jueves, 28 de mayo de 2020

Entrevista para El Viejo Topo, por Jon Illescas (Nº 389, junio 2020)


Número 389, disponible en: 
https://issuu.com/elviejotopo/docs/elviejotopo389junio


Los trabajadores tienen patria, pero también un mundo por ganar
(Entrevista con Santiago Armesilla, sobre el marxismo y la cuestión nacional)

Jon E. Illescas

Santiago Armesilla (Madrid, 1982) es politólogo, economista y un joven erudito. La biografía de Santiago es fascinante desde que acabó el bachillerato (fue de la última promoción de COU), pasando por su breve paso en la FP, más tarde trabajando de reponedor, de editor de diversas publicaciones o doctorándose con el gran economista marxista Diego Guerrero frente a un tribunal presidido por el ex rector de la Universidad Complutense de Madrid: Carlos Berzosa. Eso sin hablar sus encuentros con Evo Morales antes de que le dieran el golpe de Estado o con el mismísimo Papa Francisco en el Vaticano (¿le darán al argentino un “golpe” también a él la derecha católica?).

El motivo de esta entrevista es que, quien les escribe, acabó recientemente su obra El marxismo y la cuestión nacional española (El Viejo Topo, 2017). Una vez finalizada, no la lectura, sino el análisis de la misma (lleno de subrayados y anotaciones), pese a las discrepancias que pueda tener con él dentro de la órbita marxista que compartimos, decidí que tenía que poner mi granito de arena para que una obra tan necesaria fuera leída por todos los marxistas. No solo de cualquier rincón de España, sino de nuestros hermanos países latinoamericanos. Algo que estoy seguro que a él le alegrará dado su paniberoamericanismo militante. El libro que nos ocupa es una decidida defensa a la construcción de un marxismo netamente español que ayude a la clase trabajadora nativa y residente de nuestras fronteras a alzarse como clase nacional y a conquistar el socialismo en España. Pero mejor comencemos la charla y que él nos lo explique en detalle.

Hola Santiago, en primer lugar permíteme felicitarte por una obra que considero necesaria para cualquier marxista serio. Has realizado una obra muy valiente que, además, permíteme resaltarlo, tiene una erudición y una claridad envidiables pese a que todo el tiempo tiene un componente teórico muy fuerte. Pese a las críticas que puedan hacerse y deban hacerse, porque solo así podremos avanzar dialécticamente, esta obra considero que marcará (debe marcarlo) un antes y un después en el marxismo español e iberoamericano.

Santi: Hola Jon, pues muchísimas gracias por tus palabras. He de decir que, habiendo transcurrido ya dos años y medio desde su publicación, el libro se sigue vendiendo, se sigue leyendo y se sigue tomando como referencia. Las impresiones y el impacto del mismo han sido más positivos que negativos, y los principales enemigos del mismo son, sobre todo, aquellos que, obstinadamente, se niegan a leerlo. El mérito del mismo reside, a mi juicio, en concentrar en una sola obra toda la doctrina marxista-leninista acerca de la cuestión del Estado y de la nación, y sobre España, pues como sabes Marx y Engels escribieron sobre nuestra patria. Y es verdad, me consta que en Hispanoamérica hay interés por la obra. Me siento en gratitud con El Viejo Topo por haberla publicado, y con los que la adquirieron por sus comentarios positivos sobre la misma.

En tu obra defiendes la existencia de lo que denominas la leyenda negra española, ¿qué es, de dónde surgió y quién la reproduce?

Santi: En el libro trato de demostrar la hipótesis de que la asociación que realiza la izquierda indefinida entre la idea de España y el franquismo se debe, entre otros motivos, por la inexistencia de la construcción de un marxismo netamente español, y por extensión, en español. Señalo doce causas que explican esa ausencia de dicha construcción. Dos de ellas son anteriores a la llegada del marxismo a España a finales del siglo XIX, y la primera de ellas es la Leyenda Negra. El término surge por aquella época también, y los primeros en utilizarlo fueron Emilia Pardo Bazán, Vicente Blasco Ibáñez y Julián Juderías. La Leyenda Negra, en términos marxistas, es un componente fundamental de la superestructura ideológica del Estado español, hegemónica en España, y en las naciones hispanoamericanas, desde la sucesión de los Austrias por parte de los Borbones. Esta dinastía, proveniente de Francia, se había formado desde Luis XIV en el odio a España en tanto que competidor por la hegemonía en Europa. Al acabar la Guerra de Sucesión, para poder medrar en la Corte, como intelectual, burócrata y artista, había que asumir el rechazo a la construcción imperial hispánica de los Austrias. Y desde entonces, sigue siendo hegemónica pues fue totalmente asumida por buena parte de la burguesía española afrancesa, pero también anglófila y germanófila. Tiene su origen en la Italia renacentista, un importante empuje con la reforma protestante en Alemania y Holanda y un punto de inflexión fundamental con Inglaterra, que la utiliza como arma política contra el Imperio Español. Caído este, las oligarquías portuarias de las ciudades que capitanearon las independencias (Buenos Aires, Lima, Guayaquil, Caracas), aliadas de Inglaterra junto a los terratenientes criollos, la asumieron para explicar su independencia y su dominio, así como su anti-industrialismo. En España, el krausismo y la socialdemocracia hegemónica heredaron dicha Leyenda Negra, que minimiza los logros de España y maximiza, o directamente miente, sobre nuestros errores. Prácticamente toda la izquierda española e hispanoamericana, salvo honrosas excepciones, es hoy negrolegendaria. Es imposible construir un proyecto emancipador en España sin destruir la superestructura ideológica negrolegendaria.

