracias al presidente Vladimir Putin, que sin pegar un tiro, ha conseguido devolver el golpe propinado por la balcanización de Serbia y Kósovo al continente anglosajón hoy liderado por el Imperio Estadounidense, cuya marioneta de la Unión Europea no ha podido ni puede más que observar y patalear consternada ante el hecho evidente de que Rusia ha vuelto y no va a permitir que vuelva a ser utilizado su espacio de influencia y de soberanía como "Lebensraum" anglo-germánico, con vistas a la hegemonía sobre el Área Pivote ruso-asiática que ya el británico Haltford McKinder indicó como área geográfica cuya soberanía estatal suponía la hegemonía geopolítica universal. Aún siendo discutible esta teoría, no es menos cierto que las elites políticas, económicas y militares estadounidenses se la creen a pies juntillas, y de ahí su política de destrucción depredadora del Continente Eslavo.

2) Es cierto que la soberanía nacional de Ucrania ha saltado por los aires con la separación de Crimea de ayer. Pero no es menos cierto que: a) la separación de Crimea no es para crear un nuevo Estado, sino para reunificarse con Rusia; b) la soberanía nacional ucraniana ya ha sido violentada por organizaciones chovinistas, neonazis y neofascistas que han tomado el poder en Kiev aupados por Berlín, Bruselas y Washington, expulsando a Victor Yanúkovich de la presidencia; c) esa misma soberanía nacional ucraniana que parece incuestionable para el Imperio Depredador anglo-germánico no lo ha sido tanto en el caso de Serbia respecto a Kósovo, de Sudán respecto a Sudán del Sur, de Yugoslavia entera durante su proceso de balcanización, ni tampoco, como ha señalado el diario Russia Today, en el caso de las Islas Malvinas recientemente, o de los hipotéticos futuros procesos separatistas en Escocia respecto al Reino Unido o de Cataluña respecto de España, como tampoco lo serían en el caso del Turkestán Oriental y de Tibet respecto a China, el Zulia respecto de Venezuela, Santa Cruz respecto de Bolivia, Quebec respecto de Canadá o la región Mapuche respecto de Chile, o incluso en el caso de la colonia británica de Gibraltar al sur de España (ver: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/122438-referendum-occidente-crimea-ucrania-kosovo). No es una cuestión de autodeterminación, sino de heterodeterminación: los procesos de autodeterminación también siguen líneas históricas de siglos que no pueden obviarse en ningún análisis, y el reparto total de la Tierra debido a la dialéctica de clases y Estados sigue, continúa, y no va a terminar jamás. Y si un Estado es incapaz de defender patrioticamente sus fronteras y su unidad, otros se aprovecharán de esa debilidad y se apropiarán directamente (Rusia con Crimea como Imperio Generador) o indirectamente (el Imperio Estadounidense respecto a Sudán del Sur, Alemania respecto de Kósovo, ambos como Imperios Depredadores) del territorio no defendido por dejadez y/o impotencia del Estado fracasado.

3) Hay que recordar, teniendo en cuenta que lo de Crimea es un proceso de reunificación con Rusia, que esa misma soberanía nacional fue violentada sin escrúpulos por el Imperio Estadounidense y sus aliados externos e internos a la URSS tras el referendum masivo de 1991 celebrado en la Unión Soviética, en el que más del 90% de la población total de la URSS del momento que participó (más de un 80%), y en porcentajes que oscilaban entre el 70% y el 100% en cada una de las repúblicas que celebró consulta (como puede verse en el mapa de arriba), votó por la continuación de la URSS como Estado unido. La votación fue boicoteada en las naciones bálticas, en Moldavia (no en Transnistria y Gagauzia), en Armenia y Georgia (no así en Abjasia). Este gran referéndum fue votado en marzo, pero entre agosto y diciembre los presidentes de Bielorrusia, Ucrania y Rusia (Yeltsin) acordaron la partición de una superpotencia mundial sin precedentes históricos en muchas de sus características. Fue en el Tratado de Belavezha, acuerdo que jamás ha sido criticado por los oligarcas y la gran burguesía anglogermánica que hoy se escandaliza porque Crimea vuelva a ser rusa y, también, porque el auge del neofascismo en Ucrania y otras naciones de Europa del Este haya permitido la resurrrección del antifascismo, el comunismo y el patriotismo cívico en Rusia y otras naciones de su entorno geopolítico.

4) Para terminar, hay que admitir que, de la misma manera que hay procesos de balcanización en el Mundo, de destrucción de Estados, los hay también de reunificación y unificación. Así está ocurriendo con Crimea y Rusia, así ocurrió (dos veces en la Historia) con Alemania, ocurrió con Yugoslavia, con Checoslovaquia, con el Yemen, con Tanzania (unión de Tanganika y Zanzibar), con Italia y, mucho antes, con la Monarquía Hispánica. De hecho, si fuesen coherentes los oligarcas y la gran burguesía de los Estados depredadores anglo-germánicos y aliados, deberían reconocer que la soberanía nacional de la Unión Soviética fue absolutamente violentada, tras el referéndum de marzo de 1991, por ellos mismos, y que la mera existencia de Ucrania como Estado, y del resto de Estados surgidos tras la desaparición de la URSS, es un gran error histórico que, quizás, podría empezar ahora a enmendarse sobreponiéndose Rusia, junto a sus sólidos aliados de los BRICS, sobre la descomposición misma de Estados Unidos de Norteamérica como Imperio Universal.