viernes, 30 de diciembre de 2016

Comentarios a Tomás García López


Blog original de Izquierda Hispánica, restaurado:

https://izquierdahispanica7.wordpress.com/2016/12/30/comentarios-a-tomas-garcia-lopez/




El pasado 18 de octubre de este año 2016 que acabará en menos de 48 horas, Tomás García López, discípulo de Gustavo Bueno, profesor jubilado de filosofía de Instituto, hombre educado y de gran nivel intelectual, dio apertura al curso 2016/2017 de la Escuela de Filosofía de Oviedo, nombre que recibe el ciclo de conferencias que diversas personas, normalmente gente del entorno sociológico, prágmático, del materialismo filosófico de Gustavo Bueno, dan cada lunes a lo largo de dicho curso. García López dio una conferencia titulada “Repercusiones de la muerte de Gustavo Bueno”, la cual puede verse íntegramente en youtube: https://www.youtube.com/watch?v=MzOqbvlYXtU
En dicha conferencia, que recomiendo ver entera, me menciona en el minuto 1:06:49. Y lo hace tras hablar del materialismo fenomenológico de Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina, discípulo de Bueno que ha tratado de analizar dialécticamente las conexiones entre el materialismo de Bueno y la fenomenología de Edmund Husserl. García López, sin dejar de señalar lo interesante de este análisis, afirmó que se trata de sistemas incompatibles. Pero no me nombra en virtud del materialismo fenomenológico de Urbina, corriente que no sigo, sino en virtud, supuestamente, de “escisiones del materialismo filosófico”. Y aunque García López lo hace con educación y sosiego (cosa que es de agradecer, habida cuenta de las malas formas de muchos, ahora, defenestrados del, en palabras de Hugo Fernández, Felguerinos, “confín esférico de Gustavo Bueno), entiendo que debía comentar lo que él plantea.
1. Bueno y Heidegger
En primer lugar, García López califica al comienzo del vídeo, antes del minutaje arriba marcado, como “ridícula” una relación que yo establezco entre Bueno y la fenomenología hermenéutica de Martín Heidegger en un artículo publicado en la web de Izquierda Hispánica el 14 de noviembre de 2011, titulado precisamente “Gustavo Bueno Vs. Martín Heidegger” (que puede leerse aquí: http://www.armesilla.org/2014/01/gustavo-bueno-vs-martin-heidegger.html), diciendo después que esta relación que yo establezco entre ambos filósofos no ha lugar porque carezco de conocimientos sobre lógica de clases, no distingo bien entre dominio y codominio y no puede relacionarse el sistema de Bueno, más completo y omniabarcante, que el de Heidegger, más centrado en problemas existencialistas y ontológicos en torno al Ser, al ente, etc.
Aquel artículo mio trataba cuestiones que, en el lenguaje típicamente panfletario de Izquierda Hispánica por aquel entonces (y aquí panfletario no es algo peyorativo), simplemente afirmaba lo siguiente: la influencia de la filosofía de Heidegger en las izquierdas actuales, sobre todo las indefinidas (extravagante, divagante y fundamentalista), pero también en la izquierda populista iberoamericana (bolivarianos, peronistas, Podemos), la cual al mismo tiempo es derecha populista, así como en grupos de derecha no alineada (fascismo, nacionalsocialismo, tercerposicionismos varios, la “Cuarta Teoría Política” del ruso Alexandr Duguin) o en el ecologismo, es enorme, y estas ideologías entroncan con ideas ontológicas básicas del propio Heidegger, las cuales le llevaron a abrazar entusiasta el nacionalsocialismo de Hitler. Estas relaciones entre el pensamiento de Heidegger y ciertas ideologías políticas fueron ya tratadas por el chileno Victor Farías en Heidegger y el nazismo (El Aleph, 1989), y por el propio Gustavo Bueno en una reseña del libro de Farías titulada “Fascismo y filosofía” (El Basilisco, 2ª época, nº 1, 1989, 85-87: http://www.filosofia.org/rev/bas/bas20108.htm), reseña de la que entresaqué un párrafo en aquel artículo en Izquierda Hispánica, del cual extracto también sus tres primeras sentencias:
No hay una Ontología que pueda estimarse como verdadera de modo inmediato, es decir, prescindiendo de la consideración dialéctica de sus alternativas más profundas. Si la Ontología de Heidegger, sin perjuicio de su consustancialidad originaria con el nazismo, constituye una de esas alternativas, ya no será posible condenarla sin más, como se condena a los nazis. Habrá que analizarla y discutirla. Y, al analizarla, descubriremos acaso que la «alternativa heideggeriana» puede ser entendida también, cambiando, dentro de ciertos límites, sus originarias referencias nazis y que, por tanto, esa alternativa no es de todo punto insólita, pues ella se re-produce funcionalmente, con parámetros diversos a los germánicos, una y otra vez.
