martes, 2 de julio de 2013

Alternativas al secesionismo


Artículo publicado en Eldebat.Cat, diari digital de Catalunya y en la web de Alternativa Ciudadana Progresista:



Este era el título de la mesa redonda que la valiente organización Alternativa Ciudadana Progresista organizó el pasado jueves 9 de mayo de este 2013 en la Sala M. A. Capmany del Centro Cívico Pati Llimona, en Barcelona, España. A las siete de la tarde el acto reunió a gente de ideologías diversas, cuyos participantes destacados fueron Olegario Ortega (miembro de Ágora Socialista), Diosdado Toledano (miembro de Socialismo 21) y Diego Vega (secretario de Alternativa Ciudadana Progresista), que trataron, desde sus perspectivas, posibles vías políticas que puedan plantar cara a la deriva secesionista catalanista que atenaza a toda España. Deriva que convulsiona no solo a Cataluña, sino también a otras regiones como el País Vasco entre otras, pues hoy día Cataluña, y gracias a la crisis, se ha convertido en el laboratorio político del resto de España, donde las corrientes políticas populistas, de "izquierdas" y de "derechas", desarrollan sus quehaceres con vistas a algo que no es nuevo en la Historia española, pero sí es, en parte, novedoso a nivel politológico: la puesta en cuestión de manera radical de la política institucional tradicional desde un nuevo sujeto "revolucionario" amorfo, informe, sin ningún tipo de fisura (al menos desde análisis populistas) que, desde sí y para sí, será sujeto soberano, aquí y ahora, sin que nadie pueda contradecirle; ese sujeto es, ni más ni menos, que la parte viva de la nación, el "pueblo", su parte presente, la que hereda una nación de los antepasados y la que dejará una herencia en el porvenir. Pero el pueblo, según la corriente populista que sea, será interpretado de distintos modos.

Este mi primer párrafo no pretende ser sino una introducción que tenga como marco el título de este artículo, alternativas al secesionismo. Pero para poder tratar estas alternativas, es necesario, a mi juicio, saber qué ocurre a nivel político en España ahora mismo. El descrédito de las instituciones políticas emanadas de la Transición (a su vez, emanadas del franquismo, y a su vez emanadas de regímenes políticos anteriores), que no sería explicable -como ya dije- sin nuestra crisis económica, lleva a que surjan nuevos tribunos de la plebe, que hablan en nombre del todo o de la parte que se siente tan indignada como mangoneada por el poder político. Ya sean tribunos en nombre de hipotecados o en nombre de "nacionalidades históricas oprimidas", ya sean nuevos apóstoles de la oclocracia (gobierno de la muchedumbre), los populistas se postulan ahora como alternativa al institucionalismo político tradicional, proponiendo nuevos conjuntos complejos de instituciones entretejidos (para crear nuevos Estados o nuevas "formas de representatividad política") que abjuran de una "clase política" que no les "represente", afirmando una "autorrepresentación" de inequívoco cuño anarquista (muy propia de España), más localista que nacional-política, pero que tiene su innegable fuerza e influencia política en el presente. Un populismo en forma de contrapoder (realmente un poder de las masas amorfas, anti-institucional), cuyo origen histórico clerical es esencial tenerlo en cuenta.

Durante siglos la Iglesia Católica ha azuzado a masas de campesinos en sus diversos terruños para evitar que el poder central monárquico extrajera tributos para financiar las empresas imperiales que tenía que acometer, oponiéndose a ello incluso violentamente, logrando conformar sentimientos identitarios localistas más que españolistas en buena parte de la población. Esto puede comprobarse a dos niveles, sin tener que nombrar el secesionismo: por un lado, por el hecho de que muchos españoles se sientan más de su barrio, pueblo, su provincia o su comunidad autónoma, que de la nación política española; por otro, que este localismo clerical y económico fraguara en teorías económico-políticas (desde la posesión íntegra de las ganancias por parte de los campesinos hasta el tiranicidio) como las sostenidas por la Escuela de Salamanca, entre cuyos representantes está el padre Juan de Mariana, cuyo nombre es hoy seña (y santo) del think-tank ultraliberal más importante de España, con permiso de FAES.

