miércoles, 29 de junio de 2016

Brexit, soberanía y clase obrera


Publicado en Crónica Popular y en el blog de la Agrupación del Partido Comunista de España de Vicálvaro:





Varios alumnos de los cursos de Materialismo Histórico y Teoría Crítica de la Fundación de Investigaciones Marxistas y compañeros de Comisiones Obreras me han pedido que responda a estas preguntas sobre el Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea producida en el referéndum que en las Islas Británicas y colonias de ultramar se produjo esta semana de junio. Estas son mis respuestas.

1)      ¿Qué deben hacer ahora, en primer lugar los líderes políticos británicos, y tras ellos los líderes sindicales y sociales que han defendido la permanencia?

Lo que deberían hacer es, si tienen capacidad para ello, revisar sus ideas falaces sobre el imposible “efecto dominó” de cambiar la Unión Europea desde dentro. Es imposible. Por el brexit, que afortunadamente ha salido adelante, han apostado también comunistas británicos, no solo el UKIP y algunos miembros de los “torys”. Además, la dialéctica hace extraños compañeros de cama, y eso un marxista debe siempre tenerlo en cuenta. Si no, mejor que no se meta en política. Deberían estar arrepentidos y hacer propósito de enmienda, pues rectificar, dicen, es de “sabios” (y los griegos antiguos decían que sabio es el que sabía de sabores). Con la salida del Reino Unido la UE ha salido muy tocada, pues han perdido un elemento estratégico importantísimo para las intervenciones militares internacionales (los británicos son potencia militar, tienen un gran ejército, armamento nuclear y están en el Consejo de Seguridad de la ONU), y el hecho de que Barack Obama haya realizado una visita previa al referéndum para pedir la continuidad ya indica de por dónde iban los tiros imperialistas depredadores anglogermánicos. Un dato a tener en cuenta es que han sido determinantes para la salida los votos de los obreros concentrados en los suburbios de las grandes ciudades industriales inglesas, salvo Londres, que está llena de inmigrantes europeístas, estudiantes universitarios con ganas de irse de Erasmus a drogarse a Amsterdam o a emborracharse a España. Y lo que se ha dicho contra esta clase obrera, por parte de los medios europeístas y por parte de estos universitaristas tan caros de sí mismos, es que son una “panda de paletos sin estudios” que “han buscado en Google qué es la UE tras votar”. Pues que se fastidien, porque los trabajadores británicos, independientemente de la formación y la orientación de su voto, han decidido que están mejor fuera de ese bloque depredador neocolonial que es la UE que dentro. Y han dado un aviso: la soberanía nacional, el Estado como sujeto político de transformación en manos de los trabajadores (y el referéndum ha sido su única herramienta de decisión en muchísimas décadas para ellos) sigue existiendo. Ahora solo falta que los trabajadores españoles, nacionales y residentes, también lo tengamos en cuenta.

2)      ¿Es posible a partir de ahora un fuerte liderazgo social en Gran Bretaña?

Habrá que ver qué evolución hay. A partir de ahora, medios socialdemócratas y liberales (que son lo mismo) empezarán a apabullarnos con una propaganda anglofóbica constante, poco menos que el Reino Unido es, ahora, Corea del Norte. Y apostarán por su balcanización, porque Irlanda del Norte se unifique con la Irlanda miembro de la UE y con que Escocia se separe de Inglaterra y Gales para ser el Caballo de Troya europeísta en la Gran Bretaña. Ahí será determinante la interrelación soberana que los líderes políticos británicos y los trabajadores organizados tengan. Y también será determinante lo que ocurra en las elecciones en Estados Unidos. Los halcones yankis harán todo lo posible, tras esto, para que Hillary Clinton sea la nueva presidenta del Imperio Estadounidense. Donald Trump, que muchos ven como la “extrema derecha”, cumple un papel en Estados Unidos muy cercano a la tradición republicana más soberana. Trump es anti-UE, dice que la OTAN está obsoleta, que el TTIP no es recomendable, que hay que recuperar la inversión propia industrial y tratar de depender menos de los capitales foráneos, y defiende un proteccionismo sin ambages. Que sea un gran burgués, no implica que sus medidas sean muchísimo menos liberales que las de un Partido Demócrata que, desde siempre, y salvo los casos republicanos de Eisenhower, Nixon, Ford, Reagan y los dos Bush, ha sido más intervencionista e imperialista que los republicanos. No en vano, el 57% de los obreros industriales estadounidenses tienen intención de elegir a Trump como su presidente. La convergencia Brexit-Trump puede ser crucial para el incumplimiento de las pretensiones de la Gran Burguesía estadounidense en torno a la configuración del TTIP-TTP. Pero, lo dicho, no será fácil. De hecho, Trump ya ha sufrido en uno de sus mítines un intento de asesinato.

3)      Resto UE: ¿Se mantendrá el mito de que hay Unión?