¿Qué es el krausismo y por qué nos debería importar? ¿Cómo influyó tanto a anarquistas como a socialistas?

Santi: Fue una escisión de la masonería, luego aceptada por ésta, realizada por el filósofo alemán Karl Krause. Fue importante porque, en su humanismo cosmopolita, que influyó mucho en los primeros grupos anarquistas españoles, así como en la Institución Libre de Enseñanza y en el PSOE, supuso la fuente filosófica sobre la que se empezó a construir el movimiento obrero español. Es decir, a diferencia de Rusia, en que tanto Hegel como Marx entraron a la vez a través de Plejanov, en España, Hegel entró por el lado ideológico conservador, sin ser nunca un filósofo importante que influyese más allá de lo académico, mientras que Krause, con su defensa de una Humanidad confederada en armonía, prácticamente instaura un progresismo antidialéctico en nuestras izquierdas que, a día de hoy, sigue siendo masivo. Marxismo y krausismo son incompatibles.

Lo caracterizas como “reaccionario” pero en tu propio libro citas que influyó poderosamente a José Martí que es considerado como un héroe nacional por un gobierno marxista, ¿crees que tuvo un componente progresista en el caso cubano?

Santi: También Hipólito Irigoyen, presidente argentino por la Unión Cívica Radical en el primero tercio del siglo XX, fue krausista. El krausismo es antidialéctico en tanto que no entiende el desarrollo histórico mediante conflictos que se convierten en contradicciones, provocando transformaciones sociales de impacto. Por el contrario, tiene una visión teleologicista, progresista, de la Historia que llevará, sí o sí, a una confederación universal de pueblos libres que, sin duda, es una perspectiva idealista y no materialista. Yo diría que Martí es reconstruido desde una perspectiva marxista en Cuba, pero cuidado, que también es reivindicado por la gusanera de Miami. Se trata de un líder revolucionario no socialista, sino anticolonial, y por eso la visión que se pueda tener sobre él puede ser reconstruida desde diversas ideologías del presente.

En tu trabajo calificas al “derecho de autodeterminación” de “metafísico” y una vez finiquitada la URSS de regresivo, ¿crees que todavía puede ser progresivo como lo consideraban Lenin o Stalin (lo que denominas “bolchevismo oriental”) en algunos lugares del mundo actual como Puerto Rico?

Santi: Puerto Rico es de las pocas colonias que quedan en el planeta. Y el derecho de autodeterminación, hoy, solo puede ser aplicado a las colonias, como entonces en la época de Lenin realmente. Mi libro aporta tres ideas “novedosas”: 1) Las doce causas por las que no se ha construido un marxismo netamente español; 2) Los siete periodos revolucionarios en los que se construye la nación política española, cinco netamente burgueses y dentro del periodo de construcción de las naciones europeas occidentales que señala Lenin en “Sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación” (1789-1871); y 3) El debate sobre la autodeterminación entre Lenin y Rosa Luxemburgo permite distinguir dos corrientes del bolchevismo: la oriental, aplicable a los Imperios multiétnicos y multirreligiosos de Europa oriental en los que no se construyó nación política burguesa en el periodo clásico que Lenin delimitó (Imperios ruso, austro-húngaro y otomano; los tres desaparecen tras la Primera Guerra Mundial); y bolchevismo occidental, de ella, aplicable a los Estados-nación de Europa occidental y América ya consolidados. Afirmo que, caída la URSS, ya no tiene sentido aplicar el bolchevismo oriental pues ya no hay Imperios multiétnicos ni multirreligiosos como aquellos. Y por eso es regresivo el derecho de autodeterminación ahora, que además es metafísico porque la autodeterminación es, en realidad, heterodeterminación. Sin otros Estados que te reconozcan como uno igual, sobre todo si son muy poderosos, no pueden considerarte como tal.

¿Por qué elegiste las 7 condiciones de Stalin para certificar que un territorio puede ser considerado una nación?

Santi: Stalin escribió “El marxismo y la cuestión nacional”, a petición de Lenin, para definir desde el marxismo qué es una nación. Ese texto es fundamental para entender la doctrina marxista-leninista sobre la nación, pero también para entender el contexto geográfico-histórico en que se escribió, aplicable al Imperio de los zares. En el libro analizo y describo sus siete características. Stalin es taxativo, si no se dan las siete no se puede hablar de nación, aunque se den seis. El caso es que las siete características son aplicables a España, pero no a ninguna de sus regiones en total. De ahí la importancia del análisis de Stalin de cara a la realidad nacional española.

¿Por qué consideras que España debe salir del euro y la UE?

