miércoles, 4 de junio de 2014

La Tercera Restauración Española


Publicado en Crónica Popular:


Tras la comunicación del pasado lunes, en que el todavía rey de España Juan Carlos de Borbón (Juan Carlos I), afirmaba su decisión de abdicar, las últimas 48 horas políticas de España son una aceleración de acontecimientos más que interesantes, decisivos en muchos casos de cara a nuestro futuro inmediato como nación política. Enumeraré algunas ideas que al respecto se me ocurren:


1) La comunicación de abdicación por parte del Rey no se ha acompañado de su abdicación inmediata. Se trata del comienzo de la elaboración de diversos protocolos ad hoc legales: Decretos Ley, ceremonia de sucesión a su hijo, ya Felipe VI de Borbón, en un plazo de dos semanas, blindaje legal del rey saliente, apuntalamiento de un bipartidismo PP-PSOE en cuestionamiento cada vez más amplio y que recibió un golpe considerable, aunque no de muerte, en las pasadas elecciones del 25M con la importante subida de votos del "euro"comunismo de Izquierda Unida-PCE y de Podemos, partido del que ya hemos hablado aquí (http://www.armesilla.org/2014/05/podemos.html) y que según encuesta de Metroscopia (a la espera de la del CIS) tiene un claro perfil de votante medio -varón, entre 33 y 54 años, con empleo estable y buen salario, estudios secundarios terminados y, mayormente, ex-votante del PSOE probablemente desafecto con lo que considera una "traición" a los principios de la "izquierda" socialdemócrata que ha visto en Podemos una recuperación de la radicalidad discursiva de Zapatero que no encuentra en otras formaciones escindidas del Partido Socialista Obrero Español como la UPyD de Rosa Díez, u orbitantes alrededor suyo como la más liberal formación Ciudadanos o los ya citados Izquierda Unida-. La salida del Rey de su puesto estaba, no obstante, ya preparada desde hace tiempo (enero, dicen), aunque la salida de Alfredo Pérez Rubalcaba de la secretaría general de la pata izquierda del Régimen de 1978 y la desafección hacia la misma de buena parte de su electorado haya acelerado su salida. Sin embargo, los tiempos y plazos para elaborar esta salida controlada pueden leerse, de manera bastante bien explicada, aquí: http://blogs.libertaddigital.com/enigmas-del-11-m/por-que-el-rey-abdica-ahora-pero-no-todavia-13010/.

2) Se trata no ya de una "Segunda Transición" española, sino de la Tercera Restauración Española de un rey borbónico, solo que en esta ocasión realizada en forma de mera sucesión protocolaria según marco legal constitucional. La primera fue la resultante del fracaso de la Primera República Española (1873-1874), federal y rojigualda hasta el unitarismo de su último presidente, el general Franciso Serrano, que acabó con el golpe de Estado militar del general Arsenio Martínez Campos y la instauración de un sistema monárquico parlamentario bipartidista liberal, pergeñado por Antonio Cánovas del Castillo, que duró desde 1874 hasta 1931, incluyendo durante su recorrido la derrota en la Guerra Hispano-Estadounidense que obligó en la Paz de París de 1898 a ceder Cuba, Puerto Rico y Filipinas a los Estados Unidos de Norteamérica y a vender el resto de islas caribeñas hasta entonces españolas al Segundo Reich Alemán unificado desde 1871, y una dictadura militar comisarial entre 1923 y 1931 regentadas sucesivamente por el general Miguel Primo de Rivera, el general Dámaso Berenguer y el almirante Juan Bautista Aznar-Cabañas. La descomposición de esta Primera Restauración, acompañada de una corrupción delictiva considerable, la pérdida de horizonte patriótico nacional y el comienzo de la presión separatista en Cataluña y el País Vasco y el auge de las izquierdas obreras socialdemócrata y, sobre todo, anarquista (el Partido Comunista de España nacería en 1921) sellarón el destino del, por otra parte, periodo político de una única forma de régimen en España más duradero de su Historia, unos 57 años.

La Segunda Restauración Española se produjo tras la derrota del bando republicano en la Guerra Civil Española de 1936-1939, la instauración de la dictadura militar del general Francisco Franco (tomada por muchos partidarios de Franco como un "interregno" hasta la reinstauración de la Monarquía, que estimaban debía ser de carácter autoritario-absolutista) de 1939-1975 y la Transición Española de 1975-1977, con la proclamación de la actual Constitución Española en 1978 y su apuntalamiento con la victoria por mayoría absoluta en los comicios generales de 1982 por parte de Felipe González y el Partido Socialista Obrero Español (ya socialdemócrata no marxista). En 1947 se aprueba la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado por la que el joven Juan Carlos es proclamado sucesor de Franco a título de Rey en detrimento de su padre, Don Juan de Borbón, hijo de Alfonso XIII, y exiliado en Portugal. En 1969 Juan Carlos es ratificado como sucesor en base a la citada Ley de Sucesión, renunciando su padre a sus derechos dinásticos en 1977. Juan Carlos juró lealtad a los principios del Movimiento Nacional (partido único de la dictadura producto de la fusión en su interior de la Falange Española -nacionalsindicalista-, las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista -más radicales que Falange y con las que se fusionó en los años de 1930- el tradicionalismo carlista y los monárquicos), y del "Estado Español" (epíteto con el que se autodefinía el régimen franquista), y utilizó sus poderes especiales para asentar las bases del actual Régimen de 1978 que, si bien es hijo de la dictadura de manera inequívoca, no es idéntico a aquel. Durante el franquismo se perdieron el Rif (actual norte de Marruecos), Guinea Ecuatorial y el Sáhara Occidental.

