lunes, 2 de enero de 2017

¿Puede un fascista volverse comunista?





Actualmente en redes sociales pululan, sobre todo en twitter, un número reducido, pero considerable, de perfiles que se presentan como comunistas, marxistas-leninistas, y epítetos similares que insisten en engarzar comunismo con patriotismo. Ciertamente así es. El comunismo, como insistió Doménico Losurdo en la entrevista que le hice en Crónica Popular, solo ha triunfado en aquellas naciones donde se convirtió en una lucha nacional, de liberación nacional, o lo que es lo mismo, en donde fue patriótico (http://www.armesilla.org/2015/10/entrevista-domenico-losurdo.html). Losurdo decía así:
Para empezar debemos reflexionar acerca de cuáles son los países en los que el Partido Comunista sigue en el poder. Son países en los que el Partido Comunista ha llegado al poder después de una guerra de liberación nacional: China después de la guerra de liberación nacional contra el imperialismo japonés; lo mismo vale para Vietnam, para Cuba y para los otros países que has citado. Es decir, solo donde la causa del socialismo y del comunismo ha tenido una profunda resonancia nacional, donde efectivamente el internacionalismo ha sido profundamente nacional –esta es la tesis de Gramsci: “el internacionalismo es auténtico solo si es profundamente nacional”- los comunistas han conseguido vencer el ataque de quien quería derrocarlo del poder y conservarlo.
Si uno lee "El marxismo y la cuestión nacional" de Stalin o "Sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación" de Lenin, verá que ambos insisten que la separación de las naciones entre sí solo tiene sentido si esas naciones son colonias, esto es, naciones étnicas o incluso Estados independientes que han sigo conquistados por un imperio depredador que ha mantenido a la nación conquistada bajo un gobierno indirecto y bajo un sometimiento político-económico de esquilmación de recursos naturales y de mantenimiento de la población prácticamente en el mismo Estado en que los encontraron al conquistarlo o incluso los ha degradado. Los bolcheviques consideraban que las naciones de Asia Central, del Cáucaso, Finlandia, Polonia, del Báltico, Ucrania o Bielorrusia, eran naciones que tenían derecho a separarse del Imperio Ruso. Derecho mantenido constitucionalmente luego de la creación de la Unión Soviética. Sin embargo, la idea de nación de los bolcheviques, expresada por Stalin en la citada obra tenía que adoptar unas ciertas características que, si no se daban conjuntamente, no podría hablarse de nación en ningún caso:

a) La nación es una comunidad humana estable.
b) La nación se ha formado históricamente.
c) La nación ha surgido sobre la base de una comunidad de idioma.
d) La nación ha surgido sobre la base de una comunidad de territorio.
e) La nación ha surgido sobre la base de una comunidad de vida económica.
f) La nación ha surgido sobre la base de una comunidad de psicología colectiva.
g) La nación ha surgido sobre la base de una comunidad de cultura.

Lenin y Stalin insistían que la separación solo tenía sentido para las colonias en tanto que entendían que las partes formales del Imperio Ruso antes mencionadas eran colonias de los granrrusos. Colonias transformadas por los bolcheviques en Repúblicas Socialistas Soviéticas, parte del Imperio Ruso transformado ahora en la URSS. Y lo que valía para Rusia no podía valer para las naciones de Europa occidental, incluida España, salvo para la excepción irlandesa en tanto que nación conquistada por los ingleses con una religión distinta y una historia particular, caracterizada en la edad contemporánea por el surtido de mano de obrar proletaria irlandesa en gran masa al imperio colonial británico. Esta perspectiva sobre la nación de los bolcheviques se oponía tanto a la idea de autonomiá cultural-nacional del austromarxismo de Otto Bauer (que tanto ha influido en las izquierdas españolas) y del bundismo, el marxismo judío separatista y autonomista de Isaac Rubin y otros.

