jueves, 19 de junio de 2014

Cómo es un ex-buenista antibuenista


Publicado en Crónica Popular:




Este post, que tenía pensado escribir hace tiempo, es una reflexión previa a otro que escribiré cuando toque sobre mi situación respecto no al materialismo filosófico de Gustavo Bueno, sino respecto a su entorno social más directo, pero que necesita de una escritura previa sobre un tipo muy particular de buenista (esto es, de seguidor de Gustavo Bueno) pero que es buenista en un sentido como de "reverso", no se si luminoso o tenebroso o al menos tan tenebroso como el "buenismo", en tanto que se trata de antibuenistas que fueron furibundos, apasionados y radicales seguidores de Gustavo Bueno que dejaron de serlo por motivos distintos pero no tan disímiles entre sí. Este no es un post sesudo, y se me acusará de psicologista, pero no me importa en tanto que el retrato psicológico de un tipo determinado de sujetos con características comunes no deja de ser una caracterización basado en experiencias emic que, etic, podrían corroborarse (o no). En todo caso, creo necesario escribir esto a tenor de mi experiencia personal con este tipo de "personal".

Antes hay que aclarar que yo nunca he sido buenista, ni me ha gustado jamás ese tipo de adjetivo. Frente al materialista filosófico serio (que los hay, de todos los "colores"), frente al que sigue la metodología de análisis del materialismo filosófico de Gustavo Bueno (Ver "Materialismo metodológico como materialismo operatorio": http://www.filosofia.org/filomat/df002.htm), el buenista siempre se ha caracterizado, más que por un seguimiento difuso o consecuente de dicha metodología bueniana (de la misma manera en que no es lo mismo marxista que marxiano, no sería lo mismo buenista que bueniano), por un desmedido culto a la personalidad de Gustavo Bueno y de su entorno, creyendo que Bueno y todo lo que tuviera su "toque" estaba ya bañado de una suerte de Espíritu Absoluto que elevaba, cual Gracia santificante, a todo aquel que lo abrazase de manera apasionada. Todos hemos sufrido ese enamoramiento en mayor o menor grado con Gustavo Bueno, aunque los acercamientos a la doctrina de Bueno y a sus derivaciones, desviaciones y evoluciones han podido matizar dichas pasiones, para bien o para mal, hasta el punto de permitir a algunos desarrollar un cierto estoicismo respecto a Bueno y su entorno que no es incompatible con el control de determinadas pasiones suscitadas. Sin embargo, ese estoicismo no existe, a mi juicio, en muchos buenistas, como tampoco en los ex-buenistas antibuenistas (diferenciados de los antibuenistas que jamás fueron buenistas, que o bien aborrecen a la persona de Gustavo Bueno y su entorno, o bien simplemente no comparten en todo o en parte la doctrina del materialismo filosófico bueniano). La forma de ser el ex-buenista antibuenista es tan reverso del buenista fanático como la cruz invertida de Anton La Vey, famoso satanista, lo era de la Cruz de Cristo cristiana católica. No digo con ello que los ex-buenistas antibuenistas sean "el mal", pero sí tienen ciertos dejes que son dignos de mención.

El ex-buenista antibuenista me recuerda mucho a un episodio de dibujos animados de la Warner Brothers, cuando un pequeño perro llamado Chester, saltaba admirado alrededor del bulldog malote del barrio, Spike, mientras veía en él a algo más que a un líder, a un mentor. Cuando Spike falla a Chester, básicamente por no entrar en el canon idealizado de personaje que sobre él tenía, éste se buscaba enseguida otro sujeto (a veces el gato Silvestre) sobre el que repetir la misma acción de saltos, ansiedad, gritos y peloteo sectario incontrolado que ya realizaba sobre Spike.


Evidentemente, Spike sería Gustavo Bueno y su entorno, y Chester el ex-buenista antibuenista que, tras caerse del caballo su ídolo, busca otro nuevo, y lo suele encontrar, como lo encontraron los buscadores de mesías en La Vida de Brian (da igual si el Mesías está muerto o vivo).


Hay, a mi juicio, tres características básicas del ex-buenista antibuenista muy claras:

a) Acaba defendiendo absolutamente todo lo opuesto a que apasionadamente defendía cuando era buenista. Si antes defendía la nación española, ahora le dará igual o verá con buenos ojos al separatismo. Si antes se definía ateo católico ahora odiará todas las religiones. Si antes defendía la Hispanidad, ahora defenderá cualquier cosa geopolítica que, aún imposible, se aleje de una idea que considera "errónea", e incluso "peligrosa". Si antes era antiabortista radical, ahora será proabortista radical.

b) Acaba aborreciendo todo aquello que, aún de refilón, suene a "buenista", aún siendo "desviaciones", llámense estas "materialismo fenomenológico" de Ortiz de Urbina, llámese "comunitarismo materialista católico de la teoría de la acción vital orteguiana" de Fuentes Ortega, llámese "Izquierda Hispánica" u otras "herejías". Sin embargo, abrazará autores que, aunque no lo parezca, tienen bastantes puntos en común con muchas ideas de Gustavo Bueno, ya sea Althusser, Foucault, Bourdieu, Zizek, Losurdo, Albiac, Benedicto XVI, Freund, etc.

c) Acaba desarrollando una labor intelectual, pedagógica y política basada, implícitamente o explícitamente, en denunciar lo sectario que es el entorno de Gustavo Bueno. Esto, sin dejar de ser cierto, no obsta para que el ex-buenista antibuenista siga siendo, a la contra del buenismo pero conservando sus formas, también sectario, dogmático en el peor sentido de la palabra, incoherente, pasional (capaz de desarrollar un rencor y un odio muy larvado hacia todo aquello que no piense como él o ella), prepotente, ególatra (aún en soledad, pues hay dos tipos de egolatría, la "positiva" que hace que uno se crea el mejor del Mundo, y la "negativa" o "depresiva" que hace que uno se crea el peor del Mundo; en ambas el "yo, yo, yo" es el discurso hegemónico), agresivo, violento, maleducado y chabacano.

Encontrar un equilibrio estoico antes los desmanes del buenismo sectario no es fácil, pero puede lograrse. Sin embargo, y sin negar que muchas de estas reacciones tienen que ver mucho también con la personalidad que se tenga (muchos llegan a Gustavo Bueno siendo ya sectarios, dogmáticos, violentos y egocéntricos), la verdad es que estos sujetos no acaban jamás de salir de lo peor del buenismo, sin quedarse con lo más interesante del legado de Gustavo Bueno: su metodología de análisis de la realidad desde unos postulados muy interesantes y que no merecen en absoluto ser tirados a la basura, por mucho que algunos de sus más apasionados pupilos ayuden a ello. Reivindicar la figura de Gustavo Bueno y su materialismo conlleva no solo denunciar a lo peor del buenismo, sino también a lo peor del antibuenismo, sobre todo si es ex-buenista, en tanto que ambos son caras del mismo tapiz, este último con un acentuado desarrollo de la, se llama, "fe del converso" (http://hombrerefranero.blogspot.com.es/2011/01/la-fe-del-converso.html).