miércoles, 20 de agosto de 2014

El neofascismo contra Izquierda Hispánica, y un artículo (2008)


De cuando un foro tercerposicionista atacó el blog de Wordpress de Izquierda Hispánica:





En foros neofascistas como los de la Tercera Vía se pueden leer cosas como estas contra Izquierda Hispánica:

El creador de ese blog no es Gustavo Bueno, sino un personaje infantil obsesionado con clasificar el mundo en izquierdas y derechas, en recrear el imperio hispánico en clave comunista y ser un meapilas católico “ateo” (¿catolicismo cultural?), como lo lees.

Ya nos dedicó todo un artículo:


Como vez, una mediocridad amante de las tergiversaciones.
Yo lo calificaría como imbecil definido, la séptima generación del inmovilismo neuronal.

Incapaz de razonar (pese a que se hace llamar racionalista), de articular una crítica intelectualmente sostenible, lo único que hace es insultar a medio de internet que crea importante para que sus visitas suban, copiar y pegar artículos, enlazar palabras con otros portales y crear concursos de diseños para su cruzada para cambiar la bandera de España (anunciado como un jaquemate al régimen, ¡ja!)

Los creadores de Izquierda Hispánica somos seguidores de Gustavo Bueno. No lo negamos. Pero estos necios ni han leído en profundidad ni han comprendido ni comprenderán jamás (a no ser que se caigan de la burra en la que están montados) el materialismo filosófico. El pensamiento de Bueno es materialista, el de la Tercera Vía idealista. El de Bueno es racionalista radical, el de la Tercera Vía es irracionalista. Bueno es antieuropeo, la Tercera Vía -como la socialdemocracia o el neofeudalismo europeo- cree en la Europa sublime. Bueno es marxista (con lo que conlleva serlo: ateo, materialista, racionalista, dialéctico), mientras que la Tercera Vía tiene a Marx como lo tienen los nacionalbolcheviques, esto es, para ir de revolucionarios. Bueno es de izquierdas, y una izquierda crítica que no teme el combate ideológico con otras izquierdas (a veces, se pelea más con los propios que con los ajenos, porque a esos ya les conocemos todos sus fallos). La Tercera Vía es una forma de extrema derecha neofascista que un buen día empezó a leer a autores marxistas y pretendió mezclarlos con autores ultras (mezclar a Lenin o Marx con Driu La Rochelle o Ramiro Ledesma, mezclar a Gramsci con Jean Thiriart, mezclar a Bueno con Alexandr Duguin… Esto sólo lo haría posible un producto postmoderno -es decir, antimarxista- como lo es la Tercera Vía, una corriente de pensamiento que no sería concebible sin el desarrollo de las sociedades de mercado pletórico de bienes y servicios, en los que las ideologías son también mercancías, como la suya, que satisfacen a determinados consumidores). Además, pretender a estas altura arrogarse para sí el fascismo la patente de la nación española es de traca. España, como nación política, nació gracias a los liberal-revolucionarios del siglo XIX (Cortes de Cádiz, Revolución de 1808-1814), es decir, la izquierda liberal de aquel siglo. Luego, con Franco, la ultraderecha quiso apropiarse de España, y hasta hoy casi lo han conseguido, consiguiendo que la “izquierda” reniegue de la patria, cosa anormal en cualquier otro país. Y la Tercera Vía neofascista pretende seguir haciendo lo mismo. Son patéticos, son unos abortos ideológicos.

La Tercera Vía son sólo una panda de sicofantes, basura ideológica, como toda forma de fascismo.

Esto, escrito por un tal Daga no deja de ser una ristra de calficicaciones ad hominem. Pero en el fondo no dice nada, no refuta nada. ¿ Que estoy empeñado en clasificar todavía el mundo en izquierdas y derecha ? No, el mundo no, pero sí las ideologías. Y sí, todavía es posible porque todavía existen izquierdas y derecha, a pesar de la difuminación de los perfiles de unos y otros y a pesar del auge de lasizquierdas indefinidas.

Ah, y no pretendemos cambiar la bandera de España, so memo (la bandera de España es un símbolo, pero no tiene por qué ser siempre el mismo). Pretendemos que haya un símbolo que identifique a un movimiento ideológico. En “Concurso Símbolo” pueden verse los finalistas.

Como casi todo blog en internet, seguramente tuvo algo interesante. Pero el nivel personal del creador hace que su proyecto sea incapaz de prosperar. Yo no lo comparto, no creo que el imperio español sino en la nación europea. Lo políticamente correcto y homologado me apesta si es erróneo (mirad su cartel equiparando el islam con el fascismo, como los Neocon). “Izquierda Hispánica” es una izquierda derechizada, nada más. 


Izquierda derechizada es la socialdemocracia. Izquierda Hispánica trata de definir una nueva izquierda, materialista, marxista, racionalista y universalista, como tiene que ser la izquierda. El señor que escribe esto, un tal Spasibo !, muestra los típicos tics neofachos:


“Mi patria es la nación europea”. Lo mismito que Hitler, señores. Pues que sepa que Europa no existe, que es sólo un concepto geográfico y que el proyecto de unión de Europa es un proyecto nazi.

No es “mi proyecto“. La bitácora trata de estudiar la posibilidad enunciada por Ismael Carvallo en sus “Tésis de Gijón” que afirman que la séptima izquierda será iberoamericana. Pero claro, estos neofascistas de la Tercera Vía echan pestes de Iberoamérica porque, como buenos neonazis, no dejan de ser unos racistas enfermos enemigos del mestizaje.