Santi: El Che Guevara consideraba que una nación era libre si tenía soberanía política e independencia económica. El proceso de desindustrialización que España vivió, apuntalado por los Pactos de la Moncloa para adecuar la economía española a la ideología del libre comercio internacional, y desarrollado por Felipe González, que llegó a liberalizar más de sesenta empresas estatales, además de la descomposición del INI franquista, fue fundamental para nuestra inclusión en la Comunidad Económica Europea, la cual se transformó en Unión Europea una vez que cayó la URSS y se aplicó el Tratado de Maastricht. Con la llegada del euro, impuesto en España por Aznar y defendido prácticamente por todo el arco parlamentario español, que es una moneda construida teniendo como referencia el marco alemán, se completa nuestra sumisión a este IV Reich. España no es una nación libre, la modificación del artículo 135 de nuestra Constitución, realizado exprés para adecuar el pago de nuestra deuda externa a los mandamientos monetaristas del Banco Central Europeo, son prueba de ello. Junto a nuestra membresía en la OTAN, que ejemplifica nuestra subordinación militar a Estados Unidos, la dupla UE-euro ejemplifica nuestra subordinación económica. La ausencia de un marxismo netamente español, junto la asunción por parte de nuestra masiva izquierda indefinida de la Leyenda Negra, son parte de nuestra subordinación ideológico-cultural. Como diría mi amigo Marcelo Gullo, España es el mayor caso histórico de subordinación perfecta del presente. Sobre la privatización de empresas, por cierto, recomiendo el artículo de Alicia Melchor en La Razón Comunista, “Privatización y desindustrialización durante la transición”. He dado motivos suficientes como para plantearnos nuestra liberación nacional del yugo político, militar, económico y cultural de EEUU y la UE.

Por la salida que defiendes de la OTAN que tiene más consenso en la izquierda de este país no te he preguntado, pero sí me gustaría preguntarte qué hacer en caso de que saliéramos. Me refiero desde un punto estrictamente militar. ¿Cuál sería el plan B? ¿Aumentar el gasto nacional en nuestro ejército, buscar otra alianza de defensa o quedarnos como estamos pero simplemente fuera de la organización atlantista?

Santi: Nuestra sumisión a la OTAN conlleva que nuestro ejército sea muy reducido respecto de otros de naciones más poderosas, como Francia, de la cual además dependemos en materia de defensa nuclear. Evidentemente, nuestra liberación de la OTAN, pero también de la UE, requeriría el aumento del gasto militar, la reinstauración del servicio militar obligatorio y el rearme, el cual es imposible sin la reindustrialización del país. Además, nuestra soberanía militar implicaría poseer armamento nuclear propio y de otro tipo, todo gracias a la reindustrialización y el desarrollo científico. Lo que ha ocurrido con la pandemia de la COVID-19 nos da una orientación al respecto. Es decir, que nadie piense que nuestra libertad política va a ser posible sin sacrificios y sin plantar cara a poderes externos muy grandes. Claro que también habrá que pensar nuevas alianzas internacionales, como Rusia y China, y orientarnos hacia la Iberofonía.

¿Eres consciente de lo impopular que serían esas medidas entre la clase trabajadora realmente existente? Imagina si ahora voy a un obrero y le digo que la solución a sus problemas pasa por volver a la peseta, irnos de la UE y de la OTAN y a cambio tener de nuevo servicio militar obligatorio, gastar más en el ejército e incluso hacernos una potencia nuclear. ¿Cuántos asalariados de este país crees que comprarían ese “paquete”?

Santi: No estoy tan convencido como tú de que sean medidas impopulares si se las presenta asociadas a la recuperación de soberanía, la industrialización, el desarrollo científico, el dejar de depender solo del sector servicios y del ladrillo y de la recuperación demográfica de la llamada España vaciada. Un plan de Estado como el que te he presentado en la pregunta anterior requiere la racionalización completa del territorio nacional, provincia a provincia, municipio a municipio, de sectores económicos totalmente devastados por nuestra entrada en la UE-euro, sobre todo los agrícolas, ganaderos y pesqueros, y por supuesto la industria. Seguro que a los trabajadores de ENCE en Pontevedra les gustaría tener un gobierno popular y socialista que asegure sus puestos de trabajo sin que la multinacional para la que trabajan les diga que se van porque no son productivos. ¿Cómo van a ser productivos si, dentro de la división internacional del trabajo, España se ha configurado como un país de servicios y turístico? Y seguro que a los obreros de Miranda de Ebro, en Burgos, les gustaría vivir en un Estado que garantice la recuperación de su perdida industria frente a los privilegios que, por el cupo, tienen sus vecinos en el País Vasco, aunque la economía vasca ya no es la que era tampoco en materia industrial respecto a hace décadas, al igual que la catalana. La recuperación industrial del país requiere una recuperación demográfica, explotar científicamente las capacidades económicas y de materias primas de todas nuestras provincias, sin desmantelar lo bueno del turismo tampoco. Y evidentemente, eso no puede hacerse dentro de la UE-euro. Ello requiere aumentar la población de España para llegar, a mediados de siglo, al menos a los 60 millones de habitantes para poder llegar a un óptimo nivel productivo a escala industrial. Y, evidentemente, el desarrollo industrial, científico y demográfico debe permitirnos poder defendernos ante posibles agresiones externas. Ninguna sociedad política socialista puede mantenerse, fuera de la UE-euro y fuera de la OTAN, sin un ejército fuerte, el cual además está compuesto también por trabajadores, y más aún si España fuese socialista. Aparte, la vuelta a la peseta sería coyuntural, y nos permitiría controlar nuestra propia inflación sin tener que ajustarnos a deudas externas con Bruselas. Orientarnos hacia la Iberofonía nos permitiría construir otra nueva moneda internacional con nuestros hermanos que hablan español y portugués. Estoy convencido de que los trabajadores españoles e inmigrantes que viven en nuestra nación, en su gran mayoría, entenderán que su emancipación como clase requiere nuestra emancipación nacional, y que esta no es posible sin generar músculo interno poblacional, industrial, científico y militar. Verlo como impopular me parece que es un resquicio de visiones izquierdistas propias del anarquismo o del progresismo del último cuarto del siglo XX, que todavía llegan a nuestros días.

