lunes, 15 de septiembre de 2014

Cambio climático y armas militares


Un artículo pre-buenista, publicado en Alejandría Revolucionaria en enero del 2006:





Que el cambio climático es un hecho científico demostrado es algo que nadie puede negar. Bueno, nadie excepto los neoliberales, neoconservadores, anarcocapitalistas y demás grupos reaccionarios de la (su) “ciencia” economía, capaces de justificar, con supuestos argumentos científicos, lo que el 90% de la comunidad científica da por hecho: que la acción humana es la que está provocando los drásticos cambios que la Tierra soporta en la actualidad. Argumentaciones como que el progresivo verdor de la estepa rusa es síntoma de que el calentamiento global del planeta es una falacia de ecologistas y científicos mediocres con ganas de “engañar a los consumidores” (como dicen hasta el aburrimiento), no se sostienen por ningún lado. El aumento de las zonas verdes en las regiones polares sólo es consecuencia del deshielo de los polos y la consiguiente subida del nivel del mar, que probablemente alcance en este siglo hasta cuatro metros. Además, el alargamiento de la primavera y el acortamiento del otoño también tienen relación con ese fulgurante fenómeno del que tanto presumen ciertos científicos. Esta información está fundamentada por los datos recogidos por satélites polares de la serie NOAA de la NASA, que observaron entre las latitudes 40ºN y 70ºN, en Rusia y Escandinavia, un aumento de la vegetación en un 60%. Esto no es una buena noticia, aunque algunos científicos ingenuos crean que sí. No diremos nombres, pero muchas veces uno se pregunta si el escepticismo para algunos es un hobby antibrujas o una verdadera concepción del mundo y la sociedad.

El crecimiento de la vegetación y el calentamiento global están íntimamente ligados, como ha afirmado el Dr. Liming Zhou, de la Universidad de Boston. En los últimos 25 años, la tasa de crecimiento de la temperatura de nuestro planeta ha crecido a un ritmo mayor que en todo el conjunto de los últimos 1000 años. Y, por si fuera poco, el aumento de gases de efecto invernadero en la atmósfera, como el dióxido de carbono, producido por la combustión de los derivados del petróleo (parafina, bencina y gas), ha dado como resultado –entre otras cosas- al crecimiento vegetativo de las zonas polares.

Ante tal panorama desolador, en el que, para variar, sufren más que nadie los “parias de la Tierra”, los habitantes del Tercer Mundo, la ciencia no toma consenso sobre qué hacer para evitar el desastre total. Es muy triste cuando la política se interpone en la búsqueda de la verdad (de lo probable, ya que la verdad a veces es un concepto más fundamentalista que empírico) por parte de la ciencia, y en su misión más prioritaria, de servir a la humanidad para hacerla mejorar. Ya lo hizo hace siglos en forma de religión en Europa (ahora esto se da en otras latitudes, algunas supuestamente civilizadas), y desde hace poco más de un siglo, en forma de politización por parte de la clase burguesa dominante y su brazo ejecutor en el Estado: el ejército. Y es triste como comprobar que un proyecto científico que pudiera dar esperanzas a nuestro planeta en caso límite, pueda servir a la rapiña de la burguesía estadounidense, con George W. Bush como pelele supremo y Dick Cheney como maestro de ceremonias. Me estoy refiriendo al proyecto HAARP en Alaska, Estados Unidos.

Antes de desarrollar el texto que viene a continuación conviene aclarar algo, por si acaso. Ciencia sólo hay una, y los avances científicos y técnicos que se han dado en la historia de la humanidad no tienen ideología alguna. La fisión nuclear no tiene ninguna ideología. Se trató en su momento de un avance sin parangón en la historia, y fue muy útil a la hora de configurar la forma de energía de abastecimiento más limpia en el instante de su surgimiento, aparte de que los seres humanos deberían estar orgullosos de que una parte activa de su especie haya sido capaz de emular la energía interna de las estrellas. Sin embargo, esta tecnología en manos de genocidas asesinos y despiadados como Harry S. Truman, con la venia de Winston Churchill, fue utilizada para, en primer lugar, asesinar a más de 400.000 personas inocentes de un país a punto de rendirse en la guerra más devastadora de la historia de la humanidad, y en segundo lugar, para obligar a los países vencedores de la Guerra Antifascista (la URSS y China), a desarrollar esa increíble técnica para fabricar armas igual de destructivas y criminales. Con esto quiero decir que no podemos condenar a Albert Einstein por inspirar la fisión nuclear, pero sí a todos aquellos que fabricaron y lanzaron las bombas atómicas y de hidrógeno. La ciencia, como cualquier herramienta, jamás es mala, ya que la “cosa en sí” nunca es perjudicial para nadie. Y lo mismo ocurre con el proyecto HAARP. Con esto además queremos descalificar a todos aquellos conspiranoicos y pseudocientíficos que piensan que este ambicioso proyecto sirve para controlar las mentes y demás estúpidas aseveraciones. Es curioso como ellos acusan a un proyecto científico de algo que realizan a diario en medios como la radio, la prensa, la televisión o la producción editorial.

