lunes, 20 de julio de 2015

Capitalismo, crimen organizado y transformación política y social


Artículo publicado en Crónica Popular:




El libro que analizamos en este artículo – Delincuencia, finanzas y globalización* – fue publicado en 2013 por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) incluyendo en él a autores de diversas disciplinas (sociología, criminología, jurisprudencia, politología, etc.) en torno a un tema comúnmente tratado por todos ellos: la relación entre el llamado crimen organizado y los movimientos internacionales de capitales y el impacto sociopolítico de todo ello a nivel político, jurídico y administrativo.
09-01_PrologoEl editor de la obra es el sociólogo español Armando Fernández Steinko, profesor titular de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, y estudioso del blanqueo de capitales y el crimen organizado en España y a nivel internacional. Coordina en la obra artículos del sociólogo, politólogo, diplomático y comisario de policía y responsable de Seguridad del Estado español, Fernando Moreno de Mesa; del también sociólogo y politólogo Juan Díez Nicolás; de la jurista argentina María Laura Böhm, Letrada de la Defensoría General de la Nación, y Aranceli Manjón-Cabezas Olmeda, ‎Profesora Titular de Derecho Penal de la Universidad Complutense de Madrid; del Catedrático de Derecho Penal, Derecho Procesal Penal, Filosofía del Derecho y Sociología del Derecho de la Universidad de Munich, Bern Schünemann; y de la criminóloga italiana Letizia Paoli, profesora titular de la Universidad de Lovaina [1].
Este libro-estudio analítico consta de dos partes, además de un prólogo, de Ramón Sáez, juez de la Audiencia Nacional, cuya trayectoria profesional le permite tener una visión de conjunto del crimen organizado más completa y global que otras labores profesionales, y un estudio introductorio de la cuestión sobre la relación entre delito y criminalización. La primera parte, compuesta por aportaciones del propio Fernández Steinko (págs. 245-288), Díez Nicolás (págs. 211-244), Moreno de Mesa (págs. 175-210) y Paoli (págs. 133-174), está centrada en los aspectos socioeconómicos, antropológicos, históricos y culturales del delito y su relación con el campo sociológico y el campo económico con los que se entreteje y que, también, ayuda a conformar. La segunda parte, partiendo de la anterior, se centra en lo jurídico-normativo y la respuesta desde los poderes del Estado al crimen organizado y su impacto social, particularmente hacia el blanqueo de dinero negro desde la llamada “sociedad civil” y respecto de la administración pública.
Las actividades económicas del crimen organizado, incluso desde su gestación histórica hace ya varios siglos, no pueden entenderse sin el desarrollo y expansión internacional del sistema económico capitalista. Coincidimos con el análisis de Leticia Paoli que denomina las actividades, y las instituciones típicas, del crimen organizado como “empresa ilegal” (pág. 139). Nosotros queremos incidir en esta definición para realizar nuestro comentario acerca de este libro, que será un comentario de análisis de esta obra colectiva desde una concepción materialista de las instituciones antropológico-políticas y su impacto en la conformación del campo económico.
Si definimos las empresas como instituciones calientes de ciclo ampliado[2] lo hacemos en tanto que estas tienen una estructura que las impulsa hacia una expansión orientada a la ampliación o crecimiento de su propia estructura singular, lo cual determina un crecimiento cuantitativo y cualitativo de su misma especificidad categorial. Así funcionarían, a nuestro juicio, todas las empresas (legales, ilegales y alegales). Las instituciones desde un punto de vista antropológico-filosófico tendrían seis características básicas[3]:
1) Tienen estructura hilemórfica, son totalidades corpóreas en las que se distingue una forma y una materia.
2) Son unidades culturales morfológicas de orden sistático (se trata de modelos o definiciones), estructuras corpóreas observables aún llevando elementos “ilusorios”.
3) Son recurrentes, lo que implica reconocer instituciones elementales que existen y coexisten con otras, no todas con todas, pero sí insertadas dentro de conjuntos complejos de instituciones, ya sean políticas (los Estados) o económico-políticas (los mercados), sin perjuicio de que estos conjuntos complejos de instituciones no puedan ser considerados jamás instituciones totales, ni puedan considerarse esos conjuntos complejos como instituciones tal cual (así como no pueden serlo las “subinstituciones”) tomadas al azar, debiendo estar racionalizadas las propias instituciones dentro de conjuntos complejos que han de ser, necesariamente, históricos, sociales y antropológicos.