Defendiendo lo que denominas como “bolchevismo occidental” de Rosa Luxemburg, criticas la continuidad en el federalismo y el “bolchevismo oriental” del PCE y de Unidas Podemos en la actualidad, ¿podrías precisar a los lectores por qué?

Santi: Negro sobre blanco, tanto Marx, como Engels, como Lenin, Stalin y Rosa afirman que el Estado obrero, la dictadura revolucionaria del proletariado, es un Estado de corte republicano, centralista y jacobino, sin negar la autonomía regional y municipal. El federalismo en la izquierda indefinida española es una herencia del krausismo. Un Estado federal surge de la unión política de Estados o colonias previamente independientes, que ceden su soberanía a la federación. No tiene sentido federar algo ya unido, como es España. Lenin mismamente calificó el federalismo como una degeneración anarquista. El componente anarquista en nuestra izquierda actual es muy acentuado. No en vano, fueron la izquierda definida hegemónica en España entre 1868 y 1937. El peso del anarquismo en España, así como la influencia del etnicista austro-marxismo de Otto Bauer, que defendía un modelo etnicista confederal de Estado, explican también la ausencia de un marxismo netamente español.

¿Qué critica crees que le haría Rosa al PCE actual y al gobierno de PSOE con UP?

Santi: Son tantas que darían para otra entrevista. Pero en lo que concierne a la temática del libro, criticaría su defensa de un Estado plurinacional, del derecho de autodeterminación y, en otros sentidos, su pusilanimidad política dando oxígeno al PSOE, el partido político más enemigo de la clase obrera española desde 1978.

¿Añadirías tú algo desde tu propia perspectiva marxista-leninista?

Santi: Creo que he dado pistas en las respuestas anteriores de las críticas que habría que darles a los sujetos que nos gobiernan ahora mismo.

Y hablando de marxismo-leninismo, muchos en la izquierda (incluso marxista) consideran que “marxismo-leninismo” es igual a “estalinismo”, ¿lo crees así? ¿Qué diferencias consideras hay entre el pensamiento de Marx y Engels y tu denominación como “marxista-leninista”?

Santi: Estalinismo es el término designado para definir el periodo de gobierno de Stalin en la URSS, de 1924 a 1953. Estalinista sería el adjetivo para definir también dicho periodo o a los partidarios de la gestión de Stalin. Pero marxismo-leninismo, no se olvide, es un término ideado por Stalin para definir el marxismo propio de la época del imperialismo depredador capitalista tanto de la Primera Guerra Mundial como de entreguerras y de la Segunda Guerra Mundial. La racionalidad práctica del marxismo-leninismo se demuestra porque el comunismo basado en esta doctrina política es el único que, realmente, ha puesto en jaque a las potencias capitalistas, a pesar del fracaso de la URSS, y teniendo en cuenta a lo que hace la China actual. Para mí no hay diferencias, sino ampliación práctica y teórica del método materialista de Marx a distintas realidades geohistóricas. Otra cuestión es tratar de adaptar esa metodología al aquí y ahora, y a España en particular. Obviamente, eso conllevaría una aplicación distinta a la que se ha realizado en otras naciones, pero no tan distinta como para no asegurar un nuevo poder político en España. La combinación entre una teoría revolucionaria y una praxis política exitosas, y una idiosincrasia cultural particular como la española, es a mi juicio la gran tarea por desarrollar.

No me resisto a preguntarte, desde tus coordenadas analíticas e ideológicas, como ex miembro del PCE que eres, ¿en qué lugar del espectro ideológico colocarías a Alberto Garzón, el comunista más famoso del gobierno?

Santi: No es, y nunca ha sido comunista. Es un izquierdista indefinido. Sin más. La gran desgracia del PCE es tener una militancia obediente ante una dirigencia mayormente mediocre, que prefiere hacer pasar por marxismo sus papeles congresuales antes que la misma doctrina. Ello se ejemplifica en que Garzón ha negado que el marxismo sea un método. Quien dice eso no es marxista.

¿Qué te pareció cuando al entrar al gobierno borró de su cuenta de Twitter un tuit de 2012 donde apoyaba al modelo cubano de sostenibilidad en el consumo y desarrollo humano?

Santi: Uno puede borrar un tuit por varios motivos. Porque ya no esté de acuerdo con ese tuit, o bien por ocultar sus ideas en tanto que se rodea de personas que, por diversos motivos, no verían ese tuit. O bien porque se arrepienta de haberlo escrito. No le voy a juzgar por eso, y además nunca va a dar explicaciones. Pero si apoyas el modelo de desarrollo cubano tendrás que argumentarlo racionalmente, y estar dispuesto a recibir todo tipo de críticas y tratar de contestarlas. De todas maneras, poco se puede esperar de una persona que ha liquidado lo poco de combativo que le quedaba al PCE, solo por fusionarse con sus amigos postmodernos de Podemos.

¿Qué consideras que podemos hacer los comunistas que dentro (como es mi caso) o fuera de IU/PCE somos críticos con la mayor parte de su dirigencia por su tímido reformismo, su electoralismo, su ideología salpicada de posmodernismo, su bajo nivel formativo y su modelo federal? ¿Intentamos una revolución interna (¿sería posible?), nos juntamos y hacemos otro partido o nos apuntamos a alguno de los minúsculos partidos (cuando no sectas) comunistas existentes?

