miércoles, 10 de septiembre de 2014

Nódulo Materialista y sus foros (2007)


En el año 2007 tuve una polémica muy agria, que luego se generalizó con otros miembros de la asociación Nódulo Materialista (esa asociación de treintañeros y cuarentones que ha cerrado la razón al materialismo filosófico como el sunnismo islámico cerró la Ihtihad al Islam), con el primero marxista y materialista, y luego austroliberal José María Rodríguez Vega, alias "Zarpax". Esto fue lo que ocurrió en su día y cómo lo narré:




Así están las cosas dentro de los Foros de Nódulo Materialista. La lucha de clases es ya encarnizada y no sabemos cuánto durará. Disfruten del espectáculo. Todo acerca de la situación tras varios años de ignominia filosófica por parte de José María Rodriguez Vega, más conocido en internet como Zarpax, expulsado de todos los foros del ciberespacio habidos y por haber, y con más que sobrados méritos.




La dialéctica de clases y de Estados es el motor de la historia, la cual se hace universal mediante determinados Estados, los Estados-Imperios Universales, conformadores en su apogeo imperial y más tarde en sus cenizas del estado del mundo. Esos Estados están comandados por clases dirigentes que dan eutaxia imperial a sus dominios y a la vez se enfrentan a las clases dirigentes de otros Estados y otros Imperios y con clases dominadas dentro de su propio territorio dominado. Ningún espectro social se libra de esa lucha de clases. En la China actual se puede decir que la dialéctica de clases está a flor de piel incluso dentro del mismo partido comunista (maoísta). Por no hablar de su dialéctica estatal contra, en primer lugar, Estados Unidos, pero también contra los Estados de la Unión Europea, contra Japón y contra Rusia (también contra otros Estados no imperiales, como India, Mongolia o Pakistán).

En España también se da esta lucha. Y el Materialismo Filosófico no es ajeno a esta lucha de clases. No digo que haya lucha entre burgueses y proletarios en el MF, nada más absurdo. Digo que la batalla dialéctica interna entre materialistas filosóficos y, por qué no decirlo, pseudomaterialistas, a la hora de conformar una hipotética séptima generación de la izquierda políticamente definida -que heredaría el marxismo dándole la “vuelta del revés” y eliminando sus componentes idealistas monistas- es la primera gran batalla que acomete este proyecto -no es otra cosa de momento- de largo alcance y grandes pretensiones. Y es que no es lo mismo ser materialista filosófico que ser lector de Gustavo Bueno.

La batalla interna es, en principio, dialéctica, discursiva -aunque se está llegando a las amenazas y los insultos-. Se presentan dos líneas generales más o menos definidas:

1.- La línea de los materialistas filosóficos: de cualquiera de las oleadas del materialismo filosófico (ver artículo de Sharon Calderón Gordo sobre las oleadas del Materialismo Filosófico y el Congreso de Murcia -http://www.nodulo.org/ec/2003/n020p20.htm-), incluidas nuevas incorporaciones a éste sistema (entre las que me incluyo, entre otros). Ésta línea defiende la continuidad del sistema elaborado por Gustavo Bueno desde sus primeros escritos hasta la actualidad, no distingue entre obras mayores y menores del filósofo español sino más bien entre obras filosófico-gnoseológicas (“Teoría del Cierre Categorial”, “¿ Qué es la Ciencia ?“, “La idea de Ciencia desde la Teoría del Cierre Categorial“, &c.), entre obras filosófico-ontológicas (“El papel de la Filosofía en el conjunto del saber“, “Ensayos Materialistas“, “El animal divino“, &c.) y obras filosófico-políticas (“España Frente a Europa“, “El Mito de la Izquierda“, “Panfleto Contra la Democracia Realmente Existente“, “España no es un mito“, “Zapatero y el Pensamiento Alicia“, &c.). Y asume la “vuelta del revés” del marxismo sugerida por Bueno a comienzos de la década de 1970. Además, éste grupo se adscribe a las “Tésis de Gijón” de Ismael Carvallo Robledo (http://www.nodulo.org/ec/2006/n053p04.htm) y a los textos de Javier Pérez Jara “Cuestiones relativas al Socialismo, la Izquierda y otras «categorías políticas» desde la perspectiva materialista” (http://www.nodulo.org/ec/2006/n054p01.htm) y de Gustavo Bueno “Notas sobre la socialización y el socialismo” (http://www.nodulo.org/ec/2006/n054p02.htm), tres artículos clave para entender el modelo de socialismo que podría partir de una séptima izquierda materialista. Además, éste grupo asume el Materialismo Histórico de Marx, porque como señala Bueno, no hacerlo “es como ser precopernicano” (http://www.fgbueno.es/hem/1999k16.htm).