Sin embargo, la idea de nación de Stalin, con sus siete características unidas, podría ser válida, dependiendo del fondo filosófico que se tenga, tanto para la nación española como para una región concreta con su dialécto o lengua particular.  Gustavo Bueno trató de resolver el problema con su obra de 1999 "España frente a Europa", en la cual profundizaba, aún críticamente, en los argumentos de Lenin y Stalin sobre la nación y sobre el imperialismo. En la parte de la nación estableció la siguiente distinción conceptual que, a nivel histórico, se ha desarrollado en torno a la palabra nación, término de origen medieval:

1) Nación biológica, el primer concepto de nación históricamente surgido en la Alta Edad Media, y que hacía referencia tanto a las partes formales y materiales del cuerpo del sujeto que habían "nacido" de sí mismo ("la nación de los dientes") como a la familia directa (los hijos, la madre, el padre, etc.). De esta nación biológica evolucionarían los tres restantes.
2) Nación étnica, el segundo concepto de nación, que hace referencia al grupo social más o menos homogéneo en el que familias similares, clanes y tribus conviven entre sí. La definición de Otto Bauer, pero también la de Stalin, coinciden con esta definición de nación. Y también la definición del bundismo. El romanticismo alemán toma su idea de nación de aquí.
3) Nación política, el tercer concepto de nación, que refiere al Estado-nación surgido con las revoluciones estadounidense de Independencia y con la Revolución Francesa, así como con la Constitución de Cádiz de 1812. Las naciones étnicas, las clases sociales y otros grupos humanos son holizados dentro de un territorio único donde un Estado, antes feudal o absolutista, se convierte en Estado nacional. Los súbditos se convierten en ciudadanos, con los mismos derechos y deberes, y aparece la igualdad ante la Ley. La Unión Soviética transforma la idea de nación étnica de Stalin en nación política mediante la escritura de sus propias Constituciones.
4) Nación fraccionaria, el cuarto concepto de nación. Hace referencia a la parte formal de una nación política que, al afirmarse (en todo o en parte) a sí misma como nación, trata de romper la nación política de la que forma parte. Es el concepto de nación que defenderían todos los movimientos separatistas del planeta. Su objetivo, construir su propio Estado-nación, bien basado en elementos étnicos, lingüisticos, religiosos o económicos, o una mezcla de todos ellos.

Como vemos, Bueno enmienda a Stalin a nivel teórico porque la propia historia de la Unión Soviética enmendó las ideas de Lenin y Stalin antes preestablecidas. Y precisamente, esta enmienda histórica es absolutamente dialéctica, pues la praxis ha de permitir modificar la teoría. Y si esta teoría no es capaz de corregir sus propios errores, entonces la teoría no es dialéctica, ni materialista, ni revolucionaria.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver todo esto con los perfiles en twitter que se afirman comunistas y que, en su mayoría, o son de gente que proviene del tercerposicionismo y lo ha abandonado, o trata de abandonarlo, hacia la izquierda, o bien son de tercerposicionistas confesos que buscan acercar a sus ascuas a comunistas que sí han leído bien a Lenin y a Stalin, pero no han leído a Bueno o no han profundizado en sus conocimientos de la dialéctica materialista?

Tiene que ver en tanto que es positiva dicha evolución en tanto que el patriotismo comunista es mucho más sano que el fascista, que es nocivo y depredador. Pero dicha evolución no puede ser positiva del todo su un ex-fascista no empieza a conocer los rudimentos de la dialéctica materialista. No basta con ser ateo, como lo fue Mussolini, para conocer esta dialéctica. Y puede que el ex-fascista que ha abrazado el comunismo se quede en una mera militancia de base en su nueva organización, si es que milita en alguna, pues puede ahora no militar en nada. Yo, que nunca he sido de derechas ni fascista, entiendo que conocer esta dialéctica, conocer este materialismo filosófico, no solo permite al ex-fascista, ahora comunista, dejar de ser un mero militante comunista de base con un sentimiento patriótico sano. Sin embargo, los dejes fascistas continuarán presentes si no hay un corte total con ellos que solo puede producirse por el conocimiento de la dialéctica materialista y su asimilación completa por el nuevo militante. De lo contrario, o bien queda en un mero clon de Jorge Verstrynge, o bien acaba en la izquierda socialdemócrata como les pasó a muchos falangistas en el siglo pasado.