El proyecto HAARP se refiere al Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia (traducción al inglés de High Frequency Advanced Auroral Research Project). Se trata de un complejo militar de los Estados Unidos situado en Alaska, en Gakona, y consta de 180 antenas (las de la foto de arriba del artículo), orientadas al cielo, y funcionando como una sola, emitiendo hacia arriba alrededor de 1.000.000.000 de watios (1 Gigawatio), o lo que es lo mismo, un billón de ondas de radio de alta frecuencia que penetran en la atmósfera inferior e interactúan en ella con los electrojects aurales. Los electrojects aurales son el conjunto de la electricidad que flota sobre la Tierra. Al depositar energía en ella se cambia el medio, cambiando el medio y creando ondas de baja frecuencia (Low Frequency, LF), y ondas de muy baja frecuencia (Very Low Frequency, VLF). Las antenas tienen la intención de acercar los electrojects aurales a la Tierra para aprovecharlos en una gran estación generadora. Los electrojects afectan al clima global. A veces, durante una tormenta, llegan a tocar la Tierra, afectando a las comunicaciones por cables telefónicos y eléctricos, interrumpiendo también suministros eléctricos e incluso, produciendo alteraciones a los propios seres humanos (de ahí la idea del control mental, desarrollada por los magufos).

Para poder seguir con la explicación de los méritos de HAARP, antes hay que explicar cómo es la atmósfera terrestre. Nuestro planeta está protegido por la atmósfera, además de cubrirla por completo. La primera capa de la atmósfera, en la cual nosotros nos encontramos normalmente y en la que respiramos y vivimos, es la troposfera, que se extiende unos 16 kilómetros desde el nivel del suelo. Entre los 16 y los 48 kilómetros encontramos la estratosfera, donde se encuentra el ozono. Desde los 48 a los 350 kilómetros de altura se extiende la ionosfera. Más allá es donde se encuentran los llamados “cinturones de Van Allen”, que captan las partículas energéticas que intentan penetrar en la Tierra desde el espacio exterior.

Aparentemente este no es más que otro proyecto más que el ejército estadounidense y sus científicos realizan, como el Proyecto Starfish. Estos proyectos siempre han sido vendidos al gran público como proyectos de estudio de nuestra alta atmósfera, impulsados por la Administración estadounidense para comprobar los efectos en la atmósfera del cambio climático.

Los pulsos emitidos de manera artificial por las 180 antenas del proyecto HAARP, de una altura considerable (como vemos en la foto de abajo, donde sobrepasan a los monumentales árboles de Alaska y desafían a las montañas), estimulan a la ionosfera creando ondas capaces de recorrer grandes distancias a través de la atmósfera inferior, para penetrar luego dentro de la Tierra y así poder encontrar depósitos de misiles, túneles subterráneos, permitir la comunicación con submarinos sumergidos, etc. HAARP enviará haces de radiofrecuencia dentro de la ionosfera. Sería el más grande calentador ionosférico artificial, y la más desarrollada arma geofísica construida por el ser humano.