2.- La línea de los lectores de Gustavo Bueno: aquí encontramos también personas de todas las oleadas del Materialismo Filosófico, incluso gente de fuera de éste sistema filosófico adscritos a ideologías de derecha política (neoliberalismo, neofascismo) que han leído a Bueno pero no son materialistas filosóficos (de la misma manera en que un teólogo de la liberación o un nacionalbolchevique han leído a Marx sin llegar a hacerse marxistas). Este grupo distingue entre obras mayores y menores (algunos consideran una obra menor “El Mito de la Izquierda“). Son defensores del capitalismo tanto en una vertiente fundamentalista (ver el artículo de El Catoblepas “Materialismo, liberalismo, conservadurismo y orden (diatriba político-filosófica)” -el subrayado de diatriba es mío-, pero también en una línea funcionalista (ver el artículo de Carlos M. Madrid Casado “De compras en el Mercado Pletórico” -http://www.nodulo.org/ec/2007/n060p01.htm-), y se adscriben emic o etic a ideologías como el liberalismo conservador e incluso el fascismo -más en el plano etic que emic, al menos que haya constancia de lo contrario-.

Lo que aleja a los lectores de Gustavo Bueno del Materialismo Filosófico y de los Materialistas Filosóficos es básicamente su adscripción a ideologías de un alto componente idealista, pero también particularista -jugando al paroxismo más mezquino, tachan de particularistas e idealistas, incluso de ser personas que han recibido una especie de revelación de “lo alto”, a los que asumimos el Materialismo Histórico de Carlos Marx-. Asumir ideologías, emic o etic, como el liberalismo conservador basado en la supremacía de los burgueses capitalistas, en trabajo e inteligencia, sobre los que no pertenecen a esa clase, es algo completamente antimaterialista. Suelen además coger citas fuera de contexto de escritos de Gustavo Bueno, sobre todo del “Notas sobre la socialización y el socialismo”, en concreto éstos párrafos:
Cita:
¿Y cómo refutar la dimensión universalista procesual recurrente del capitalismo moderno de la Revolución científica-industrial, del comercio internacional? Desde nuestro punto de vista, el capitalismo se nos revela también como un socialismo genérico, es decir, como un gigantesco proyecto de socialización de las sociedades feudales del Antiguo Régimen a las que llegó a destruir.El capitalismo logró establecer el contacto social entre los pueblos más diversos y alejados, universalizando el mercado, socializando el comercio y universalizando los idiomas y la democracia. Socializando el comercio: por ejemplo a través de las compañías de Honduras, de Ostende, o de Barcelona, como canales para el comercio de España con América posterior a la Guerra de Sucesión. «España participó íntegramente en el crecimiento económico que afectó a toda Europa durante los siglos XVIII y XIX», dice David R. Ringrose en España 1700-1900: El mito del fracaso, pág. 194, y añade: «En toda Europa después de 1700 encontramos una interacción intensificada entre la producción local y los mercados distantes. Esta progresiva orientación hacia el mercado por parte de la sociedad rural vinculó a los productores locales, a las oligarquías locales, a los empresarios y a los intermediarios. Produjo un abanico de empresas en las que el comercio, el capital, la industria interior y la producción mecanizada se daban cita en proporciones variables. Esta comercialización reflejaba un proceso interactivo en el que los mercados en expansión de las ciudades y de las elites presentaban una demanda creciente de productos, mientras que el crecimiento de la población rural llevó a una utilización intensiva de la tierra y forzó a las unidades agrícolas de producción a buscar fuentes de ingreso no agrícolas. También fomentó la interdependencia del mercado, y las rutas de transporte que ignoraban lo que el siglo XX piensa de los límite nacionales. Así fue posible que el comercio colonial español fuera un aspecto de la expansión económica de Europa sin que tuviera mucho impacto directo sobre la economía interior de España misma». Tampoco puede olvidarse que una gran parte de los métodos capitalistas inspiraron la propia política de la Unión Soviética.