Esta Tercera Restauración sería la enésima "revolución desde arriba" realizada en España, muy común a nuestra Historia desde hace siglos, y aunque se produce en apariencia como una sucesión al Trono de cariz similar a las ocurridas en Noruega o Países Bajos en los últimos años, lo cierto es que se produce en un periodo de tensión creciente con varios frentes abiertos: crisis económica, crisis del PSOE, crisis del PP, crisis nacional con tensiones separatistas muy acentuadas en País Vasco y, sobre todo, Cataluña, con repuntes en el resto de la nación española (Canarias, Andalucía, Galicia, Asturias, etc.), aumento del voto de las izquierdas (aunque Podemos renuncia a la dicotomía "izquierda-derecha", asunto que trataremos en otra entrada) y desafección de buena parte de la población, sobre todo jóvenes, a la Monarquía pidiendo imposibles referendums para establecer una Tercera República cuyos perfiles y modelo están por vislumbrar.

3) Si bien la tensión es creciente, todavía el bipartidismo tiene la legitimidad y el poder suficiente como para seguir obrando, en tanto que dicho bipartidismo no es más que una parte más, importante por supuesto, del engranaje del régimen de 1978 del cual forman parte todos los demás partidos, incluidos los más sediciosos (los separatistas) o los más críticos (Izquierda Unida, Podemos). Una abultada abstención en las últimas europeas resulta, al mismo tiempo, la mayor prueba de desafección del Régimen de 1978 (y de la Unión Europea) y la mayor prueba de su legitimidad y su poder, pues el más de un 52% de españoles que se abstuvieron en las elecciones siguen sin ver alternativas de poder reales a lo que hay como para posicionarse favorablemente por ellas. Entonces, lo raro y sintomático, no es tanto la irrupción de alternativas de poder análogas tanto al populismo hispanoamericano (bolivariano) como al eurocomunismo reformado de Syriza, sino que PSOE y PP, y por extensión la socialdemocracia y el liberalismo conservador (más la democracia cristiana) en el Parlamento Europeo, sigan siendo las grandes fuerzas políticas españolas.

De ahí que se aceleren los protocolos de sucesión en un plazo menor a un mes para evitar una mayor escalada de la desafección social con imprevisibles consecuencias en una nación como España sin un potente Ejército y con un caos administrativo preocupante. Las tres patas políticas del Régimen (el Trono, los dos grandes partidos cuyo turnismo es irreformable desde la Constitución de 1978), más las patas económicas que representa la Gran Burguesía española presente en todas las ramas de las relaciones de producción, realizarán las reformas radicales oportunas sin salirse de la Ley y el marco constitucional que permitan atemperar la frustración de buena parte de la ciudadanía y, si bien no eliminar, si homologar de manera completa a los nuevos grupos políticos desafectos, reabsorviéndolos en una legalidad a la que nunca han renunciado a pesar de todo.

No obstante, considero que el cuestionamiento incipiente de determinadas dicotomías clásicas asumidas por la generación de la Transición y, todavía, buena parte de sus hijos, van a seguir presentes funcionado durante bastante tiempo. La dicotomía izquierda-derecha y su futuro dependerá, sobre todo, del papel que tenga el PSOE para apuntalar a su máxima amenaza, el populismo de Podemos, muy similar a la socialdemocracia ya en sus orígenes bolivarianos, aupado todo hay que decirlo desde sectores del PSOE cercanos a Cármen Chacón para minar al Partido y a Izquierda Unida en su crecimiento, cosa que han conseguido pero que han empezado a dejar de poder controlar, y la prueba es la renuncia de Chacón a liderar la secretaría general de su todavía Partido. También del papel del PP, que tratará de concentrar el "voto útil" antipopulista, camino más fácil una vez que se han cargado su escisión Vox, evolución política de la Fundación DENAES sobre la que todavía se apoyan. Por su parte, otras dicotomías se acentuarán con más fuerza (nación española-balcanización de España), dependiendo el futuro de España como nación política del papel que el nuevo Monarca ejerza en su tandem con los poderes políticos descendentes. La dicotomía democracia-dictadura, a pesar de la lectura de Podemos (democracia de la "gente decente", cuyo perfil electoral ya hemos dicho que parece ser el trabajador asalariado de sueldo razonable y no sujeto a los vaivenes laborales de otros más precarios, frente a la "dictadura" de la "burguesía" nacional e internacional, de "los mercados", de "la Troika"), puede seguir siendo manejada desde el discurso transicionista como la defensa de la democracia de 1978 frente a la dictadura franquista anterior, cuyos ecos siguen resonando entre la clase dirigente del Régimen en tanto que, aún partiendo de aquella, prefieren no volver a repetir. Y esto dicho en tanto que el impredecible pueblo español, que reclama "más democracia" y "más participación" en las calles y en la televisión, podría estar más maduro de lo que parece como para volver a asumir un Gobierno más autoritario, dirigido por un "cirujano de hierro" que diseccione la situación política desde una posición de ventaja sin apenas oposición interna o externa. Pues como decían Platón y Aristóteles, de la degeneración de la democracia se produce la demagogia que reclama la oclocracia o "gobierno de la muchedumbre" cuya tiranía sobre las mayorías permitiría el surgimiento de un "salvador de la Patria", esto es, de una tiranía.

Está por ver, en esta Tercera Restauración Española, cómo evolucionan las dicotomías democracia-dictadura (de resultados impresivibles), izquierda-derecha (evolución dependiente de la anterior) y nación española-balcanización de España. Pues otras dicotomías todavía son difusas aunque empiezan a vislumbrarse (monarquía-república) y otras, de momento, están en proceso de explotación (europeísmo-antieuropeísmo).