Nunca ha habido unión. Europa, como unidad política, no ha existido nunca, ni jamás existirá, salvo imposición externa ante un enemigo de fuera (¿Rusia? ¿China? ¿El Islam?). Europa es más como una biocenosis, un biotopo donde diversas especies, diversos Estados, conviven entre sí pero de manera polémica, tratando de devorarse los unos a los otros. La UE creó la falsa apariencia de paz entre Estados europeos, pero durante toda la Historia de la UE ha habido trifulcas por la firma de tratados entre Estados, por el ingreso o no de nuevos miembros (países del Este, Turquía), por implementación o no del euro (Reino Unido y Dinamarca no están), del Acuerdo de Schengen para el traspaso sin trabajas aduaneras de fuerza de trabajo de todo tipo, de imposición o no de una “Constitución Europea”, que no salió ni en Holanda ni en Francia y que fue impuesta tras el Tratado de Lisboa, etc. Por no hablar de los conflictos bélicos que han asolado Europa desde la caída de la Unión Soviética y en los que la UE, junto con la OTAN, han sido mano responsable absoluta, como la balcanización de Yugoslavia, el conflicto en el norte de Georgia o lo que está pasando ahora en Ucrania, en un intento de cercar a Rusia otra vez. Europa es un mito oscuro, confuso, mantenido por intereses de clase, de Estados. Es un nido de tiburones donde gran-burgueses manejan Estados a su antojo, así como a ONGs, estudiantes universitarios y funcionarios que, felices de su tren de vida, no quieren para nada que se desmorone su chiringuito de Bruselas y Estrasburgo.

4)      ¿Cómo queda de tocada la distopía del Euro?

Queda bastante tocada, pero aún no hundida. Los animales heridos y acorralados suelen ser más peligrosos en ese estado que en circunstancias de mayor fortaleza. Pueden darte un zarpazo mortal antes de desfallecer. El problema es que sigue habiendo mucho europeísta, que cree que fuera de Europa volveríamos a la Edad Media o al Paleolítico, o que volvería a haber guerra en Europa. Eso está por ver, aparte que, como he indicado en la respuesta anterior, existiendo la Comunidad Económica Europea (CEE) y la UE, en Europa ha habido tres guerras, y ahora mismo hay una guerra en territorio europeo, en Ucrania. Europa es el espacio geográfico donde más guerras ha habido siempre, y por eso lo denomino biocenosis. La CEE-UE fue una creación del Plan Marshall para frenar la expansión del comunismo soviético a la Europa Occidental. De hecho, la Transición Española fue un Plan Marshall tardío tras la muerte de Franco. Pero los funcionarios que pilotaron la construcción de la CEE, sobre todo en Alemania, fueron antiguos miembros del Partido Obrero Nacionasocialista Alemán (Nazi), reconvertidos en demócratas. Un papel crucial lo tuvo Walter Hallstein, que en 1958 fue el primer presidente de la Comisión Europea. Hallstein fue el redactor del proyecto federal nazi, que pretendía trocear los Estados europeos en clave étnica alrededor del Tercer Reich ario alemán. Y como él, muchos más. La idea de Europa como unidad política ha tenido dos patas ideológicas: la teórica liberal-capitalista, de la que son exponentes el alemán Gustav Streseman y el francés Arístides Briand allá por la década de 1920, y otra política fascista, pues fue Adolf Hitler el primer gran constructor de la Unión de Europa en sentido político. Me permito retomar estas palabras de Lenin al respecto del proyecto de los “Estados Unidos de Europa”, que datan de 1915:
Desde el punto de vista de las condiciones económicas del imperialismo, esto es, la exportación de capitales y la división del mundo por los poderes coloniales ‘avanzados’ y ‘civilizados’, los Estados Unidos de Europa, bajo el capitalismo, o son imposibles o son reaccionarios…
 
Por supuesto, son posibles los acuerdos temporales entre capitalistas y entre Estados. En este sentido los Estados Unidos de Europa son posibles como un acuerdo entre los capitalistas europeos… ¿pero con qué fin? Solo con el propósito de suprimir conjuntamente el socialismo en Europa… Sobre la actual base económica, es decir, bajo el capitalismo, los Estados Unidos de Europa significarían una organización de la reacción”. 
(Sobre la consigna de los Estados Unidos de Europa, Lenin, 23 de agosto de 1915).
A mi juicio, y desde una perspectiva tanto de clase obrera como patriota, Europa es el problema y la soberanía nacional española es la solución.

5)      ¿No amenazaron a Grecia con echarla del euro, si no aplicaba las medidas neoliberales que están aplicando?