La cuestión vital de éstos párrafos es que no niegan el socialismo como alternativa al capitalismo -si es que no están ya demasiado mezcladas determinadas medidas políticas de uno y otro sistema económico tanto en el campo capitalista de los Estados del Bienestar occidentales como en el campo de los Estados socialistas asiáticos como China o Vietnam- sino que nos encontramos con los mismos argumentos y razonamientos de Marx y Engels en el Manifiesto Comunista acerca de la capacidad revolucionaria tanto de la clase burguesa como del sistema capitalista. Para muestra, estos párrafos del Manifiesto Comunista de 1848 en el capítulo sobre burgueses y proletarios:
Cita:
La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario.Dondequiera que se instauró, echó por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idílicas. Desgarró implacablemente los abigarrados lazos feudales que unían al hombre con sus superiores naturales y no dejó en pie más vínculo que el del interés escueto, el del dinero contante y sonante, que no tiene entrañas. Echó por encima del santo temor de Dios, de la devoción mística y piadosa, del ardor caballeresco y la tímida melancolía del buen burgués, el jarro de agua helada de sus cálculos egoístas. Enterró la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumerables libertades escrituradas y bien adquiridas a una única libertad: la libertad ilimitada de comerciar. Sustituyó, para decirlo de una vez, un régimen de explotación, velado por los cendales de las ilusiones políticas y religiosas, por un régimen franco, descarado, directo, escueto, de explotación.La burguesía despojó de su halo de santidad a todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso acontecimiento. 

Convirtió en sus servidores asalariados al médico, al jurista, al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia.Laburguesía desgarró los velos emotivos y sentimentales que envolvían la familia y puso al desnudo la realidad económica de las relaciones familiares .


La burguesía vino a demostrar que aquellos alardes de fuerza bruta que la reacción tanto admira en la Edad Media tenían su complemento cumplido en la haraganería más indolente. Hasta que ella no lo reveló no supimos cuánto podía dar de sí el trabajo del hombre. La burguesía ha producido maravillas mucho mayores que las pirámides de Egipto, los acueductos romanos y las catedrales góticas; ha acometido y dado cima a empresas mucho más grandiosas que las emigraciones de los pueblos y las cruzadas.

La burguesía no puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos de la producción, que tanto vale decir el sistema todo de la producción, y con él todo el régimen social. Lo contrario de cuantas clases sociales la precedieron, que tenían todas por condición primaria de vida la intangibilidad del régimen de producción vigente. La época de la burguesía se caracteriza y distingue de todas las demás por el constante y agitado desplazamiento de la producción, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y una dinámica incesantes. Las relaciones inconmovibles y mohosas del pasado, con todo su séquito de ideas y creencias viejas y venerables, se derrumban, y las nuevas envejecen antes de echar raíces. Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás.

La necesidad de encontrar mercados espolea a la burguesía de una punta o otra del planeta. Por todas partes anida, en todas partes construye, por doquier establece relaciones.
La burguesía, al explotar el mercado mundial, da a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita. Entre los lamentos de los reaccionarios destruye los cimientos nacionales de la industria. Las viejas industrias nacionales se vienen a tierra, arrolladas por otras nuevas, cuya instauración es problema vital para todas las naciones civilizadas; por industrias que ya no transforman como antes las materias primas del país, sino las traídas de los climas más lejanos y cuyos productos encuentran salida no sólo dentro de las fronteras, sino en todas las partes del mundo. Brotan necesidades nuevas que ya no bastan a satisfacer, como en otro tiempo, los frutos del país, sino que reclaman para su satisfacción los productos de tierras remotas. Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba así mismo y donde no entraba nada de fuera; ahora, la red del comercio es universal y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones. Y lo que acontece con la producción material, acontece también con la del espíritu. Los productos espirituales de las diferentes naciones vienen a formar un acervo común. Las limitaciones y peculiaridades del carácter nacional van pasando a segundo plano, y las literaturas locales y nacionales confluyen todas en una literatura universal.