Además, se equivocan. Aquí no se pretende rescatar el fenecido Imperio Español, ni el Portugués, ni el Mexicano (que lo hubo, aunque efímero). Aquí se trata de que Iberoamérica, por diferentes circunstancias (una de ellas, fue que en el pasado unió los territorios la Monarquía Hispánica, junto con Portugal, dejando un poso que es imposible de abnegar; pura dialéctica de Estados), constituye una esfera cultural homogénea que podría constituirse en el futuro como un Estado-Imperio, y que ese Estado-Imperio podría ser socialista. Esa es nuestra postura.

Para finalizar, un regalo para estos neofascistas. Un artículo que estudia su origen “intelectual”: la Nueva Derecha francesa. Artículo de José Andrés Fernández Leost:

Nueva Derecha, ¿extrema derecha o derecha extravagante?

José Andrés Fernández Leost

La naturaleza política de la Nueva Derecha depende del deslindamiento que se realice entre las características de la derecha, el fascismo y el nazismo


«Volver a lo antiguo será ya un progreso» (Goethe)


La vieja nueva derecha europeaLa vieja nueva derecha europea

I. Introducción

Desconocida para la mayoría del público español, ignorada por los medios de comunicación, poco investigada y tachada de radical o fascista, la Nueva Derecha de origen francés y vocación europea merece un pequeño estudio que trate de esclarecer sus postulados y sopesar sus propuestas a la luz de un enfoque racional desprejuiciado. Desde la convicción de que resulta intolerable menospreciar cualquier corriente de pensamiento sin proceder previamente a su examen, en el presente texto indagaremos en los presupuestos de la denominada Nueva Derecha a partir del análisis de las ideas contenidas en el «Manifeste pour une renaissance européenne» (Grece 1999){1} firmado por sus dos principales ideólogos, Alain de Benoist y Charles Champetier. Por su concisión y claridad expositiva, y por la amplitud de temas que aborda, tal nos parece la mejor manera de introducir al lector en el movimiento político-cultural que nos ocupa{2}.

Nuestra reexposición utilizará como material de apoyo diversos estudios sobre la Nueva Derecha a fin de precisar con la mayor concisión posible su naturaleza, y calibrar hasta qué punto tal movimiento entra dentro del horizonte de la ideología fascista. Dichos textos nos servirán no sólo para completar nuestras observaciones, sino también como muestra de la dificultades con que se topa la perspectiva pretendidamente neutral de la politología a la hora de perfilar el espíritu de la Nueva Derecha dentro de coordenadas científico-sociales. Nuestras consideraciones por su parte –y he aquí nuestra metodología– no aparecerán instaladas en una plataforma epistemológica superior, sino que se proferirán desde una parcialidad admitida de partida, que se nos aparece, si no más objetiva, al menos más honesta: la parcialidad propia de un materialismo pluralista que, por lo que respecta a la teoría política, deja de lado anhelos cientificistas para, acto seguido –y desde un tratamiento dialéctico–, analizar, catalogar y reabsorber todos los ángulos posibles y emitir su juicio –a su vez por supuesto sometido a inminente crítica y eventual revisión. Por último, a fin de sopesar la coherencia de la Nueva Derecha, penetraremos en la línea argumentativa del libro Nazismo y comunismode Alain de Benoist (1998), por entre cuya temática se extraerán algunas evidencias relevantes de su carácter político.

Presentada a sí misma como una escuela de pensamiento más que como una ideología política, la Nueva Derecha gusta de situarse en una óptica metapolítica. Ello significa, y tal es su primera característica, que a su parecer las ideas juegan un papel axial en el devenir de la historia, mayor sin duda que el propio de la economía. Quiere colocarse así de entrada en una perspectiva opuesta a la marxista (y también a la liberal) que, regida por un economicismo rudimentario, localizaría en el modo de producción la infraestructura determinante del sistema socio-político en el que se desarrolla nuestra vida. En su lugar, la metapolítica de la Nueva Derecha otorga al factor cultural (creencial, simbólico, representacional, incluso lingüístico) la clave que condiciona la voluntad y acción humanas, retomando así la idea gramsciana de la hegemonía cultural. No negaremos la necesidad, reivindicada por la Nueva Derecha, de formular visiones globales y sistemáticas sobre el mundo entorno que reactiven la noción de sentido, frente a la predominancia pseudo-retórica del pensamiento fragmentario de la postmodernidad. Más aún habida cuenta de que detrás de la parafernalia del fin de los grandes relatos, se entreven proyectos programados a más de cincuenta años vista, planificados por multinacionales o «erosionados» Estados nación, tales como China o Estados Unidos. Ciertamente, lo discutible radica en aquella polarización que vierte bien sobre la dimensión económica, o bien sobre la cultural, la capacidad demiúrgica de configurar nuestra suerte. Antes bien, resultaría más válido subrayar la mutua interconexión de ambos factores, toda vez –eso sí– se entienda que el concepto de producción, y con él el de trabajo, reagrupa múltiples elementos extraeconómicos.

Advertido su método, la Nueva Derecha tiene al menos la valentía de apostar por un pensamiento transversal, pluridisciplinar, que incorpora múltiples campos del saber (positivos, pero no sólo), en aras de delinear unas orientaciones prácticas sobre la vida pública. En lo que sigue veremos hasta qué punto están justificadas racionalmente. Para ello pasaremos en lo que sigue a enunciar los tres ejes desde los que según nuestra lectura se articula su pensamiento.

II. Los tres ejes ideológicos de la Nueva Derecha

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