Grecia no tiene dónde ir. Podía haberse aliado con Rusia y China (a Rusia la une el credo cristiano ortodoxo y la influencia histórica que el Imperio Bizantino, con capital en Constantinopla -la actual Estambul-, y de inspiración grecorromana, tuvo sobre la formación histórica de Rusia como nación ya en la Edad Media). Pero algunos aprendices de geopolítica, como Pablo Iglesias, han negado que Grecia tenga esa salida. Para él, y para muchos en Izquierda Unida y el PCE, lo que hay que hacer es “reformar la UE desde dentro”, y eso es imposible. No habrá nunca un efecto dominó que haga a Europa “más democrática”. Los conservadores británicos y el UKIP, en su activismo antieuropeísta, han sido muchísimo más revolucionarios que Iglesias o Tsipras al haber recuperado la soberanía nacional tras su salida del nido de tiburones que es la Unión Europea. ¿Qué puede hacer España? ¿A dónde podemos ir? Aunque sea muy difícil articularlo actualmente, España y Portugal deberían mirar hacia América Latina. Y nuestros partidos, sindicatos y movimientos sociales de izquierdas deberían esforzarse por construir, a pesar de todo, una Alianza Socialista Iberoamericana. Esto es compatible con tener buenas relaciones con los Estados del resto de Europa y con el internacionalismo proletario. Pero un ardid geopolítico como esta Alianza permitiría poner picas en Flandes a una grandísima escala, en suelo europeo y americano, también africano (por el Sáhara Occidental, Guinea Ecuatorial, Angola y Mozambique, etc.) y asiático (Timor Oriental en su recuperación de la soberanía frente a Indonesia, Filipinas, etc.). No se trataría de recuperar un Imperio fenecido que jamás volverá, pues el pasado nunca vuelve. Se trataría, más bien, de apoyarse en los restos del naufragio que todavía quedan de aquello (idioma común, intercambios culturales comunes frecuentes, intercambio constante de experiencias políticas y sociales, etc.) para partir a una unión, de igual a igual, sin paternalismos ni neocriollismos, entre trabajadores latinos e hispanos, respetando la diversidad pero firmes en la lucha común. Es más, me mojo. En este siglo XXI que ya tenemos algo rodado, la distinción entre ser de izquierdas o no en España podría definirse en esta máxima: será de izquierdas, patriota y defensor de los intereses de la clase obrera quien esté contra el euro y la Unión Europea, defienda el internacionalismo proletario y la Alianza Socialista Iberoamericana; será de derechas quien esté en contra de todo esto, quien sea europeísta en todo o en parte y desprecie a los latinoamericanos y sus luchas políticas y sociales.

6)      ¿Qué ‘club’ es ése que por un lado dice que será catastrófico si te vas, pero por otra parte te amenaza con expulsarte?

Pues una mafia, como no podía ser de otra manera. Una mafia que somete a un soborno constante a sus Estados y a sus trabajadores, con un comportamiento propio de un maltratador que a su pareja le dice “Sin mí tu vida será miserable, pero conmigo tu vida será imposible”. Hemos de admirar al Reino Unido por haber plantado cara a esta dicotomía maltratadora, aunque lo difícil para ellos estará por venir.

7)      ¿Quedan, en algo, en evidencia nuestros propios dirigentes políticos y sindicales?

Todos quedan en evidencia, porque todos los dirigentes políticos españoles son europeístas, incluidos Iglesias, Alberto Garzón y José Luis Centella. Ante estas actitudes me retrotraigo a mi respuesta a la pregunta número 5. Desde el Rey, hasta Arnaldo Otegui (otro que quiere “otra Europa”), todos en España son europeístas. Se trata de un cáncer ideológico que viene de lejos, pero que tuvo su punto de inflexión con la influencia cultural y filosófica de José Ortega y Gasset, europeísta convencido formado académicamente en Alemania, que resumió esta cuestión con la famosa, para mal, frase de “España es el problema, Europa es la solución”. Me reitero, y añado: “Europa es el problema, España y sus trabajadores, con el resto de naciones iberoamericanas, es la solución”.

8) ¿Crees que con el Imperio Romano, con Carlos V, con Carlomagno, con el Sacro Imperio Romano Germánico y con Napoleón, había más Unidad política, que en la actual Unión Europea del Euro?

Tampoco con esos ejemplos hubo unidad política europea. El Imperio Carolingio, que se toma como el primer gran ejemplo de Estado europeo, no cubría más que sería el “núcleo irradiador”, en palabras de Íñigo Errejón, de lo que sería la idea política de Europa: el eje industrial Rhin-Ródano-Po, que incluye a Alemania, Suíza, Liechstenstein, Austria, Países Bajos, Luxemburgo, Bélgica, Francia y el norte de Italia. Pero ese “núcleo” europeísta está rodeado de un rombo de Estados que son también Europa a nivel geográfico y cultural, pero cuya influencia histórica y política ha sobrepasado con creces los límites geográficos europeos. Esos Estados que forman ese rombo son España (y Portugal, que también estaría incluida en la Alianza que debemos defender), Turquía, Rusia y el Reino Unido, que ya ha salido de la UE. Tampoco el Imperio Romano era un Imperio europeo, como algunos europeístas, liberales y fascistas, reclaman. No, Roma era un Imperio talasocrático basado en el Mar Mediterráneo que abarcaba el sur de Europa, Francia, la actual Inglaterra y Gales, los Alpes, el norte de África y Egipto, Turquía, Palestina y Mesopotamia. Así que de europeo nada. Es bueno que, con estas crisis orgánicas de las estructuras imperialistas depredadoras, los trabajadores despiertos hagan crítica y autocrítica de ideas preconcebidas que les han metido durante décadas en la cabeza para, a partir de esta reflexión, ayudar al resto de compañeros de su clase, dentro y fuera de nuestras fronteras, a luchar contra el mismo enemigo.