La burguesía, con el rápido perfeccionamiento de todos los medios de producción, con las facilidades increíbles de su red de comunicaciones, lleva la civilización hasta a las naciones más salvajes. El bajo precio de sus mercancías es la artillería pesada con la que derrumba todas las murallas de la China, con la que obliga a capitular a las tribus bárbaras más ariscas en su odio contra el extranjero. Obliga a todas las naciones a abrazar el régimen de producción de la burguesía o perecer; las obliga a implantar en su propio seno la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas. Crea un mundo hecho a su imagen y semejanza.

La burguesía somete el campo al imperio de la ciudad. Crea ciudades enormes, intensifica la población urbana en una fuerte proporción respecto a la campesina y arranca a una parte considerable de la gente del campo al cretinismo de la vida rural. Y del mismo modo que somete el campo a la ciudad, somete los pueblos bárbaros y semibárbaros a las naciones civilizadas, los pueblos campesinos a los pueblos burgueses, el Oriente al Occidente.
La burguesía va aglutinando cada vez más los medios de producción, la propiedad y los habitantes del país. Aglomera la población, centraliza los medios de producción y concentra en manos de unos cuantos la propiedad. Este proceso tenía que conducir, por fuerza lógica, a un régimen de centralización política. Territorios antes independientes, apenas aliados, con intereses distintos, distintas leyes, gobiernos autónomos y líneas aduaneras propias, se asocian y refunden en una nación única, bajo un Gobierno, una ley, un interés nacional de clase y una sola línea aduanera.

En el siglo corto que lleva de existencia como clase soberana, la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas. Basta pensar en el sometimiento de las fuerzas naturales por la mano del hombre, en la maquinaria, en la aplicación de la química a la industria y la agricultura, en la navegación de vapor, en los ferrocarriles, en el telégrafo eléctrico, en la roturación de continentes enteros, en los ríos abiertos a la navegación, en los nuevos pueblos que brotaron de la tierra como por ensalmo… ¿Quién, en los pasados siglos, pudo sospechar siquiera que en el regazo de la sociedad fecundada por el trabajo del hombre yaciesen soterradas tantas y tales energías y elementos de producción?

Hemos visto que los medios de producción y de transporte sobre los cuales se desarrolló la burguesía brotaron en el seno de la sociedad feudal. Cuando estos medios de transporte y de producción alcanzaron una determinada fase en su desarrollo, resultó que las condiciones en que la sociedad feudal producía y comerciaba, la organización feudal de la agricultura y la manufactura, en una palabra, el régimen feudal de la propiedad, no correspondían ya al estado progresivo de las fuerzas productivas. Obstruían la producción en vez de fomentarla. Se habían convertido en otras tantas trabas para su desenvolvimiento. Era menester hacerlas saltar, y saltaron.

Vino a ocupar su puesto la libre concurrencia, con la constitución política y social a ella adecuada, en la que se revelaba ya la hegemonía económica y política de la clase burguesa.