Santi: Yo creo que eso que se llama MCE (Movimiento Comunista Español) es algo difuso, confuso, oscuro. El PCE es el partido “comunista” más fuerte de España, es el más veterano y el que dispone de mejor organización. Sin embargo, existen fuerzas minúsculas que, al menos a nivel de ideas y en algunos casos de organización también, dan bastantes lecciones a la dirigencia y la militancia del PCE. Sin embargo, por inercias históricas que analizo en mi libro de la cuestión nacional, todos comparten errores, y siempre son los mismos: defensa del derecho de autodeterminación para las regiones de España y un modelo federal-confederal de Estado. Yerran todos en pensar que España fue, o es, la Rusia zarista, y ahí el peso de las ideas de la Komintern sobre el PCE ha jugado un papel fundamental a nivel histórico, por lo nefasto que fue. En la praxis de la guerra, José Díaz se dio cuenta de que las interpretaciones de Manuilski, Stepanov y Dimitrov sobre España, sobre que había que apoyar la autodeterminación de Cataluña, País Vasco y Galicia para ganarse al resto de obreros españoles, no funcionaría. De ahí que dijera que “España no es Checoslovaquia ni Cataluña los Sudetes”. Incluso algunos, como el lamentable PCPE, ampliaron la autodeterminación al resto de regiones. Criticar el postmodernismo está muy bien, la puerta la abrió Daniel Bernabé con “La trampa de la diversidad”. Pero ni siquiera él se ha atrevido a criticar la más grave trampa de la diversidad española, la de nuestra supuesta, y falsa, plurinacionalidad. La Komintern se equivocó totalmente con España, pues apoyar la fragmentación del país es algo que jamás, en el siglo XX ni ahora, es apoyado masivamente por los trabajadores españoles, y por eso votan partidos que no son marxistas pero mantienen la unidad de la caja única de la Seguridad Social, como el PSOE o el PP. Al menos hasta ahora, que Sánchez estaba dispuesta a romperla para conseguir el apoyo del PNV. Los “comunistas” españoles, históricamente, han aplicado a España un calco y copia del análisis bolchevique ruso a una realidad nacional que no es la de Rusia, y ese es uno de los motivos de la situación de ostracismo, marginalidad y nulo impacto social del MCE. El método marxista es dialéctico, y hay que tener en cuenta lo que dicen los clásicos, pero aplicados a tu realidad histórica nacional en un sentido verdaderamente materialista. Lo que el MCE ha hecho históricamente, salvo honrosas excepciones, es puro mecanicismo. Así pues, sin negar la necesidad de construir una vanguardia política comunista revolucionaria, que ya veremos si se hace dentro o fuera del PCE, paralelamente tenemos que construir la teoría política revolucionaria marxista que encaje con nuestra idiosincrasia cultural, con nuestra realidad histórica y nuestras tradiciones sociales, antropolígicas, filosóficas. Sin eso, es imposible ganarnos a la sociedad. Para emprender una navegación con éxito, primero hay que desarrollar una correcta cartografía. Y ya la iremos modificando mientras realizamos el trayecto. Pero si la base es buena, el desarrollo será bueno también.

Volviendo con la salida de la UE, ¿crees que la salida debería producirse sin plan B o ya existe uno? ¿no crees que sería bueno permanecer con un programa “desobediente” dentro hasta que nos echaran o implosionara para ganarnos a una población mayoritariamente proeuropea que, además, ahora con la crisis del COVID19 está comprobando la necesidad de unir fuerzas globalmente para enfrentar a este tipo de crisis internacionales que no respetan ninguna frontera nacional y requieren de un trabajo internacionalista?

Santi: Puede que este “euroescepticismo” sea coyuntural por la pandemia. Los nuevos Pactos de la Moncloa que Sánchez quiere realizar, van a ir en dirección a apuntalar nuestra sumisión a la UE. El PSOE es un partido que desde su gestación en el Congreso de Suresnes de 1974 (el PSOE anterior a dicho Congreso es arqueología), fue europeísta. Financiado por la CIA y la Fundación Friedrich Ebert, el PSOE ha tratado siempre de orientar a España a la sumisión absoluta y total al eje franco-alemán, el cual es cada vez menos franco y más alemán. El proyecto del PSOE, hoy, es una “España federal en una Europa federal”. Es decir, la disolución de España en la UE, en una “Europa de las regiones” bajo mando alemán, que mandará en el continente en una suerte de nuevo Sacro Imperio Romano Germánico en el que cada “jefe de Estado” dirima sus problemas en el Parlamento Europeo bajo el liderazgo de Berlín. Se trata de un proyecto a largo plazo, pero que empezó ya el siglo pasado, que busca emanciparse de EEUU y actuar contra China, y convertirse en la última esperanza del modo de producción capitalista. Un Imperio europeo, cuyas naciones ya no sean nada, más que mera formalidad, o ni eso. Y ni siquiera ello conllevará construir una suerte de “nación europea”. Esos nunca fueron los planes de la gran burguesía alemana. Nuestra balcanización es casi inevitable. El único Plan B sería aliarnos con toda fuerza antieuropeísta real que se precie, pero me parece que ya no existe prácticamente ninguna. Marine Le Pen aceptó el euro y la UE, y los del grupo de Visegrado defienden la Europa de los Estados-nación desde la Declaración de Reikyavik, firmada por cierto por Vox, partido muy patriotero que defiende la descentralización administrativa de España, amén de un proyecto económico minarquista. Solo nos queda, a mi juicio, construir una teoría política revolucionaria al tiempo que ganamos aliados internos y externos en España, porque de la UE no se puede salir más que de golpe, y no a plazos como el Reino Unido, que mira qué problemas ha tenido para salir. Para mí, nuestra balcanización solo puede ser contrarrestada por una suerte de Risorgimento patrio, unido a un paniberismo socialista militante que entienda que, antes que diluirnos en Europa, es preferible fusionarnos con nuestro espacio geocultural propio, el mundo iberoparlante hispanoluso en América, África, Asia, Oceanía y la Península Ibérica. 800 millones de personas que serán 1000 millones a finales de este siglo, y que podemos unificar mediante la solidificación política de instituciones que ya existen, como la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa y la Organización de Estados Iberoamericanos, que comparten Estados miembros. Este tipo de confederación intercontinental sería la mejor alternativa para España. Y para llegar a ella, de momento, no queda otra que plantearla públicamente como salida para nuestra liberación nacional.

