viernes, 28 de junio de 2013

El matrimonio homosexual y el materialismo filosófico


Publicado en Crónica Popular:

 


Hoy, día del orgullo gay, compruebo que se publica este artículo del abogado italiano Vincenzo Fasano en El Catoblepas, titulado "Algunas consideraciones sobre el sintagma 'matrimonio homosexual' a partir de las palabras 'esponsales' y 'matrimonio' en el Antiguo Testamento" (http://www.nodulo.org/ec/2013/n136p03.htm). Se me ocurren varias reflexiones al respecto:

1) Recurrir a textos espirituales revelados, con su innegable importancia antropológica universal, para explicar por qué el sintagma "matrimonio homosexual" es, según Fasano, un intento de "cambiar la realidad con palabras", apelando además al "derecho natural", es cuanto menos curioso. No en vano, las religiones monoteístas como la cristiana católica que profesa Fasano (es abogado de la Rota Romana), lograron "cambiar la realidad con las palabras" en tanto que la palabra dios era referida antes a los seres espirituales poderosos de las religiones secundarias politeístas. Pero en realidad no ocurre así. En realidad las palabras cambian la realidad porque la realidad cambia las palabras. Es un proceso dialéctico in medias res, en symploké (también ocurrió con la idea de nación; nación política fue en su día un término vilipendiado como irreal, cosa que todavía ocurre hoy desde sectores ideológicos reaccionarios). Y no en vano, en el caso del sintagma "matrimonio homosexual", hablamos de palabras que cambian la realidad porque la realidad misma cambia las palabras, pero con una base histórica innegable: la existencia histórica desde hace siglos de parejas del mismo sexo y de familias homoparentales. Además, la enciclopedia materialista Symploké, en Internet, define familia como "Grupo de individuos, parientes o aliados, que viven juntos en la misma casa. Así, puede haber distintos tipos de familias, según sean monogámicas, poligámicas, poliándricas, &c." (http://symploke.trujaman.org/index.php?title=Familia). El desarrollo del lenguaje hablado y escrito es un desarrollo beta-operatorio, realizado por sujetos en campos determinados en dialéctica y entretejimiento mutuo sin llegar al monismo. Y el lenguaje reproduce la realidad tanto como la realidad determina el lenguaje. Esto no es ni bueno ni malo, es lo que es. Entonces la explicación iusnaturalista católica de crítica al sintagma "matrimonio homosexual" debería realizarse de otra manera si quiere llegar a buen puerto. El problema es que no puede llegar a buen puerto, porque todo derecho es positivo, y muchas veces el derecho (realmente, la política) da una hostia considerable a la filosofía como saber de segundo grado que no recuerda que lo es, en tanto otorga derechos que la filosofía contempla como absurdos. Que podrán serlo, pero no se puede negar que se dan. Y esto no es juridicismo, es reconocer hechos positivos.

2) Incluso reconociendo que el matrimonio homosexual pueda llamarse unión civil (pudiendo también llamarse así la unión de una pareja heterosexual mediante ceremonias laicas), realmente el Gobierno de Zapatero no dio un golpe mortal a la institución familiar. Familia se dice de muchas maneras, como reconoce la enciclopedia Symploké. Igual que democracia, socialismo, materialismo, dios, etc. En todo caso, una sociedad política occidental, cuyo núcleo comunitario básico es la pareja y, partiendo de ella, la familia (pudiendo ser familia la familia monoparental con hijo único), al fomentar la igualdad formal entre matrimonios heterosexuales y parejas del mismo sexo, sin duda, fomenta, protege y recupera la institución familiar como base de la sociedad política occidental frente a uno de los grandes enemigos de la misma: el individualismo, implícita y explícitamente fomentado por la reinante ideología liberal, de izquierdas y de derecha.