La tésis del capitalismo como forma de socialismo genérico, que no específico, no es más que el desarrollo por parte del Materialismo Filosófico de la concepción de la burguesía y del capitalismo de Marx y Engels en el Manifiesto Comunista. Es decir, es la muestra del universalismo racionalista que las revoluciones jacobinas y liberales llevaron a cabo, paralelamente a la revolución industrial, llevaron a cabo y llevan todavía. En ésto, los lectores de Gustavo Bueno tienen parte de razón. Pero, y es un pero muy importante, los lectores de Gustavo Bueno al citar el famoso párrafo se olvidan, o lo omiten intencionadamente, el párrafo siguiente:
Cita:
¿En qué medida el capitalismo deja de ser universalista y, en consecuencia, pierde su condición de socialismo genérico y se convierte en una forma de-generada (si se quiere) de socialismo particularista específico, incluso en una forma peculiar de gnosticismo (la «genialidad» de los grandes empresarios)? En la medida en la cual la apropiación de los medios de producción por particulares o por sociedades anónimas conduzca a una diferenciación de clases sociales entre las cuales se produzcan determinadas elites de-generadas, satisfechas de sus propios «mensajes» y modos de vida.La degeneración gnóstica del capitalismo podría también ejemplificarse analizando ciertas instituciones suyas que, aunque irrenunciables, acaso pueden considerarse como irracionales (en consecuencia, como habiendo perdido todo contacto con los procesos entre los cuales se mueve el materialismo racionalista), a saber, por ejemplo, las instituciones que se acogen a las leyes del azar –los juegos de azar, la lotería, la bolsa, por cuanto las leyes estadísticas por las que se regulan sus transacciones no suprimen la aleatoriedad de las decisiones del inversionista–. Estas instituciones segregan grupos o elites capaces de conquistar posiciones en la escala social no ya por el «esfuerzo racional» propio de los grandes empresarios (que a su vez están, sin duda, determinados u orientados por las redes sociales familiares y de las clases a las que pertenecen dentro de una sociedad política determinada: no es lo mismo pertenecer a la clase social proletaria en Francia, en Alemania, en España, en la Unión Soviética o en Afganistán; el «proletariado universal» es una clase puramente teórica que el Diamat interpretó como clase histórica real, y éste fue su catastrófico error), sino como resultantes de las leyes de azar. Resultados que aquí no corresponde condenar como «injustos» (desde la perspectiva de un socialismo igualitarista) sino por su probabilidad de conducir a la formación de grupos gnósticos que se acogen con facilidad a las ideologías de un darvinismo social que legitima y ensalza a los «triunfadores» por el simple hecho de haber triunfado, es decir, por el simple hecho de haber sido «elegidos» por el destino.

Esto por no hablar del fomento de ideologías irracionales y propias de dementes que el capitalismo fomenta mediante la producción de mercancías y servicios destinados a satisfacer a determinados consumidores, más numerosos de lo que pudiera parecer. Me refiero a la ingente producción de material de superchería, charlatanería y superstición en prensa, literatura y medios de comunicación, así como en cine. Está claro que cuando los lectores de Gustavo Bueno defienden el capitalismo, tanto en su vertiente fundamentalista como funcionalista, están implícitamente apoyando la plétora del mercado con productos como los elaborados por Juán José Benitez, Iker Jimenez y demás lacra. Por no hablar de que, mediante su defensa del capitalismo, también defienden implícitamente que existan mercancías y servicios destinados a fomentar ideologías políticas irracionalistas y particularistas destinadas a satisfacer a consumidores, pero también a saciar las ansias de poder político de determinadas clases sociales; me refiero a mercancías concretas como ikurriñas, esteladas, discos de música radical-proetarra o profascista, películas progres de altas dosis de Pensamiento Alicia o de programas de televisión supuestamente contestatarios y al servicio del ciudadano -así autoproclamados-. Los Materialistas Filosóficos, al comprender la necesaria conexión y entretejimiento entre socialismo genérico -implantación política de la filosofía incluída- y socialismo específico -economía basada en la concertación y eliminando el libre juego de las iniciativas grupales o individuales, o al menos aquellas que atenten contra la eutaxia del sistema socialista-, entienden que determinadas mercancías y servicios deberían sino prohibirse y eliminarse, sí al menos controlarse duramente, como las que he señalado antes. Es decir, no hay socialismo -incluido el capitalismo entendido como proyecto universalista sin élites degeneradas- sin censura y sin control de la producción. Algo que sobre todo, a ciertos elementos del grupo o clase de lectores de Gustavo Bueno, en concreto José María Rodriguez Vega más conocido en todo el ciberespacio como Zarpax, entre otros, no le entra en la cabeza.

