miércoles, 18 de octubre de 2017

Réplica a Pablo Peña Delfargue


Publicada en Rebelión.Org, el miércoles 18 de octubre de 2017. Se trata de una réplica al artículo de Pablo Peña Delfargue, publicada en este mismo sitio web, el pasado miércoles 11 de octubre de 2017. El artículo original de Peña Delfargue puede leerse aquí: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=232631. Mi respuesta puede leerse en el siguiente enlace, y está reproducida más abajo:





El pasado miércoles 11 de octubre de 2017 la prestigiosa web Rebelión.Org publicó una reseña “crítica” de mi libro El marxismo y la cuestión nacional española (El Viejo Topo, 2017), escrita por Pablo Peña Delfargue. En ella, el autor afirma nada más empezar que se trata de una obra de “aparente actualidad” pero “paradójicamente” de clara “inutilidad práctica”. A la hora de desarrollar el por qué de esta parajoda, Peña Delfargue argumenta que lo que convierte al libro en políticamente inútil es “el hilo estalinista” del mismo. El estalinismo de El marxismo y la cuestión nacional española hará que, según Peña Delfargue, ni siquiera “haya apenas ninguna biblioteca que lo catalogue”. Por cierto, cosa que no es cierta pues ya está catalogado en bibliotecas públicas de barrio y en algunas de Universidad.

Sin embargo, a pesar de la contundencia de sus afirmaciones, consideramos que en ningún momento Peña Delfargue ofrece, en su crítica, argumento alguno que justifique que el estalinismo, o mejor dicho, el marxismo-leninismo en su vertiente occidental que es la perspectiva del libro, lo condene al olvido. De hecho, la aceptación del libro está siendo más que positiva, no solo a nivel de ventas, sino también de argumentario tanto para personas que defendían las posiciones del libro antes de que éste se publicara pero carecían de un texto que respaldara sus ideas, como de cara a los detractores, que ya tienen un texto al que replicar, si gustan y pueden. A nuestro juicio, el epíteto estalinista por parte de Peña Delfargue no es más que el (pen)último asustaviejas de cierto sector de la “izquierda”, criticado en el libro, que corresponde a lo que Bueno denominó en su día izquierda indefinida, sin proyecto definido respecto del Estado, extravagante, divagante y fundamentalista, que o bien defiende demandas sociales concretas, divagaciones intelectuales, o bien proyectos ajenos al Estado-nación, incluidos proyectos independentistas. Hay que reconocer, no obstante, que con Peña Delfargue se ha producido un progreso. El asustaviejas estalinista ha llegado al fin, tras años de denominar a los que no estamos por la desintegración de la nación política española como nazisfascistasfranquistastxakurrasmaketoscharnegosnazbol, “izquierda tricornio”, agentes del CNI, “constitucionalistas del ‘78”, etc. Al menos, el asustaviejas estalinista se encuadra, claramente, en la izquierda comunista, una izquierda políticamente definida. Y si mi libro ha contribuido a ello, eso ya es un logro. No en vano, El marxismo y la cuestión nacional, de Stalin, es una obra clásica dentro del marxismo-leninismo sobre la cuestión del Estado-nación, al igual que los textos de Rosa Luxemburgo o los de Lenin sobre la autodeterminación y sobre el Estado. Todos estos textos de estos tres autores son utilizados en mi libro. Y no acudir a ellos para tratar esta cuestión sería un error, no ya solo político, sino también un error desde el rigor investigativo que requiere un análisis de esta cuestión. Lo que Peña Delfargue intenta, que es encapsular mi libro con el asustaviejas estalinista, con el objetivo a corto plazo de que no lo lea más gente y, a largo plazo, con el objetivo de desbaratar cualquier cambio político en las izquierdas españolas en general y en el marxismo en particular, entiendo que supone un fracaso. No ya solo por el recorrido presente del libro, muy positivo y, para mí en lo personal, sorprendente. Sino también porque, me atrevo a decirlo, este 2017 puede marcar un antes y un después en la trayectoria de las izquierdas que actúan, y piensan, en idioma español. No por el libro solo, sino por los acontecimientos que están ocurriendo y que obligan a todos a definirse.