3) Al no haber ley natural, el matrimonio solo puede entenderse como una institución, como un producto cultural, necesario sin duda. El matrimonio monógamo es una institución sin la que no puede entenderse eso que se llama "Occidente". Pero el matrimonio no es solo "una pareja que se quiere". Es una institución necesaria para la recurrencia microeconómica y macroeconómica (económico-política) de las sociedades políticas, en tanto las herencias, los dineros, los bienes compartidos o la transmisión cultural de tradiciones y costumbres de los pueblos tienen en el matrimonio y en la familia su primer baluarte o nódulo reconocible y necesario. ¿Por qué negar ese derecho, basándonos en peregrinos argumentos sobre "leyes naturales" a que parejas homosexuales y familias homoparentales en Occidente puedan participar en la preservación del legado de esas mismas tradiciones y costumbres? ¿Acaso ponen en peligro, como muchos dicen, la continuación de ese mismo legado, esgrimiendo el argumento de la pendiente resbaladiza según el cual se empieza legalizando matrimonios homosexuales y se acaba defendiendo la pederastia, la coprofilia, el bestialismo y así, acabaremos todos islamizados porque son poligínicos y nos devorarán? Desde una posición materialista, toda institución que no conlleve un mal intrínseco sexual (ético y moral), y que permita la preservación de la fortaleza de los sujetos operatorios en su integridad física-psicológica, sean heterosexuales o homosexuales, ha de ser vista como positiva, en tanto que permite, además, la preservación y recurrencia de esos sujetos y de la sociedad política en la que viven. Los comportamientos sexuales que conlleven un mal intrínseco deberán ser repudiados y vilipendiados por todo materialista que se precie, y por toda persona normal pues, además esos comportamientos atentan contra la familia como unidad social, cosa que el matrimonio homosexual no.

4) No se entiende por qué hay tanto empeño entre determinados materialistas contra la institución del matrimonio homosexual (Fasano no es materialista, sino católico, un criptomaterialismo bañado en aguas benditas) como "forma de tratar de cambiar la realidad con palabras", y luego se tiran de los cabellos cuando un neófito no maneja bien ideas propias del sistema, o cuando una persona totalmente alejada del filomat no sabe lo que significan términos como "colimador", "práxico", "hetería soteriológica", "nematológico", "beta-operatorio", "lisológico", "conónimo", "materialidad primogenérica", "capa basal", entre otras. Se dirá que estos términos no pretenden cambiar la realidad, sino interpretarla de la manera más satisfactoria posible. Pero esa interpretación filosófica conlleva tal choque con otros campos de la realidad que, tras el mismo, ni la filosofía ni esos mismos campos vuelven a ser los mismos. Además, una filosofía que no pretende "cambiar la realidad" es un gnosticismo o, en el mejor de los casos, un nihilismo de la peor clase que da palos de ciego sin capacidad luego de realizar un regressus (término filomat) sobre los escombros de la trituración filosófica del presente que acaba de realizar. En consecuencia, se tritura para nada, se tritura por triturar. Eso se llama tautología.

5) Ni el sintagma "matrimonio homosexual" pone en peligro a la familia ni a la civilización, ni la institución del matrimonio homosexual pone en peligro la familia ni la civilización. Lo que pone en peligro a la civilización es, y es un peligro que afecta a todos, se sea heterosexual o homosexual (o bisexual), es el ataque constante hacia los lazos comunitarios conformados durante generaciones realizados desde el poder de la ideología dominante liberal. Esto no es un apocalipsis solipsista, sino un ataque frontal y directo al socialismo como esencia genérica de toda sociedad humana. Y ante ese ataque los beneficiados solo pueden ser el mismo individualismo reinante sobre las ruinas del comunitarismo sobre el que ejerce su dominación y desde el que culturalmente sale, o bien otras formas comunitarias (socialistas genéricas y/o específicas) frontalmente opuestas a la civilización, aún siendo en parte detritus de esa misma civilización, como son las diversas nematologías telúricas de comunidad (nacionalsocialismo, fascismo, indigenismo, nacionalismo étnico-lingüístico), o espiritual-irracionalistas anti-grecorromanas (el Islam de inspiración aristotélica -sunnismo- o neoplatónica -chiísmo-, el hinduísmo o el budismo oriental, con China como centrum).

6) La instauración del matrimonio homosexual como institución no ha sido suficiente como para derribar ningún gobierno. De hecho, no ha sido derribado ningún gobierno (ni España, ni Holanda, ni Argentina, ni Suráfrica, etc.) que lo han instaurado. En los tiempos que corren, por otra parte, es muy difícil acertar a saber qué es "suficiente" para derribar un gobierno, y esta es la gran dificultad política que hay que afrontar analíticamente. Lo que está claro, a mi juicio, es que entre esas cosas "suficientes" no se encuentra la institución del matrimonio homosexual.