Si hemos referido a estos dos grupos, y hemos hablado al principio de lucha de clases dentro del MF -lucha de clases a la que no está exenta en ninguna sociedad política ningún grupo, tanto civil como militar, tanto institucional como informal (en España, casos como el Consejo General del Poder Judicial, el Tribunal Constitucional, la Guardia Civil, el Partido Popular, el Partido Socialista Obrero Español, el Partido Nacionalista Vasco, una comunidad de vecinos, un equipo de futbol de barrio o una tribu urbana; tanto dialéctica como virulenta es esa lucha de clases- es porque, con matices y elementos sin agrupación clara, estas serían las dos clases que luchan enconadamente dentro de los Foros de Nódulo Materialista como en la revista El Catoblepas, en El Basilisco como en otros lugares. Y es que clase, desde las coordenadas del Materialismo Filosófico, es:
Cita:
aquella totalidad distributiva cuyas partes son del mismo orden que el todo, es decir, que son partes integrantes; por consiguiente, las clases se acercan mucho a los géneros porfirianos.http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Clase

Por consiguiente, la lucha de clases sería dentro de los Foros de Nódulo, y en general, dentro del MF, una lucha de clases filosofica, (lucha de clases en la teoría, en expresión de Althusser). La clase de los Materialistas Filosóficos y la clase de los lectores de Gustavo Bueno son clases distributivas, cada una de ellas formada por partes integrantes, cada una con su voz, pero todas enmarcadas dentro de su clase. La clave, entonces, para distinguir una clase de otra, es la ideología de cada clase. Ideología, desde las coordenadas del Materialismo Filosófico, es un sistema:
Cita:
de conceptos e Ideas, también socializadas pero vinculadas a un grupo social (clase social, partido político, institución, corporación) en tanto que dado en conflicto con otros grupos sociales. Las creencias no contienen formalmente esta relación y, por ello, puede hablarse de «creencia de una sociedad considera en sí misma»; las ideologías contienen, en cambio, esa relación y por ello, sólo en la sociedad diferenciada en clases, grupos, &c., en la que cabe hablar de enfrentamiento de unos grupos a otros, podrá hablarse de ideologías.http://www.filosofia.org/filomat/df296.htm

No se puede dejar de mencionar que cada una de éstas clases está influida, entretejida en Symploké, con grupos o clases externos al Materialismo Filosófico, incluso solidariamente frente a la otra. Si por ejemplo la clase de los lectores de Gustavo Bueno es solidaria con los neoconservadores y su defensa fanática del Orden Establecido, aún con matizaciones y diferencias irreconciliables que los alejan como clase de ellos, también los Materialistas Filosóficos hacen lo propio con grupos o clases defensoras del socialismo y/o contrarios a la degradación filosófica acaecida en el llamado Occidente, si bien también mantienen las distancias con ellos, incluso llevando al enfrentamiento directo con los mismos. La cuestión es que la formación de dos clases diferenciadas en los Foros de Nódulo no ha sido ajena a lo que ocurre fuera de Nódulo, ni a las luchas de clases llevada a cabo dentro de España y el resto de la Hispanidad, ni a la lucha de Estados que en el mundo se produce.

Ahora bien, hay que tomar partido. Y el que ésto escribe toma partido por los Materialistas Filosóficos. Los lectores de Gustavo Bueno no son materialistas, ya que es totalmente incompatible el Materialismo Filosófico con toda forma de derecha política, se presente como se presente. El Materialismo Filosófico, si persigue o recomienda cuanto menos la implantación política de la filosofía, no podría ser compatible con un sistema económico basado en la plétora del mercado y en la circulación libre de mercancías y servicios de todo tipo cargados de altas dosis de irracionalismo y/o particularismo. Tampoco el Materialismo Filosófico puede ser compatible con la defensa que los lectores de Gustavo Bueno hacen de ciertos elementos del fascismo, del nacional-sindicalismo o del nacional-catolicismo, como explícitamente ha ocurrido en los Foros de Nódulo. El Materialismo Filosófico es incompatible con el ultraliberalismo de la Escuela Austríaca, cuyos defensores más radicales aseguran que un niño no debería recibir asistencia médica ya que no paga impuestos y es una lacra económica y una ruina mantenerle con vida, lo que va en contra con la moral materialista y el imperativo de mantener con vida a los sujetos operatorios que no atentan contra la vida de otros sujetos operatorios. Todos aquellos que, partiendo del MF, han abrazado la Escuela Austríaca han acabado renegando y abandonando el Materialismo Filosófico, como Antonio Muñoz Ballesta, ahora seguidor acérrimo de Antonio García-Trevijano y su voluntarismo ecléctico -y por tanto, sin ninguna posibilidad de éxito-, aparte de haberse declarado católico. El destino final de los antaño materialistas filosóficos ahora convertidos en lectores de Gustavo Bueno es dejar completamente los círculos materialistas, tanto en internet como en otros ámbitos.