A esto, y únicamente a esto, hacía referencia mi artículo. A que la influencia de Heidegger en estas ideologías políticas era enorme y, al mismo tiempo, coherente con la filosofía del último gran representante oficial del idealismo alemán. Por contra, la influencia de la filosofía de Gustavo Bueno en aquel año 2011, y ahora 2016 ya muerto, sigue siendo poco menos que mínima, más allá de la repercusión que ha tenido su muerte, cuyos efectos todavía es pronto calibrar salvo el constatar que, comparado con Heidegger, no está tan presente en la Universidad, en Partidos políticios y movimientos sociales o en medios audiovisuales (si obviamos la producción de la propia Fundación Gustavo Bueno, de Nódulo Materialista o los Zafarrancho que hacíamos en Izquierda Hispánica). Y, al mismo tiempo, debido a las conexiones tan fuertes que el materialismo filosófico tiene con la dialéctica hegeliana, el ateísmo materialista de Spinoza o con el marxismo-leninismo (mucho mayores de lo que muchos creen, como creo que demostrará Daniel López en su futura intervención en la Escuela de Filosofía de Oviedo), lo que pueda derivar políticamente hablando del materialismo filosófico de Bueno es incompatible y antitético con la fenomenología hermenéutica existencial de Heidegger. Así pues, la relación que entonces establecí, y que sigo estableciendo, es de oposición, de contradicción. Contradicción que no niega conexiones, pero que incluso afirma que las mismas refuerzan dicho choque.
Es posible que necesite más clases de lógica, como indica García López. Todos necesitamos clases de algo. Ahora bien, ¿qué tiene que ver lo que puede entrar en una función, esto es, el dominio, y lo que es posible que salga de una función, esto es, el codominio, con lo descrito en el párrafo anterior? O mejor dicho, si relacionamos cada elemento de los conjuntos “materialismo filosófico de Gustavo Bueno” y “fenomenología hermenéutica existencial de Martín Heidegger”, podríamos elaborar una función relacional entre elementos de cada conjunto. En dicha función, lo que entre será el dominio, lo que es posible que salga será el codominio y, muy importante, lo que efectivamente salga de la función será el rango o imagen. Es decir, si tomásemos cada sistema filosófico como un conjunto con elementos diversos, podrían establecerse funciones lógico-idiográficas, pero siguiendo cursos operatorios, que permitirían ver las conexiones y desconexiones entre cada conjunto, es decir, entre cada sistema filosófico. El rango entre un sistema filosófico A y otro B podrá ser diferente del rango, y/o del codominio, entre un sistema B y otro C. Además, los elementos que conforman cada conjunto A, B, C, … n, de cada sistema filosófico también conectarán con elementos de otros conjuntos disciplinarios, sean de ciencias naturales, formales o sociales. La forma en que se conectarán estos elementos con estas disciplinas puede ser mediante operaciones autoformantes o heteroformantes (ver artículos de Gustavo Bueno al respecto: http://fgbueno.es/bas/bas10702.htm y http://fgbueno.es/bas/bas10801.htm). Y estas operaciones conectivas, práxicas, entre elementos de conjuntos de diversas disciplinas, incluida la filosofía, es constante, material y, por tanto dialéctico. Y en el codominio y en el rango podemos encontrar elementos que pueden no estar, o efectivamente no están, dentro de las funciones relacionales lógico-idiográficas que resuman las conexiones entre diversos conjuntos. Y aunque las conexiones puedan ser muy fuertes más en unos casos o en otros, es en el codominio y en el rango donde las diferencias entre conjuntos pueden entenderse mejor, en tanto los elementos de esos codominios o rangos puedan ser más fuertes con otros conjuntos aún más opuestos al anterior (C respecto de A). De esta manera, los elementos del codominio y del rango fuera de la función relacional entre “materialismo filosófico de Gustavo Bueno” y “fenomenología hermenéutica existencial de Martín Heidegger” serán mayores que los que queden dentro de la función, y dichos elementos del codominio y del rango conectarán con elementos de conjuntos filosóficos, ideológicos, políticos o económico-teóricos diferentes y, en muchos casos, opuestos. De esta manera, los elementos del codominio o rango del materialismo filosófico, fuera de la función relacional con el sistema de Heidegger, estarían más alejados del nacionalsocialismo o del populismo bolivariano, o del nacionalismo chiíta iraní, que los del sistema de Heidegger. Y esta, y solo esta, sería la explicación lógico-formal de lo mantenido en aquel artículo de 2011, el cual sigo manteniendo. Si bien el lenguaje entonces empleado, repito, era más panfletario que académico, aunque ambas cosas no tienen que ir contrapuestas, como quizás piense García López, lo fundamental de aquel y de éste que leen se mantiene.