Hace tiempo escribí un tweet que provocó una polvareda sobre todo entre fascistas, que se vieron insultados: "El fascismo no es más que una socialdemocracia de derechas". El sentido del tweet tiene que ver con el desconocimiento de la dialéctica materialista y sus fundamentos, enseñados por Marx, Engels, Lenin, Stalin y Bueno. Fascismo y socialdemocracia tienen una cosa en común a nivel de dialéctica de clases: su armonismo. Un armonismo que entiende que los conflictos sociales de clase en una sociedad política pueden solucionarse para siempre mediante una organización social corporativa y vertical, que "armonizaría", o incluso acabaría, con la lucha de clases. En este sentido, el fascismo demuestra su ingenuidad política, compartida con la socialdemocracia y todas las ideologías que defienden el Rechtstaat (Estado de derecho), también armonista. Toda ideología armonista es políticamente peligrosa para la estabilidad recurrente de la nación política, del Estado. Pues conflicto va a existir siempre, y solo cabe gestionarlo desde el poder político, como hacen el liberalismo o el comunismo con su idea de dictadura del proletariado. Claro que el armoniso llegó a la URSS con Krushev.

En lo que respecta a la dialéctica de Estados, el fascismo no es armonista, sino imperialista depredador. El nacionalsocialismo pensaba en el esclavismo, y su componente racista impedía su universalismo. Querían convertir a Rusia, hasta Siberia, en un protectorado parecido al que el Imperio Británico tenía en la India. Por su parte, el fascismo italiano pretendía "reconstruir" el Imperio Romano pero en clave colonial. Y el nacionalsindicalismo de José Antonio Primo de Rivera pretendía conectar la idea de Hispanidad de Ramiro de Maeztu con el europeísmo nazi (tardíamente, pues en origen el catolicismo como pilar fundamental del nacionalsindicalismo lo alejaría de toda perspectiva racista o racialista, algo que sin embargo quedó en entredicho tras la muerte de José Antonio y de Ledesma, con la victoria franquista en la Guerra Civil y el acercamiento al Eje Roma-Berlín-Tokyo en la política exterior española que dirigió Serrano Suñer, que implicó, entre otras cosas, tanto el cambio de hora de España para tener la misma que Alemania, como el progresivo acercamiento a la unidad de Europa, cosa que se mantiene hasta hoy). La dialéctica del materialismo filosófico marxista-leninista es inseparable del racionalismo universalista, totalmente ausente en el tercerposicionismo de todo tipo.

Asímismo, hay que hacer notar que la idea de autonomía cultural-nacional de Otto Bauer tuvo una influencia muy importante en José Antonio. No así en Ramiro Ledesma, que era más consciente, siguiendo a Mussolini, del peso del Estado-nación en la política (no en vano, Mussolini era admirador de Simón Bolivar). Pues, influido por Bauer, José Antonio formuló su idea de España como "unidad de destino en lo universal". Sin duda, esta es la más absurda de las definiciones que sobre España, o sobre cualquier nación, jamás han podido realizarse. Es tan poética como ridícula. Pues "unidad de destino en lo universal" es toda totalidad en el Universo cuya finalidad, o cuya teleología, puede ser determinada. La Vía Láctea es una unidad de destino en lo Universal, pues se sabe que su destino es chocar, y fusionarse, con la galaxia de Andrómeda. Y cualquier objeto lanzado por un ser humano en cualquier dirección (una lanza, una piedra, una bola de papel en un aula) es, también, una unidad de destino en lo Universal. La estúpida frase de José Antonio vale tanto para España, como para Cataluña, La Rioja o un lapo.

En definitiva, ¿puede un fascista convertirse en comunista? Solo en tanto que asuma la dialéctica materialista como herramienta analítica de la realidad, lo que implica asumir el materialismo filosófico marxista-leninista, rechazar el armonismo, asumir la dialéctica de clases y de Estados como motor real de la Historia y asumir, también, el racionalismo universalista, válido para cualquier sujeto operatorio, podrá dejar de serlo. De lo contrario, o bien acaba en un patriotismo sano, no depredador, pero no comunista, o bien acabará en otra ideología armonista, posiblemente la socialdemocracia o el izquierdismo indefinido, o vay usted a saber en qué. Lo curioso, e interesante de la cuestión, es que el número de fascistas que, en la Historia, han acabado siendo comunistas, es tan reducido que parece practicamente improbable una conversión total de una ideología a otra.