Así pues, el localismo agrario-clerical medieval y moderno, tan económico como religioso y político, ha supuesto uno de los mayores frenos históricos a la construcción nacional de España, la cual se ha movido pendularmente entre los esfuerzos centralistas y unitarios (Carlos V, Felipe II, Felipe V, Constitución de Cádiz, Restauración, Segunda República, Franquismo) y los federales y confederales (comuneros, serviles, carlistas, Primera República y cantonalismo, nacionalismos catalán y vasco, anarquismo durante la Segunda República y la Guerra Civil Española, Transición y Estado de las autonomías), una oscilación pendular que no es de "izquierdas" ni de "derechas", sino un signo de lo lentas que son las transformaciones políticas en España, algo de lo que ya se dio cuenta Carlos Marx en sus escritos sobre España. Y el populismo actual que pone en tela de juicio el institucionalismo político en decadencia (el "pueblo" contra el Parlamento, frase que titula el más reciente libro del historiador Xavier Casals i Meseguer), entra en la vertiente pendular anti-unitaria de origen clerical y campesino.

Por lo que las alternativas al secesionismo que se planteen en el presente y hacia el futuro, estimo, no pueden ir en una línea populista anti-institucional, por mucho que estas instituciones políticas nuestras hiedan. Por contra, han de realizar una defensa genérica de ese conjunto complejo de instituciones conformadas durante siglos que han dado lugar a la nación política española (digo nación política, no nación étnica, pues España es nación política -Estado-nación- desde 1812 y no antes, pues antes era nación histórica, canónica, Estado absolutista, que sufrió una transformación revolucionaria pareja a la francesa de 1789-1814), y todo esto dicho sin perjuicio de que muchas instituciones que conforman nuestro tejido histórico, España, tendrán que ser transformadas y muchas otras eliminadas, amén de conservar otras muchas. Así pues, y eso es algo que señalaron algunos en la post-charla "Alternativas al secesionismo", la única alternativa realmente existente al secesionismo es España, la defensa de la unidad de España, de su (nuestro) territorio, nuestra tierra. Ahora bien, siendo una alternativa genérica, ¿cuáles son sus especificidades?

Estas especificidades, para ser políticamente serias, han de tener en cuenta, sí, al pueblo, como parte viva de la nación, pero no haciendo de él una sustancia pura y unitaria cuya "opinión pública" es una sola voz (ya Pierre Bourdie demostró que "la opinión pública no existe"), sino entendiéndolo primero como continuador de una obra pasada, de generaciones anteriores, que no puede permitirse el ser destrozada solo por mor de la "voluntad popular", y que habrá, además, que legar a nuestros descendientes, pues nuestra patria es nuestra herencia, y la suya. Y también habrá que entender a este pueblo como diverso, dividido en clases sociales (no solo socioeconómicas) con intereses contrapuestos que es preciso ordenar o "armonizar", aún primando siempre los intereses de unas clases dominantes sobre el resto.

Unas clases sociales conformadas institucionalmente, antropológicamente, que juegan en el mismo tablero de juego (la nación española), cuya indivisibilidad y unidad ha de ser garantía de la libertad misma de cada sujeto que viva en ella, sea español o extranjero residente, en tanto solo la unidad de España garantice que cada sujeto ejerza su libertad personal aún determinada institucionalmente y por otras trayectorias vitales que le rodean, y sin que amenace o ponga en peligro a esas mismas trayectorias vitales ni a esas instituciones que le conforman como persona. Pero, como dijimos en la última línea del párrafo anterior, esa unidad garantía de libertad, que es genérica, puede seguir líneas específicas con trayectos diferencias. Y es ahí cuando de verdad hay que hablar de alternativas al secesionismo, en tanto todas ellas se postulan como "alternativas" o "contrarias" a la deriva populista anti-unitaria que analizamos. Pero aún teniendo esta idea genérica en común (la unidad de España), las líneas que siguen, trazadas según trayectorias de origen diverso, hace que se separen en la meta final propuesta.

