sábado, 6 de septiembre de 2014

El etnocacerismo: Un nacionalsocialismo para el “Tercer Mundo”


Artículo publicado en el blog de Wordpress de Izquierda Hispánica en el año 2008:





Para realizar este escrito he elegido un texto de la webhttp://etnocaceristas.galeon.com/, es decir, del autodenominado Ejército Tawantinsuyano de Liberación Nacional. En la misma página web existe un subenlace, http://etnocaceristas.galeon.com/doctrina.html, una especie de FAQ que explica lo que és, según esta web, el etnocacerismo, un movimiento indigenista que se declara explícitamente etnonacionalista, es decir, reclaman la construcción de una nación étnica heredera del prehispánico Imperio Inca, el más extenso antes de la llegada de los Conquistadores, desde la plataforma del actual Estado peruano. El etnocacerismo es un movimiento político peculiar, únicamente, que yo sepa, propio del Perú, que asume puntos ideológicos tanto del marxismo-leninismo como del nacionalsocialismo. El etnocacerismo está inspirado en Andrés Avelino Cáceres, antiguo autoproclamado presidente del Perú entre 1884 y 1885, pero fue fundado por Isaac Umala. Su obra la han seguido los hermanos Antauro y Ulises Umala, militar e ingeniero respectivamente, los cuales obtuvieron unos muy pobres resultados en las últimas elecciones generales peruanas. También habría que destacar a Ollanta Umala, hermano de los dos anteriores, comandante del Ejército Peruano y candidato a las últimas elecciones generales por el PNP (Partido Nacionalista Peruano), el cual quedó segundo en las últimas elecciones por detrás del vencedor, el socialdemócrata Alan García. Si bien hay matices en el pensamiento de los tres hermanos, todos beben del etnocacerismo, un movimiento político en muchos sentidos impulsado por una sola familia.

El texto que he seleccionado se llama “¡Huevo etnocacerista para el susto criollo! ”. La primera frase con la que empieza el texto es “La violencia es la partera de la historia”, una famosa cita de Federico Engels, creador junto con Carlos Marx del Materialismo Histórico. Aunque pronto esta frase marxista queda reducida a mera anécdota ante el primer párrafo de esta declaración:
La violencia involucra movimiento y fuerza, desde el átomo hasta el cosmos. Es energía universal. Física y metafísica. Así pues, la violencia entendida como “partera” es la combinación de velocidad y masa. La velocidad es espacio sobre tiempo, o sea patría e historia. Y la masa es pueblo. Combine Ud. esos elementos en una alquimia que le agregue identidad y milenarismo ¡y ya está, Revolución o Pachacuti!. 
El culto a la violencia, dándole connotaciones cuasirreligiosas y pseudocientíficas aparta definitivamente al etnocacerismo del Materialismo Histórico. Al declararse abiertamente milenarista (algo en común tanto con el comunismo como con el fascismo) e identitario, nos pone delante de una ideología política más cercana al nacionalbolchevismo o al neofeudalismo que a algún tipo de izquierda política. No en vano, el propio padre del fascismo, Benito Mussolini, a la hora de conformar los Fascios de Combate italianos en 1919, estuvo influido por igual por Marx y por Sorel (autor del clásico “Reflexiones sobre la violencia”), algo que se plasma en el primer programa político del fascio italiano. La influencia fascista es clara en este párrafo, en el que la violencia, se dice, es a la vez “física y metafísica”, dotando así de espiritualidad a términos científicos de la misma manera en que lo hace la actual New Age postmoderna o, a su manera, el futurismo italiano.
Otra cita a tener en cuenta es la siguiente:
Desde la instauración del globalismo en latinoamérica, el Zapatismo y el Etnocacerismo son los únicos movimientos que han surgido en hechos de armas; el resto ha nacido de forma convencional, con dolar, tecnocumbia y bambalina. 
Al compararse con el zapatismo, otro movimiento indigenista que, sin embargo, no pretende crear ningún Estado basado en criterios étnicos, sino que pretende que los indígenas del Estado de Chiapas vean reconocidos unos derechos como tales sin dejar de ser ciudadanos mexicanos de pleno derecho, el etnocacerismo recuerda a alguna frase lanzada allá por la década de 1960 en Europa por los nacional-revolucionarios, grupos neofascistas nacidos en Bélgica y Francia, europeístas, que querían conformar una gran alianza “roji-parda” frente al imperialismo estadounidense vencedor en la Segunda Guerra Mundial. Frases, decía como: “las palabras nos separan, la acción nos une”. Además, el etnocacerismo se reclama como auténtico movimiento de resistencia a la globalización impulsada por los Estados Unidos de Norteamérica, nacido desde abajo, diferenciándose así de otros movimientos que considera prefabricados, aunque no los nombra.