Gracias a su efecto “espejo”, HAARP puede dirigir sus efectos antes descritos a cualquier parte del planeta. Y es ahí donde radica su enorme contradicción. Por una parte, HAARP podría intensificar lluvias en zonas secas del planeta, pero también crear devastadoras tormentas. Podría calentar una zona concreta del planeta para aprovechar tierras de cultivo, pero también prolongar sequías en los lugares más áridos del globo y con mayores problemas para el abastecimiento de agua y alimentos para los pobladores cercanos. HAARP podría ser la respuesta de la ciencia al calentamiento global producido por la acción del hombre y la salvación de pueblos enteros, pero en manos de genocidas imperialistas (como la burguesía estadounidense) podría provocar acontecimientos aparentemente naturales que aniquilaran territorio “enemigo” para su posterior colonización y aprovechamiento. Algunos expertos ven en HAARP mayor peligro que en el arsenal nuclear existente actualmente en el mundo. Este proyecto, para algunos, es parte de un programa espacial de carácter militar, que aún desarrollándose aparentemente por separado de aquel, la combinación de ambos es apocalíptica. HAARP, junto con Spacelab y los cohetes espaciales, puede producir una cantidad tal de energía compuesta de partículas eléctricas y láser absolutamente inquietante, llegando a provocar, según algunos –aunque está por corroborar- explosiones atómicas en cualquier parte del planeta que se propongan. Los hay que no descartan que incluso tenga efectos tectónicos, ya que incluso se culpó a HAARP del devastador tsunami que arrasó las costas de Indonesia, India, y demás países bañados por el Océano Índico. Es tremendamente prematuro y exagerado afirmar tal cosa, aunque si así fuera nos encontraríamos ante el arma militar más total de la historia de la humanidad. Pero, como es más probable, al ser el tsunami un efecto completamente natural, HAARP podría minimizar sus efectos. Tanto HAARP como la nanotecnología, como el plasma artificial, podrían permitir a los seres humanos, a través de la tecnología, controlar a la naturaleza. Incluso controlar a la respuesta que la naturaleza nos está dando debido a nuestros continuos ataques hacia ella. El peligro está en que HAARP no sea una defensa o un medio de negociación con la naturaleza, sino una forma de manipularla para la guerra, declarada o no, fría o caliente, contra un ejército o contra un pueblo indefenso. Sólo el Pentágono sabe la verdad detrás de HAARP (si fuera un conspiranoico, pensaría que todos los huracanes que se forman cerca de Cuba son artificiales, y que el desastre de Nueva Orleáns fue debido al mal uso de la fuerza desmedida de HAARP, pero la razón me obliga a desistir sobre estas elucubraciones).


Bernard Eastlund es el creador, el “arquitecto” de HAARP. Afirma que su creación puede controlar el clima en toda la Tierra, inspirándose en la “teoría de la resonancia” de Tesla. Científicos de la Universidad de Stanford han afirmado que es posible controlar el clima sólo emitiendo leves ondas de radio a la atmósfera (algo que se lleva haciendo desde principios del siglo XX desde la invención de la radio, y detalle en el cual nadie ha reparado lo necesario para tenerlo en cuenta como factor de desestabilización del clima terráqueo, el agujero en la capa de ozono, etc.). Sobre los 50 kilómetros de altura, los vientos de la alta atmósfera permiten controlar el clima de la superficie del planeta. Incluso a 80 kilómetros de altura, donde están los electrojects aurales, también se produce esa influencia sobre el clima terrestre, y no digamos en la interrelación entre los 50  los 80 kilómetros. Mediante las ondas que HAARP dispara, podría producir, como hemos señalado antes, sequías en cualquier parte del globo. Y la escala de sus efectos pueden ser más impresionantes de lo que ahora podemos imaginar, ya que ya existen antenas HAARP –aunque no se saben si están ya operativas- en varias islas del Pacífico, en Noruega y en Groenlandia (isla polar ártica perteneciente jurisdiccionalmente a Dinamarca; por cierto, que tanto Dinamarca como Noruega son países aliados de los Estados Unidos de América en la Organización del Tratado del Atlántico Norte –OTAN-). La primera prueba del Proyecto HAARP se realizó en el 2003, creando una aurora boreal.

Según Eastlund y sus colaboradores, HAARP está ya en funcionamiento desde hace varios años. No nos engañemos: el cambio climático, el calentamiento de la Tierra, se lleva produciendo desde bastante antes del nacimiento de HAARP, y esta creación humana podría revertir ese proceso en parte. Podría ser su uso tremendamente beneficioso para todos. Pero, al igual que la fisión nuclear, los submarinos, los aviones, la pólvora, un hacha o un hueso (cada una de estas herramientas en su escala), HAARP es en manos de asesinos implacables –como la burguesía estadounidense- un instrumento de conquista, un arma de destrucción masiva.

Para terminar, una anécdota cuya protagonista es la demasiadas veces denostada por la ciencia “sabiduría popular”. Mi bisabuelo, que todavía le dio tiempo a vivir el comienzo de la Guerra Fría y de la carrera espacial entre estadounidenses y soviéticos, siempre comentaba un hecho que le extrañaba profundamente y del cual no era el único que lo advertía. Él decía –no sólo él-, que cada vez que los soviéticos lanzaban un cohete al espacio, el clima se enfriaba, y, por el contrario, cada vez que los estadounidenses lanzaban un cohete suyo, el clima se calentaba. Ojalá le hubiera llegado a conocer para saber su opinión acerca de HAARP y, en general, de todo el calentamiento climático. Aunque quizás no me sorprendiera su opinión, seguramente sería más clarividente de lo que yo pudiera pensar.