Entiendo, ¿pero no crees que quedarnos dentro con una “dialéctica desobediente” con sus instituciones y obligaciones no nos serviría para ganar tiempo mientras construimos ese plan B que apuntas a la par que estrechamos los lazos con la clase trabajadora de los otros países europeos? Ganar tiempo para labrar ese plan B que no se construirá de la noche a la mañana mientras potenciamos nuestro internacionalismo también en nuestro continente. ¿No sería una buena táctica? ¿Lo contrario no sería como saltar desde un avión en pleno vuelto a otro lejano y encima sin paracaídas?

Santi: No creo, como te digo ya existen instituciones panibéricas que solo necesitan reconstrucción y reimpulso, No solo la OEI y la CPLP (países como Guinea Ecuatorial, que no habla portugués, es miembro de la CPLP, y Argentina y Uruguay son Estados observadores, España también podría serlo). La Iberofonía tiene una ventaja cultural tremenda respecto de otras plataformas geopolíticas: el portugués y el español son las únicas lenguas universales que, hasta en un 89%, tienen correspondencia lingüística, ergo son mutuamente comprensibles. Habría que plantear estas cuestiones, por ejemplo, en las Cumbres Iberoamericanas, que necesitarían ser relanzadas, pues ahora son bianuales y son pura diplomacia. Evidentemente, habría que congraciarse con sectores antieuropeístas dentro de la propia UE, y no ser sectarios en este sentido. Es decir, de lo que se trata es de conseguir minar la UE mientras organizamos la Iberofonía, y si para ello tenemos que aliarnos con el KKE griego, con los fusaristas y la Liga Norte en Italia pues se hace. Deberíamos aprovechar, sobre todo, la disidencia antieuropeísta en el Sur de Europa para arrastrarla, de alguna manera, a nuestro proyecto geopolítico. Es decir, la primera parte de la construcción de este plan B es plantearla públicamente, y que la gente vaya hablando de ella. Además, a China le interesa construir la franja y la ruta hacia nuestra Península Ibérica, tanto por tierra como por mar. A China le interesa una Europa estable que le permita construir dicha franja y dicha ruta. Pero tampoco excesivamente poderosa como para organizar sus propios planes imperialistas. Nosotros, en el Mediterráneo, y quizás con fuerzas políticas fuertes en una Francia soberana, podamos ofrecerle a China la posibilidad de construir ese gran anillo comercial y tecnológico que quieren construir alrededor del Mundo. Y ello beneficiaría a la Iberofonía como alternativa geopolítica, pues los chinos tienen a Brasil en los BRICS, y tienen muchas empresas en Cabo Verde, que es un punto geoestratégico fundamental para conectar Suramérica con África y Portugal, y por lo tanto también España. No descartaría que, tras el Reino Unido, Italia pueda ser la siguiente en salir de la UE-euro. Están allí a punto de una revuelta social, y la crisis de la COVID-19 apunta a ello. Sea así o no, debemos apoyarnos en los antieuropeístas italianos para nosotros construir nuestra propia propuesta de emancipación nacional, con vistas a un proyecto universal de calado, la Iberofonía, que solo necesita unificar y solidificar ciertas instituciones ya existentes en un sentido distinto, universalista y socialista. Ganamos tiempo, por tanto, fastidiando los planes anglogermánicos en la Europa continental aliándonos con aquellos que tienen nuestro mismo fin respecto a la UE-euro, mientras construimos nuestra alternativa iberófona.

Y en la dialéctica entre Estados, ¿no crees que ese repliegue nacional por el que abogas, de multiplicarse en varios países con la hegemonía burguesa de los mismos, pudiera fomentar una dialéctica violenta que produjera guerras imperialistas por los mercados y las materias primas entre potencias europeas que ahora queda de algún modo neutralizada por la división europea del trabajo? ¿Qué haría que no repitiéramos los escenarios bélicos del siglo pasado?