2. La “vuelta del revés de Marx” y Bueno.
En esto seré más breve. Sé perfectamente que no hay clase universal en sentido atributivo, pero sí en sentido mixto/isomérico. Sé perfectamente que Bueno ha invertido el materialismo histórico de Marx, pero lo ha hecho conservando lo fundamental de aquel en torno al peso de la economía política, de la técnica, la tecnología y las ciencias en la construcción de las sociedades humanas y políticas y, por tanto, de la Historia. Sé perfectamente que la relación base/superestructura ha sido perfeccionada con la idea de conceptos conjugados de Bueno, si bien fue Engels en 1890, en su Carta a José Bloch (en Königsberg, Londres 21-[22] de septiembre: http://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/e21-9-90.htm), quien reconoció ya esta conjugación. Entresaco este párrafo que cité en mi tesis doctoral en las páginas 413 y 414:
Según la concepción materialista de la Historia, el factor que en última instancia determina la Historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto. Si alguien lo tergiversa diciendo que el factor económico es el único determinante, convertirá aquella tesis en una frase vacua, abstracta, absurda. La situación económica es la base, pero los diversos factores de la superestructura que sobre ella se levanta las formas políticas de la lucha de clases y sus resultados, las Constituciones que, después de ganada una batalla, redacta la clase triunfante, etc., las formas jurídicas, e incluso los reflejos de todas estas luchas reales en el cerebro de los participantes, las teorías políticas, jurídicas, filosóficas, las ideas religiosas y el desarrollo ulterior de éstas hasta convertirlas en un sistema de dogmas- ejercen también su influencia sobre el curso de las luchas históricas y determinan, predominantemente en muchos casos, su forma. Es un juego mutuo de acciones y reacciones entre todos estos factores, en el que, a través de toda la muchedumbre infinita de casualidades (es decir, de cosas y acaecimientos cuya trabazón interna es tan remota o tan difícil de probar, que podemos considerarla como inexistente, no hacer caso de ella), acaba siempre imponiéndose como necesidad el movimiento económico. De otro modo, aplicar la teoría a una época histórica cualquiera sería más fácil que resolver una simple ecuación de primer grado. […] Somos nosotros mismos quienes hacemos nuestra Historia, pero la hacemos, en primer lugar con arreglo a premisas y condiciones muy concretas. Entre ellas, son las económicas las que deciden en última instancia. Pero también desempeñan su papel, aunque no sea decisivo, las condiciones políticas, y hasta la tradición, que merodea como un duende en las cabezas de los hombres. También el Estado prusiano ha nacido y se ha desarrollado por causas históricas, que son, en última instancia, causas económicas. Pero apenas podrá afirmarse, sin incurrir en pedantería, que de los muchos pequeños Estados del Norte de Alemania fuese precisamente Brandeburgo, por imperio de la necesidad económica, y no por la intervención de otros factores (y principalmente su complicación, mediante la posesión de Prusia, en los asuntos de Polonia, y a través de esto, en las relaciones políticas internacionales, que fueron también decisivas en la formación de la potencia dinástica austríaca), el destinado a convertirse en la gran potencia en que tomaron cuerpo las diferencias económicas, lingüísticas, y desde la Reforma también las religiosas, entre el Norte y el Sur. Es difícil que se consiga explicar económicamente, sin caer en el ridículo, la existencia de cada pequeño Estado alemán del pasado y del presente o los orígenes de las permutaciones de consonantes en el alto alemán, que convierten en una línea de ruptura que corre a lo largo de Alemania la muralla geográfica formada por las montañas que se extienden de los Sudetes al Tauno.