Así pues, y teniendo en cuenta algunas cosas dichas en esa mesa redonda, las alternativas específicas al secesionismo, considerando a todas ellas en conexión con la idea genérica de España, de nación política española, podrían resumirse como siguen:


a) Alternativa reformista, defensora de la Constitución de 1978, del Estado de las Autonomías y de la monarquía parlamentaria. Frente al secesionismo, firmeza en la defensa de lo ya existente. Es la alternativa del PP y de buena parte del PSOE.


b) Alternativa federal simétrica, la de UPyD o Ciutadans, y de cierta parte de Izquierda Unida y el PCE o del Frente Cívico de Julio Anguita (estos en sentido republicano). Esta alternativa no tiene en cuenta que un Estado federal surge de la unión de varias unidades estatales (o coloniales) previas que ceden su soberanía a la federación, a un poder central (el federalismo aquí sería una ficción jurídica), y las comunidades autónomas ni son Estados ni son colonias.


c) Alternativa federal asimétrica o confederal, que de privilegios económicos y fiscales a unas regiones sobre otras. La trampa de esta alternativa federal asimétrica o confederal, al igual que ocurre en la alternativa federal simétrica, y derivada de la ignorancia acerca de la conformación de Estados federales que existe en España (ignorancia fomentada, en buena parte, por los propios secesionistas), es que es la alternativa por la que se cuela la destrucción de la unidad de España. Es la alternativa del sector llamazarista de Izquierda Unida, de parte del PSC y de ciertos partidos autodenominados de "izquierda" (Izquierda Anticapitalista, Partico Comunista de los Pueblos de España, PCE(r), etc.). Suelen defender el "derecho de autodeterminación" (privilegio de secesión) reivindicar nostálgicamente la Segunda República, sin mencionar que esta tenía una constitución, la de 1931, unitaria, que permitió, entre otras cosas, el encarcelar al golpista Companys. Esta alternativa es criptosecesionista.


d) Alternativa nostálgica, criptofranquista. Minoritaria. La representan grupos como el Nudo Patriótico Español.


e) Alternativa tercerposicionista (neofascista), republicana, europeísta, que transforma la nación política española en nación étnica, racial y racista. Pueden ser unitaristas o federalistas, incluso confederalistas. Es la alternativa de partidos como el Movimiento Social Republicano, diversas Falanges, Democracia Nacional o España 2000. Entre sus voceros mediáticos está la web Alerta Digital.


f) Alternativa reaccionaria, defensora de la unión de Trono y altar. Muy minoritaria, tiene entre sus voceros a la web Tradición Digital.


g) Alternativa islamista, falsamente españolista en tanto que, aún defendiendo la unidad de España, transforma ideológicamente España en Al-Ándalus, plataforma desde la que "islamizar Europa". La representan partidos como Renacimiento y Unión.


h) Alternativa iberista, defiende la unidad de la nación política española y su federación o confederación con Portugal. Entre sus más importantes representantes actuales estaría el Movimiento Partido Ibérico.


i) Alternativa hispánica, bien en sentido genéricamente "apolítico" (Corriente Hispanista, Liga Hispánica, Hispanoamérica Unida), bien en sentido específicamente político (Izquierda Hispánica). Suelen ser alternativas unitaristas, anti-federalistas y anti-confederalistas. Se defiende la unidad de España y su acercamiento político, económico e institucional a Iberoamérica. En el caso de Izquierda Hispánica, incluso rompiendo, si fuese esencial, con la Unión Europea, defendiendo la conformación de una Alianza Socialista Iberoamericana.

Como se ve, las alternativas al secesionismo tienen en común (solo) la defensa de la unidad de España. Pero sus líneas específicas son divergentes, enfrentadas entre sí, y su preponderancia política institucional es variada, desde la marginalidad política hasta el apoyo total desde importantes focos de poder político. Las hay europeístas y antieuropeístas, unitaristas y federalistas, centralistas y descentralizadoras, anticapitalistas y liberales, de "izquierdas" y de "derechas", monárquicas y republicanas, democráticas y antidemocráticas, confesionales y aconfesionales, populistas e institucionalistas. Esto evidencia dos cosas: que el antisecesionismo no es un campo homogéneo ideológicamente como al secesionismo le interesa presentarlo, y que la racionalidad de cada una de estas alternativas (y también de las alternativas antiespañolas) se medirá en función de su pregnancia social, de su victoria sobre las demás alternativas. Lo que está claro es que en España soplan vientos de cambio, pero no se sabe todavía en qué dirección concreta. Y soplan, como siempre, lentamente.