A la pregunta de “¿Dónde se ubica el Etnocacerismo?”, el texto responde:

Ni en derecha, izquierda, ni centro, sino abajo.

Otra semejanza con el nacionalbolchevismo. El líder de los nacionalbolcheviques rusos, Eduard Savenko, más conocido como Eduard Limonov, es famoso entre grupos nacional-revolucionarios por citas como ésta: “Ya no hay izquierdas ni derecha, pero sí poder y periferia”.

Su bagaje postmoderno se pone de manifiesto aquí:

Decir que la violencia es mala, generalizando mañosamente, es una criollada. La violencia solo es mala cuando es ilegítima pero la violencia de reacción al abuso así como cuando Cristo agarró a latigazos a los mercaderes que prostituyeron el templo bienaventurada!.

Un movimiento indigenista que hace suyos conceptos cristianos que, sin conquista española jamás hubieran conocido, es una muestra de cómo en los movimientos políticos posteriores a la Segunda Guerra Mundial la mezcla sin complejo alguno de cualquier idea, por muy alejada de otras que esté en origen, es algo más que una costumbre.

A la hora de definirse económicamente, el etnocacerismo:

en términos genéricos es antineoliberal, nacionalista y proteccionista, que subordina el mercado a la nación y no al revés. Desde el punto de vista nacionalista somos los mejores, desde el punto de vista colonial somos los peores, por ser los más chúcaros al neoliberalismo. Somos los niños malos que atentamos contra el “riesgo país”, pues nos interesa un pepino ese “riesgo colonia” de hampones extranjeros, alias “inversionistas”.

Se trataría por tanto de un modelo económico socialista-estatalista al estilo del corporativismo italiano o portugués de las clásicas dictaduras de aquellos países: “Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”. Y como el nacionalsocialismo, el etnocacerismo reclama que la mayoría chola, indígena, sea la que gobierne el país, un país que no se cerraría sólo a las actuales fronteras peruanas, sino que ocuparía todo el espacio llamado del Tiwantinsuyo, antiguo Imperio Inca.

Para finalizar, el etnocacerismo afirma de manera taxativa su cercanía al nacionalsocialismo en su antisemitismo. Su odio étnico-racial no sólo se da contra los judíos (representados según ellos en las naciones de Israel y Chile, considerado “el país con el gobierno más judío después de Israel”), sino también contra los criollos descendientes de europeos, principalmente españoles, y contra estadounidenses (anglosajones). Carteles como este así lo muestran:

En conclusión, el etnocacerismo se trataría de un movimiento indigenista de extrema derecha (una especie de nacionalsocialismo del “Tercer Mundo”) con toques leves de marxismo vulgar en su discurso ideológico. Un movimiento que, como el bolivarianismo en Venezuela, ha sido creado y es promovido por una elite militar profesional y en el cual una misma familia, los Umala, han dominado desde un principio, por lo que podría pensarse que sin ellos el etnocacerismo sería incapaz de sobrevivir, de la misma manera en que el nacionalcatolicismo en España fue incapaz de sobrevivir a su creador, el dictador Francisco Franco.

Fuentes consultadas:






Izquierda Hispánica se declara, desde ya, enemiga acérrima del etnocacerismo, movimiento hermano del nacionalsocialismo y del neofeudalismo proetarra.