Hay un cúmulo de análisis errados, o falsedades según se mire, en el análisis de Peña Lafargue del libro, que pueden confundir a quien no lo haya leído todavía y solo tenga como referencia su reseña. Paso a enumerarlas y analizarlas: 

1) El libro no ofrece una lectura estalinista de España. De nuevo el asustaviejas. Ofrece un análisis marxista-leninista de la construcción nacional política de España y, a su vez, una presentación de la verdadera doctrina marxista-leninista sobre la nación a través de sus autores más importantes: Marx, Engels, Lenin y Stalin, añadiendo a Rosa Luxemburgo como la autora que, a mi juicio, inaugura esa corriente de la izquierda comunista que en el libro denominamos bolchevismo occidental. Esto es, el marxismo-leninismo de las naciones europeas y americanas cuya construcción nacional política está ya cerrada, entre ellas España, como se prueba en el libro siguiendo a los autores ya mencionados. El bolchevismo oriental, como admiten Lenin y Stalin, es el propio de los Imperios multiétnicos de Europa oriental (Rusia, Austria-Hungría y el Imperio Otomano). El bolchevismo occidental se aplica al resto de Europa y de América. Las únicas excepciones en cada campo son, en el occidental, Irlanda y Noruega. Y en el oriental, Polonia. Por tanto, no hay descontextualización alguna, ni doctrinal, ni histórica, ni presente, de la perspectiva utilizada en el libro, que es la marxista-leninista. 

2) Sí reconozco que la metodología analítica del libro es la del materialismo filosófico de Gustavo Bueno. Es más, reconozco que, si hubiese que hacer una analogía orgánica, los tejidos (músculos, órganos, piel, sistema nervioso, etc.) del libro son marxista-leninistas, y el esqueleto del mismo es el del materialismo filosófico. Al final del libro explico por qué el materialismo filosófico de Bueno puede, y debe, ser el fundamento filosófico del marxismo español del futuro de cara a su construcción, expansión e implantación política. Ya no puede serlo ni el idealismo de Hegel ni el Diamat soviético, contra el cual Bueno escribió sus Ensayos Materialistas en 1972. En cambio, la lectura del presente, del aquí y ahora, que hace el materialismo filosófico de Bueno, del cual me considero discípulo, es más potente y actual que la de Hegel y la del Diamat. Sin embargo, el potencial político revolucionario del materialismo de Bueno, que lo tiene, lo pierde si abjura de su innegable conexión con el materialismo histórico de Marx y con la praxis política del leninismo. No es que no cite a Bueno por cuestiones psicológicas mías, pues sí le cito y en la bibliografía hay muchas obras suyas mencionadas. Es que no es necesario escribir algo así como El materialismo filosófico y la cuestión nacional española por mi parte, pues ya cumplen esa función dos libros del propio Bueno, España no es un mito y, sobre todo, España frente a Europa, obra ésta que debería leer Pablo Iglesias si quiere entender, de verdad, qué es España y el potencial política de la defensa de su unidad. Lo que faltaba era una obra marxista-leninista que estudiara la cuestión nacional española. Y eso, por mi parte, es lo que he presentado y se ha publicado. 

3) Las obras que Peña Lafargue nombra sobre Bueno que no están citadas en la bibliografía de mi libro (Ensayos Materialistas, “Sobre el significado de los Grundrisse en la interpretación del marxismo”, Primer ensayo sobre las categorías de las “ciencias políticas”) no son referencia bibliográfica de mi libro porque, en él, me he querido centrar en lo expuesto en el punto anterior. Ahora bien, y lo adelanto. Esas obras mencionadas por Peña Lafargue, que trato en mi tesis doctoral, las estoy revisitando de cara a la organización de un nuevo libro que tratará la cuestión de la “vuelta del revés” de Marx que Bueno propuso en la década de 1970 y que recuperó en la década pasada, primera del siglo XXI. Ya cuento con el prólogo de un catedrático de filosofía de la UNED, y es un texto que, sin haberlo terminado, parte de la siguiente hipótesis de partida: la “vuelta del revés” de Marx que Bueno propone, siguiendo la fórmula del propio Marx sobre Hegel, la empieza a hacer el propio Marx sobre sí mismo a lo largo de toda su vida, y esto es algo que puede comprobarse si se lee a Marx “desde Bueno”. No obstante, debido al carácter meramente filosófico, académico (y muy riguroso), del materialismo filosófico de Bueno, por sí mismo no puede aspirar a implantarse políticamente en sentido maximalista, esto es, desde el poder político, por lo que se tiene que conformar con estar “injertado” en la sociedad mediante la acción, coordinada o no, de una minoría social que sigue su sistema. Y esta imposibilidad se debe a su progresiva desconexión con el marxismo. Desconexión, hay que decirlo, más sociológica que doctrinal, pues el marxismo es un elemento constitutivo, fundamental, del materialismo filosófico del cual no puede, ni debe, jamás prescindir, pues así perdería sus perfiles y la cartografía del Mundo que Bueno ha realizado no sería la que es. Ahora bien, dicha “vuelta del revés” de Marx que Bueno propone, solo puede completarse mediante la implantación política de la conciencia filosófica materialista, la cual solo puede hacerse desde el poder político mediante la revolución. Y, por eso, “desde Bueno” es posible ver que ciertas ideas de Bueno que trataron de dar la “vuelta del revés” a Marx están ya en el propio Marx en un buen número de sus obras. Y como es imposible que el marxismo se implante políticamente sin la revolución, y de ahí el leninismo, el materialismo filosófico no podrá implantarse políticamente, de verdad, si no refuerza sus conexiones con el marxismo-leninismo. Por ello, la conclusión lógica de la “vuelta del revés” de Marx por parte del materialismo de Bueno será, a mi juicio, una concepción filosófica nueva que beba, al mismo tiempo, tanto del materialismo filosófico como del marxismo-leninismo. En eso estoy trabajando ahora, y lo estoy trabajando con las obras, entre otras, que Peña Lafargue cita en su crítica a mi libro recientemente publicado. 