4) Son racionales, pues si el hombre es un animal racional, a diferencia de la racionalidad de los simios o de otros animales, lo es a través de instituciones ya que solo a través de ellas es posible la racionalidad propiamente humana, que es una racionalidad institucionalizada.
5) Son normativas. Tienen respetabilidad, emparentándose así con la universalidad formal lógica, oponiéndose a la singularidad concreta, y la tienen porque son receptibles, lo que implica que son normativas, pues la respetabilidad cabe únicamente si la forma repetible actúa como modelo formal. Las instituciones son estructuras racionales multiplicables, alcanzan su condición de normas de esta manera, las mantiene iguales a sí mismas y entran en composición con otras instituciones germinando así sus variaciones. Instituciones propias del campo económico-político como las mercancías (bienes y servicios), los trabajadores y las empresas son, por tanto, normativas, tienen respetabilidad por ser repetibles, dando y adquiriendo normatividad a su repetición, la cual evoluciona y permite evolucionar el proceso productivo mismo y los modos, medios y relaciones de producción.
y 6) Tienen una condición axiológica, son valores y contravalores, es decir, que no son neutras, y no son puestas en valor como bienes con susceptibilidad de recibir valores sobreañadidos desde un mundo ideal.
A partir de estas seis características podemos analizar las instituciones propias del crimen organizado, siguiendo además la analogía con las instituciones empresariales homologadas dentro del campo económico, pues todas estas características permiten ver a las empresas como lo que son, instituciones, incluidas las empresas ilegales y alegales del crimen organizado.
Está claro que tienen una forma y una materia, conformada durante años, décadas e incluso siglos (las mafias china y japonesa son las más antiguas de todas). Son observables por otros sujetos ajenos a ellas, los cuales en ocasiones de alguna manera pueden interactuar con su curso, bien sea formando parte de ellas, bien sea sufriendo sus acciones, bien sea infiltrándose en ellas para su desarticulación vía policial, o incluso bien sea saliendo de sus filas traicionando su estructura. También cabe la posibilidad de una vía indirecta de observación del hilemorfismo criminal, como pueda ser la investigación académica del fenómeno del cual es muestra la obra que comentamos, o la lectura de ficción sobre el crimen organizado o el visionado de películas como recapitula Díez Nicolás en su texto (p. 212, nota 1).
CC: Aristipo (Grafiti de las calles de Valencia).
CC: Aristipo (Grafiti de las calles de Valencia).
Las instituciones propias del crimen organizado son recurrentes. Al tomar estas instituciones como empresas, igual que Paoli, entendemos que están sujetas también a la rotación recurrente que, junto con la composibilidad de factores, supone ser el pilar fundamental de la Razón económica. Dentro del campo económico se desarrollan las relaciones de producción por las que todas las mercancías circulan de mano en mano desde la producción misma hasta el consumo de los hogares, en un proceso ininterrumpido que depende de factores tanto económicos (Economía Política y Política Económica), como factores extraeconómicos (políticos, demográficos, científicos, técnicos, tecnológicos). La circulación y rotación recurrente de mercancías conlleva la circularidad de sus valores relacionados tanto de uso como de cambio, tanto los costes y medios de producción sobre los que orbitan los precios comerciales finales y su recurrencia, dependiendo de los factores antedichos. La composibilidad de todos estos factores económicos y extraeconómicos dentro de las relaciones de producción y su evoución, evolucionando con ello también los modos y los medios de producción, conecta la recurrencia de las instituciones económicas, de los mercados y de los planes y programas políticos económicos entretejidos entre sí con planes y programas políticos de la sociedad política, con su estabilidad. Sin Estado no podría haber rotación recurrente ni circularidad de bienes, valores y servicios económicos y, al mismo tiempo, sin esto, la estabilidad del Estado sería imposible, así como sin dialéctica de Estados y de clases no podría haber rotación recurrente ni circularidad internacional de los valores económicos, pues su característica como configuraciones antropológico-institucionales se da, también, en el hecho de circular universalmente a través de la dialéctica de Estados. Esta relación entre la dialéctica de Estados y la recurrencia del crimen organizado la resume muy bien Fernando Moreno al final de su artículo con su hipótesis alternativa a la génesis del fenómeno criminal empresarial:
“[…] el crimen organizado se gesta en el interior de la Administración Pública, a partir de cuyo nido se generan o atraen a las asociaciones de delincuentes, que adquieren su cualificación de ‘organizaciones criminales’ precisamente por su contacto con los individuos o grupos que proceden del interior de las instituciones. La corrupción no se produce desde fuera hacia adentro, sino desde dentro hacia afuera, salpicando a las actividades económicas que, de una u otra forma, tienen en la Administración un elemento presente en casi todas las fases de desarrollo del negocio” (p. 209).