Pero la cuestión es que, desde hace varios años, el encontronazo de ambas clases en los Foros de Nódulo y en El Catoblepas, además de otros medios en internet como determinadas bitácoras, conlleva que esa lucha de clases repercuta en gente ajena, en principio, al MF. De ahí la nula participación en éstos foros y de que, desde enemigos acérrimos del Materialismo Filosófico hasta gente que en un principio hubiera podido simpatizar con nosotros, reniegan del MF gracias a los lectores de Gustavo Bueno e identifican esta doctrina filosófica, la más potente actualmente existente, con estos individuos. Por ello, la lucha de clases dentro de los medios de comunicación cercanos al Materialismo Filosófico ha de zanjarse de una vez por todas, ya que de ello depende el futuro camino que pueda tomar la elaboración o no de una séptima generación de izquierdas políticamente definida con visos a realizar una revolución, primero en el ámbito de la Hispanidad y de ahí para todas las sociedades políticas del planeta. Todo grupo revolucionario ha de soltar lastre para ascender, como un globo aerostático que pretende rebasar la atmósfera terrestre y acercarse a las estrellas.
Lalucha de clases filosófica interna -si es que es posible considerar como dentro del Materialismo Filosófico a los lectores de Gustavo Bueno- sólo puede saldarse con la victoria de los Materialistas Filosóficos, con mayúsculas. Sólo así tiene alguna posibilidad que sea real lo que en su momento escribió Ismael Carvallo en sus ya célebres Tésis de Gijón:
Cita:
El núcleo central de estas Tesis de Gijón es el siguiente: la séptima generación de la izquierda habrá de ser materialista y habrá de ser Iberoamericana, considerando a Iberoamérica de un modo similar al que lo hicieron las Cortes de Cádiz respecto de España: iberoamericanos son todos aquellos que hablan Español en los dos lados del Atlántico. En otras palabras: así como la izquierda socialdemócrata nació marxista y fue pensada, fundamentalmente, en Alemán (sin perjuicio de constatar que lo que hoy queda de esta generación se ha pasado al terreno ambiguo de la indefinición política), la séptima generación nacerá, más que marxista, materialista (quedando el marxismo compendiado y rectificado en la doctrina del materialismo filosófico); además, la séptima generación de la izquierda será pensada en Español.
Estimados amigos de los foros de nódulo:
Uno de los moderadores de los foros de nódulo, José María Rodríguez Vega, extralimitándose en sus funciones y violando una orden directa de la Lechuza, ha borrado todos los mensajes de los compañeros José Manuel Rodríguez Pardo y Santiago Armesilla incluídos en el foro de Teoría política que Vega coordina.
Como medida cautelar ante tan claro eclipse de la sindéresis, éste moderador no podrá borrar ni editar más mensajes de momento. La junta directiva de nódulo materialista tendrá que tomar una decisión al respecto.
También se suprimirán todos los mensajes y lineas de conversación injuriosas del tipo “Armesilla, el chaplinero” o “Zarpax el neofascista” ¿Pero qué se han creído ustedes que es esto?
Repasen las normas y templen los ánimos.
Salud a todos
Respuésta de José María Rodriguez Vega, alias “Zarpax”:
Deseo ser dado de baja de todas partes.
Dejo de moderar el Foro de Política y desde este momento no cuenten conmigo para nada.
Adiós.
Zarpax ha creado éste foro neofascista:

http://forodespaa.creatuforo.com

Pueden ojearlo, ver como Zarpax se registra con varios pseudónimos para aparentar que son más los lectores de Gustavo Bueno y cómo sus acólitos se van con él. La primera batalla se ha ganado.