4) En El marxismo y la cuestión nacional española no se propone crear un “auténtico Partido Comunista español”. Eso es una simplificación. Lo que se afirma es que, al no haber habido en España un marxismo propio nunca, debido a distintos factores históricos que se tratan en el libro (peso de la Leyenda Negra, influencia filosófica del krausismo frente a Hegel, llegada tardía de traducciones de textos de Marx, Engels, Lenin, Stalin y Rosa Luxemburgo a España, peso del anarquismo durante décadas en el movimiento obrero, peso actual de la socialdemocracia, el franquismo como tapón histórico a dicho desarrollo del marxismo, peso que a través de la socialdemocracia tuvieron las tesis del austromarxismo de Otto Bauer en España, la acción anticomunista del Congreso por la Libertad de la Cultura auspiciado por la CIA, el factor primero eurocomunista y postmarxista ahora en el PCE, la caída de la URSS), no se ha podido resolver desde el marxismo la cuestión nacional española. Y lo que se afirma es que, hoy, en el contexto de las turbulencias históricas actuales que vivimos, es posible poder construir un marxismo netamente español, y en español. Ya se dan las herramientas para hacerlo, aunque suene extemporáneo decirlo. Y eso no implica, aunque no lo niego, que haya un Partido que haga suyo este programa, aunque dicho Partido puede ya existir previamente. En el libro, además, se ofrece un análisis de la transformación de España en nación política, desde las coordenadas del materialismo histórico, durante siete largos periodos revolucionarios, que parten de la Guerra de Independencia Española (1808-1814) y que culminan en la Segunda República y la Guerra Civil (1931-1939). Esos periodos revolucionarios de construcción nacional política, por ahora, se han cerrado. Pero no puede descartarse que no puedan reabrirse en el futuro. La diferencia sustancial, a mi juicio, entre aquellos periodos y lo que están por venir, es que en los del porvenir podría jugar un papel fundamental un marxismo netamente español, y en español, organizado política y sindicalmente, y que antes no existía, si bien el momento en que se estuvo más cerca de tenerlo fue durante la Guerra Civil Española. Si ello es posible a partir de mi libro (y no solo del mío), bienvenido sea.

Finalizo mi réplica a Peña Lafargue. Aunque lo parezca, no estoy solo. Dentro y fuera del Partido Comunista de España, que es donde milito, hay militantes y simpatizantes que asumen lo que analizo en el libro. La situación actual, respecto a los argumentos del libro y a la posibilidad de construir un marxismo netamente español y en español, la resumo en la siguiente frase: somos más de lo que parece, pero menos de los necesarios. Por ello, encapsularnos con términos asustaviejas como estalinistas, aun siendo esto un logro, porque eso ya nos mete con justicia en el campo de la izquierda políticamente definida, no deja de ser un error monumental que, o bien proviene de una lectura sesgada, y en diagonal, del libro, o bien proviene de prejuicios ideológicos previos que se sustentan en programas político-sociales más propios de las izquierdas indefinidas, o de ambas cosas a la vez. Los que lean el libro, sin asustarse, que saquen sus propias conclusiones.