Santi: Desde 1945 hasta hoy día, Europa occidental ha vivido en paz, entre otras cosas, porque la UE fue creada bajo el amparo del Plan Marshall estadounidense, y el Estado de bienestar que ha vivido esta región del mundo durante tanto tiempo se ha basado en el interés geopolítico de EEUU para evitar la extensión hacia el Atlántico del comunismo soviético. Así pues, la CEE (Comunidad Económica Europea) y la OTAN han sido dos herramientas fundamentales de la hegemonía imperial estadounidense. Caida la URSS, la CEE muta en UE, se solidifica a nivel político y económico, pero Europa vuelve a vivir guerras, aunque no es su parte occidental, sino en su parte oriental, con Yugoslavia en los noventa y, veinte años después, en Ucrania. Europa siempre ha sido una biocenosis, en el que cada Estado, cada especie, ha tratado de dominar a los otros en varias ocasiones. España, Francia, Alemania o Rusia siempre han tratado de dominar el continente, mientras otras se han aliado a estas grandes potencias para mantener su soberanía (Portugal, Holanda, Bélgica). El Reino Unido, por otra parte, siempre ha tratado de evitar que cualquier potencia dominara en la Europa continental. Italia bastante ha tenido con sobrevivir. Durante la Guerra Fría, en Europa trataron de imponerse dos pax imperiales, la Pax Americana y la Pax Soviética. La segunda fue derrotada en 1991, y la primera sigue vigente hoy día. Alemania es un gigante económico, y aunque cada vez tiene mayor ejército es el país con las bases militares estadounidenses más grandes del continente. Sin embargo, su hegemonía imperial se reanuda en una UE que es un IV Reich. Y la UE ha sido parte fundamental de la estrategia imperial estadounidense. El último episodio ha sido el reconocimiento de Juan Guaidó en Venezuela contra Maduro. Pero no puede entenderse la acción exterior de los Estados de la UE sin estudiar conflictos bélicos como el de Siria, Libia, etc. Así pues, la UE lo que trata de impedir es un conflicto bélico en Europa occidental, pero no en el resto del Mundo. La UE actual, lo que trata de establecer, es la Pax Germánica, a costa de la soberanía nacional de las partes formales de la UE, los Estados-nación. No es que defienda un repliegue al Estado-nación, es que el Estado-nación jamás se ha ido, y ese repliegue se está dando ya ante la terrible pandemia de la COVID-19, en la que unos Estados se apropian de mascarillas y EPIs que van destinados a otros. Estados aliados además. A mi juicio, y tras este repaso geopolítico e histórico breve sobre lo que supuso y supone la UE, que puedan ocurrir guerras como las del pasado, si te refieres a las guerras mundiales, no es algo que podamos asegurar, pero tampoco negar. Se aviene una crisis económica de efectos parecidos a la Gran Depresión de 1929, pero será de efecto más lento y prolongado que aquella. Lo que no podemos descartar, como efectos de esa crisis, es una nueva guerra internacional. Para bien y para mal, y desde un análisis frio de la Historia en sentido materialista, las dos grandes revoluciones comunistas del siglo XX vinieron por efecto de dos guerras mundiales. La Rusa por la Primera, y la China por la Segunda. El resto de revoluciones del siglo XX fueron efecto de la postguerra mundial, la Guerra Fría y la subsiguiente descolonización. El mundo que vamos a heredar tras la pandemia de la COVID-19 y la Segunda Gran Depresión que viene, en un contexto de Segunda Guerra Fría entre EEUU y China, no va a ser como aquel en el que hemos vivido hasta ahora. Pero tanto antes como ahora se produce, a nivel de dialéctica de clases, Estados e Imperios, lo que afirmó rotundamente Engels: “La violencia –la guerra- es la partera de la Historia”. Nadie en su sano juicio quiere las guerras, pero muchas veces no queda otra que tomar partido por un bando en ellas, o conformar tu propio bando si es posible. O eso, o te destruyen.

¿Apoyas la vuelta a la peseta? ¿No crees que podría significar una reducción drástica de las condiciones de vida de la clase trabajadora española al encarecerse de inmediato todas las importaciones en un país profundamente desindustrializado por las propias directrices de la UE (sin duda) y su reconfiguración de la división internacional del trabajo?

Santi: Sí, eso ocurriría. Pero esa situación sería momentánea si aseguramos planes de reindustrialización nacional exitosa, mediante planes y programas proteccionistas controlados por la clase obrera de abajo arriba, y de arriba abajo en las capas y ramas del poder político de nuestro Estado, mediante una conducción de vanguardia partidaria. Además, dicha situación sería pasajera si conseguimos establecer una moneda común, aún de intercambio, con el resto de naciones iberófonas. Una suerte de nuevo Real de a Ocho, que fue la moneda más poderosa del mundo entre el siglo XVI y el XVIII. La Iberofonía debe tener su propia moneda, y la ruptura con el euro-UE sería un paso para esa nueva construcción económica y política. Evidentemente todo eso ha de protegerse con un gran poder militar, y seguramente tengamos que aguantar bloqueos económicos fuertes y sanciones. Por eso es tan importante apoyar, en esta Segunda Guerra Fría, a China en su lucha contra los EEUU. Porque China abre una ventana de oportunidad histórica sin precedentes para comenzar a unificar la Iberofonía, y EEUU sería un obstáculo a dicha unificación.

Volviendo a nuestro país, ¿crees que la crisis del Covid-19 ha servido para que muchos trabajadores se den cuenta del desastre organizativo que es la España de las Comunidades Autónomas (falta de organización para ofrecer estadísticas unificadas, desacuerdos respecto a la vuelta a las clases y los mínimos de promoción, problemas con la medicación de pacientes crónicos de otras comunidades autónomas, etc.)

Santi: Sin duda, pero todavía mucha gente defiende el sistema político de las Comunidades Autónomas. Queda mucho por hacer para que la mayoría vea lo pernicioso que es para España.