Sé perfectamente que el teleologismo del marxismo vulgar es incompatible con la idea de teleología y de finalidad en Bueno, y también que estas ideas de finalidad y teleología se encuentran también, quizás de manera tosca, en el propio marxismo e, incluso, en algunos autores del materialismo dialéctico. En definitiva, sé perfectamente lo que implica la “vuelta del revés de Marx” que realiza el materialismo filosófico de Gustavo Bueno. “Vuelta del revés” que defiendo y asumo, como podrá García López comprobar si lee sosegadamente (cosa a la que él me insta en su conferencia) los dos últimos capítulos de mi tesis doctoral, el VI y el VII, los cuales he reelaborado el pasado verano con vistas a su publicación. Pero, como afirmo en dicha reelaboración, la “vuelta del revés de Marx” que realiza Bueno la hace por lo dialéctico de ambos sistemas, y siempre teniendo en cuenta que es el propio Marx el primero en realizar esa “vuelta del revés” de sus propios planteamientos, cosa que puede comprobarse a poco que uno lea textos de Marx “desde Bueno”. Así pues, yo no defiendo una “vuelta atrás” al “marxismo”, o mejor dicho, a la idea de “marxismo” que García López tiene, la cual desconozco. Lo que afirmo, y tiene que ver con la analogía de la ballena varada que sacó de mi despedida al Maestro Bueno tras su deceso (que puede leerse aquí: http://www.armesilla.org/2016/08/gustavo-bueno.html), y siguiendo con los conjuntos, los elementos, el dominio y el codominio, es que la función relacional lógico-idiográfica entre el conjunto A (“materialismo filosófico de Gustavo Bueno”) y el C (“materialismo histórico de Marx”) deja menos elementos en el codominio, y no digamos en el rango, que la función relacional entre A y B (“fenomenología hermenéutica existencial de Martín Heidegger”). La incompatibilidad que García López ve entre Bueno y Marx no solo no es “total”, sino que no es tal. Y de ahí que afirme lo que él cita de mi en su conferencia sobre Marx y Bueno. Sé perfectamente lo que implica la “vuelta del revés de Marx” que propone Bueno porque he dedicado dos capítulos de mi tesis a ello, y una reelaboración de más de 200 páginas que espera ser publicada. Y excuso decir las implicaciones políticas que esto puede tener no solo respecto a la comparación con el conjunto heideggeriano, sino en el ámbito político-ideológico en el que yo me muevo, si se hacen las cosas bien. Pues que la filosofía sea un “saber de segundo grado” no quiere decir que sea un saber de rango inferior a los de “primer grado” (políticos, científicos), ni tampoco que la filosofía no pueda influir de manera determinante en esos “saberes de primer grado”, como estos lo hacen en ella.
3. Conclusión.
Quiero agradecer a Tomás García López el haberme hecho esta crítica, que me ha permitido volver a escribir tras un tiempo dedicado a otras cosas. Agradezco también su tono para conmigo, lo que denota, espero, un cambio de actitud en el entorno de la Fundación Gustavo Bueno. Y también he de agradecerle el hecho de que, gracias a su conferencia y su crítica, he retomado el blog de Izquierda Hispánica (el de wordpress, no el inicial de blogpost, pues el de wordpress fue el que pegó el pelotazo en Internet hará ocho años), blog que tendrá más publicaciones a partir de ahora, y ya explicaré en lo sucesivo por qué.