La producción de valores económicos y su inserción en las relaciones de producción del campo económico en una sociedad política determinada, con un sistema económico y político determinados, y el entretejimiento de esta con otras sociedades políticas determinadas con sistemas políticos y económicos similares o distintos, dependiendo de su configuración institucional, y sus propias relaciones de producción, produciendo y haciendo circular sus propios valores económicos, constituye, por una parte y como ya dijimos, el bombeo de sangre de cada sociedad política particular, y el núcleo económico-político que permite la interconexión de diversos Estados, la cual tiene sus puntos álgidos de acercamiento y alejamiento. La composibildad de factores en el campo económico, incluida la composibilidad con mano de obra, empresas y mercancías ilegales y alegales, no sería posible desconectada de la Razón económica y, por tanto, no sería posible sin la dialéctica de clases y de Estados.
Aunque cometan actos irracionales a los ojos de muchos, las instituciones del crimen organizado tienen un funcionamiento racional. Si la racionalidad humana es institucional, las instituciones propias del tráfico de drogas, de personas y de armas (principales negocios del crimen organizado) tienen un funcionamiento racional, recurrente y advertido por gente también ajena a su desarrollo.
Son normativas, crean respetabilidad debido a su racionalidad recurrente, y son copiadas, imitadas e incluso emuladas por otras organizaciones criminales.
Finalmente, no son neutras nunca. Son, si utilizamos la perspectiva lingüístico-antropológica emic / etic de Kenneth Lee Pike[4] luego modificada por Marvin Harris[5], valores emic respecto al propio grupo criminal pero son contravalores etic respecto de otros grupos criminales competidores y/o rivales, y sobre todo son contravalores éticos, morales y políticos respecto de las sociedades políticas que sufren sus acciones. Y de ahí la persecución, penalización y los intentos de desestructuración del crimen organizado por parte del Estado ya sea con su acción directa ejecutivo-judicial, ya sea desde su análisis desde el campo del Derecho para la mejor articulación de las leyes y de la defensa de la sociedad política contra el crimen organizado, si bien la investigación académico-judicial del crimen organizado solo puede “falsarse” en la aplicación ejecutiva de sus modelos en una sociedad concreta.
Con todo ello queremos indicar la racionalidad del crimen organizado y de las relaciones delincuenciales entre personas. Y lo hacemos en tanto que entendemos que, como producto cultural, el crimen organizado, y salvo por el hecho de que no cuenta con ayuda económica de los Estados (al menos no directa ni oficial), está sujeto a las mismas leyes económicas, políticas, sociológicas, antropológicas y jurídicas que el resto de instituciones legales, evolucionando al mismo ritmo en que evolucionan estos campos antedichos además de los campos técnicos, tecnológicos y científicos con los que también están entretejidos aquellos. Consideramos que el libro editado por el CIS da buena cuenta de todo este entretejimiento y de toda esta evolución. Con lo cual, la evolución del crimen organizado a nivel institucional, y de su lucha contra él, será consecuente con la evolución misma que las propias sociedades políticas en dialéctica entre sí (y de sus clases sociales) desarrollen en el futuro.
* Delincuencia, finanzas y globalización,
Armando Fernández Steinko (ed.),
Colección Academia (35),
Centro de Investigaciones Sociológicas,
Madrid 2013,
398 páginas.
[1] Información más detallada sobre ellos puede encontrarse al final del libro, págs. 395-398.
[2] Gustavo BUENO, “Ensayo de una teoría antropológica de las instituciones”: El Basilisco, 2ª época, nº 37 (julio-diciembre 2005), p. 36.
[3] Santiago ARMESILLA, “Trabajo, utilidad y verdad: la influencia de las técnicas y tecnologías de investigación operativa en la conformación de los precios comerciales y su impacto en las teorías del valor. Un análisis comparado desde la teoría del cierre categorial”: Tesis Doctoral, 2014, págs. 37-38.
[4] Kenneth Lee PIKE, Language in relation to a unified theory of structure of human behaviour, Mouton, La Haya, 1967.
[5] Marvin HARRIS, “Chapter two: the epistemology of cultural materialism” en Cultural materialism: the struggle for a science of culture, Random House, Nueva York, 1967, págs. 29-45.