En tu libro me interesó mucho el papel que apuntas tuvo la CIA y el Congreso para la Libertad de la Cultura para infiltrarse en el Partido Comunista de España y cambiar su orientación ideológica. Algo que afectó a la propia Pasionaria. ¿Nos podrías hablar de ello?

Santi: El Congreso por la Libertad de la Cultura, como dices, fue una suerte de grupo de presión internacional, fundado en Francia, y que fue una tapadera de la CIA. Fue una de las primeras muestras de cómo los servicios de inteligencia de potencias capitalistas utilizaban a izquierdistas varios (trotskistas,anarquistas, en el caso de España incluso falangistas antifranquistas, socialdemócratas), para atacar a la Unión Soviética y a los partidos que en el mundo seguían sus preceptos ideológicos. Cuando ocurre la Revolución Cubana en 1959, el Congreso se tuvo que reactivar porque vieron las orejas al lobo. En España, organizaron el gran coloquio Cataluña-Castilla, diseñado por Pedro Laín Entralgo y Pablo Martín Zaro, y en el que participaron personalidades como el falangista antifranquista Dionisio Ridruejo, en los que ya se plantearon la organización administrativa de España en un sentido plurinacional y federal. Cuando la Pasionaria presentó su informe al Comité Central del PCE “España, Estado multinacional” en 1970, el PCE asume completamente lo dicho en ese coloquio, y desde entonces sigue defendiendo ese modelo, que también han asimilado el PSOE y Podemos. Ya Henry Kissinger dijo que una España fuerte es peligrosa para los intereses estadounidenses. Por eso la CIA, a través de la ETA, se cargó a Carrero Blanco, que era anti-OTAN y quería armar nuclearmente a España. Y por eso, abortaron la posibilidad de tener un PCE fuerte, con un proyecto republicano socialista sólido, jacobino. El gran coloquio Cataluña-Castilla es el puente, a mi juicio, entre la política de reconciliación nacional y los Pactos de la Moncloa de 1977 que, con un PCE ya legalizado, lo convierten en un simple apéndice del PSOE y de su proyecto socialdemócrata. El caso es que el PCE no ha salido todavía de ahí, y el resto de partidos del MCE siguen asumiendo las ideas anticomunistas del Congreso por la Libertad de la Cultura. Y estamos hablando de un coloquio que tuvo su primera edición en diciembre de 1964. En Argentina existió algo parecido, la Asociación Argentina por la Libertad de la Cultura, en la que participaban personalidades como Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, entre otros.

¿Crees que todavía hoy hay infiltrados de la CIA en la dirigencia del PCE o ya no es necesario dada la hegemonía marxiana-posmoderna entre sus filas y su creciente insignificancia político-social?

Santi: No me atrevo a afirmar algo así. Ahora bien, estoy totalmente convencido de que el impulso internacional del postmodernismo filosófico, del feminismo y del ecologismo contemporáneos parte del poder de inteligencia estadounidense, aunque no solo. Y no se debe descartar también la propia estupidez de sus voluntarios defensores. Las Universidades del mundo capitalista son centros de producción de ideologías que mantienen el statu quo capitalista, y no hay nada mejor para mantenerlo que dividir la posible organización revolucionaria enfrentando a mujeres con hombres, heterosexuales con homosexuales, negros con blancos, “pueblos originarios” con “criollos”, o catalanes contra castellanos. Divide y vencerás.

Por último, imagina un lector que nos estuviera leyendo y estuviera de acuerdo con la necesidad de recentralizar el Estado de un modo jacobino pero que tuviera de lengua vernácula el catalán o el euskera y temiera que con esta centralización su lengua quedara desprotegida y desapareciese. ¿Qué le diría Santiago Armesilla? ¿Puede existir centralización con respeto y apoyo a la diversidad cultural?

Santi: China es un país cuya administración es centralizada y hablan muchísimas más lenguas que en España. Francia es la nación jacobina por excelencia, y allí hablan el doble de lenguas regionales que en España. Es decir, eso que se llama diversidad cultural ha existido desde que existen sociedades humanas y siempre existirá. Una República unitaria, centralista, jacobina y obrera socialista española no puede acabar con elementos que son muy anteriores a su construcción. Es más, los protegería muchísimo mejor que un Estado descentralizado, porque este los utiliza como elementos identitarios de enfrentamiento entre obreros españoles. Nosotros, por el contrario, los entendemos como elementos consustanciales de la riqueza cultural de la nación española. La catalanofobia es una forma particular de hispanofobia. No entender esto es vivir fuera de la realidad. Todo Estado es diverso en su constitución, y no puede ser de otra manera. Ahora bien, lo que no se puede tolerar es utilizar esa diversidad para dividir y enfrentar a la gente, y menos desde preceptos que, por muy democráticos y “de izquierdas” que se digan, no son más que puro racismo. Cuando un catalanista ataca a un andaluz, a un castellano o a un extremeño, se está atacando a sí mismo, pues Cataluña no puede entenderse sin el concurso histórico del resto de españoles. Cataluña es tan mía como Madrid es de los catalanes. Por eso, insistir políticamente en una diversidad que es, simplemente, un hecho, resulta innecesario. Por ello, quien tenga esos miedos conmigo debe estar tranquilo. Siendo español, si yo atacara las lenguas catalana, vasca o gallega sería como si me estuviera disparando en el pie para quedarme cojo. Jamás haré eso.

Muchas gracias por la entrevista Santiago, como siempre, ha sido un placer charlar contigo.

Santi: Gracias Jon, y felicidades también por tus obras críticas de la alienante industria musical actual. Un abrazo.